En Sueño Profético vi una piedra muy alta y grande. Era tan alta que no se veía el final. Y una voz dijo:
Esto es el infinito. Esta piedra, por mucho que se escarbara, no se vería su empiezo, y por buena visión que hubiera y con ayuda de algún instrumento, no se podría ver el final. Esta Fuerza simboliza a Dios, Poder y Firmeza; simboliza Eternidad; simboliza una frontera de separación del Cielo y separación de Tierra; simboliza a Dios que manda y sus Palabras son roca; simboliza dejar todo a la altura de la Tierra; simboliza este símbolo, que es visto en Cielo y no en Tierra, lo que es habla de espíritu sin necesitar materia, lo que es un Poder hecho, que empieza en este Cielo y no termina en la Tierra. Esta piedra es montaña de tan grande fortaleza, que la humanidad escondida, toda la que hay en Tierra, quedaría como hormiguero chico, invisible y sin fuerza. Esto es Dios sin ver Hombre, pero ves a Dios de Piedra.
Desperté, oí:
A Dios Lo puedes mirar
en Grandeza y en Poder.
Esta piedra que ves piedra,
no es piedra hecha por nadie.
Es Poder de Dios y Fuerza,
comparando con el hombre.
¿Qué es un mundo de Tierra
con todos sus habitantes,
comparado con esta piedra?
Dios te dice: “Yo soy Dios”,
sin Voz ni Cuerpo de Carne.
Dios te dice: “Yo soy Dios
en Poder, en Amor y en perdonarte”.
El que a esto diga no,
no ve montaña delante.
Y si no ve la montaña,
Dios, piedra ya no le hace.
Porque son ciegos con vista,
sin querer a Dios mirarle.
***
Libro 11 - Te Habla El Profeta - Tomo II - Pág. 217-218-219
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martes, 12 de febrero de 2013
viernes, 10 de agosto de 2012
Los corderos: símbolo de la Palabra de Dios
En Sueño Profético decían:
“Nunca sabrán los corderos el camino que el pastor va a coger cuando amanezca el día”.
Este símbolo fue puesto varias veces por Dios Hombre.
Dijo uno:
El Maestro nos hablaba muchas veces delante de los borregos; éstos disfrutaban de la Presencia del Maestro mientras nos explicaba.
Un día dijo:
–Contad los corderos, y cuando me digáis el número de cabezas, Yo os hablaré lo que ya tengo preparado para que sigáis mi Enseñanza.
Fueron todos a contarlos, y no era posible por tener que continuar caminando, y la cantidad era grande.
Ya viendo el Maestro el deseo que todos tenían de servirlo, y no podían alcanzarlo, rápido dijo el Maestro a uno:
–Ve a aquel ribazo y pregúntale al pastor, que de momento te dirá las que tiene. Y si alguna le faltara, ya lo sabrá cuando de noche las guarde, por formar parte la vida del pastor de sus corderos.
Ya llegó uno y le dijo:
–Maestro, 150 borregos aquí tiene –y señaló con el brazo el manchón.
Ya coge Dios Hombre la Palabra:
–Estos corderos tienen confianza en su pastor, y a sabiendas siguen los pasos del pastor; a sabiendas de que el pastor los llevará donde mejor pasten y el camino sea menos duro, por formar el pastor parte del rebaño.
–Si estos corderos no confían en el dueño, no siguen al pastor, y si no lo siguen, ¿puede él cuidar tantos corderos, cuando cada uno cogiera camino diferente? Todo es unido por el amor y la obediencia; con amor del pastor, y con obediencia de los corderos.
–Un solo pastor puede con cientos de ovejas. Si estas ovejas un día tuvieran que hacer caminos diferentes a los que ayer no hicieron, también seguirían al pastor, por ser el pastor el que las guía, tan sólo para que pasten. Si ellas siguen al pastor, hay rebaño. Pero si el pastor sigue al rebaño, se acaba que pasten los corderos, por quedarse sin pastor.
Desperté, oí:
Los corderos: símbolo de la Palabra de Dios.
Cuando el Maestro cogía la Palabra delante de los corderos, había veces que quedaban todas con sus manos delanteras dando calor a su pecho.
Todas quedaban mirando,
sin prisa y sin balada.
Todas quedaban juntitas,
cabezas metidas en lana.
Cuando ya se iba el Maestro,
los despedía la balada.
***
Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 167-168-169
“Nunca sabrán los corderos el camino que el pastor va a coger cuando amanezca el día”.
Este símbolo fue puesto varias veces por Dios Hombre.
Dijo uno:
El Maestro nos hablaba muchas veces delante de los borregos; éstos disfrutaban de la Presencia del Maestro mientras nos explicaba.
Un día dijo:
–Contad los corderos, y cuando me digáis el número de cabezas, Yo os hablaré lo que ya tengo preparado para que sigáis mi Enseñanza.
Fueron todos a contarlos, y no era posible por tener que continuar caminando, y la cantidad era grande.
Ya viendo el Maestro el deseo que todos tenían de servirlo, y no podían alcanzarlo, rápido dijo el Maestro a uno:
–Ve a aquel ribazo y pregúntale al pastor, que de momento te dirá las que tiene. Y si alguna le faltara, ya lo sabrá cuando de noche las guarde, por formar parte la vida del pastor de sus corderos.
Ya llegó uno y le dijo:
–Maestro, 150 borregos aquí tiene –y señaló con el brazo el manchón.
Ya coge Dios Hombre la Palabra:
–Estos corderos tienen confianza en su pastor, y a sabiendas siguen los pasos del pastor; a sabiendas de que el pastor los llevará donde mejor pasten y el camino sea menos duro, por formar el pastor parte del rebaño.
–Si estos corderos no confían en el dueño, no siguen al pastor, y si no lo siguen, ¿puede él cuidar tantos corderos, cuando cada uno cogiera camino diferente? Todo es unido por el amor y la obediencia; con amor del pastor, y con obediencia de los corderos.
–Un solo pastor puede con cientos de ovejas. Si estas ovejas un día tuvieran que hacer caminos diferentes a los que ayer no hicieron, también seguirían al pastor, por ser el pastor el que las guía, tan sólo para que pasten. Si ellas siguen al pastor, hay rebaño. Pero si el pastor sigue al rebaño, se acaba que pasten los corderos, por quedarse sin pastor.
Desperté, oí:
Los corderos: símbolo de la Palabra de Dios.
Cuando el Maestro cogía la Palabra delante de los corderos, había veces que quedaban todas con sus manos delanteras dando calor a su pecho.
Todas quedaban mirando,
sin prisa y sin balada.
Todas quedaban juntitas,
cabezas metidas en lana.
Cuando ya se iba el Maestro,
los despedía la balada.
***
Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 167-168-169
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