En Sueño Profético hablaban del hombre, de su materia, de su espíritu, de su lucha por retirar de este Cielo, por negar esta Existencia Eterna, por anular a Dios, por no enseñar Antiguo y Nuevo Testamento. Uno, que Dios mandó del Cielo. Y otro, que Él baja a la Tierra, Él mismo y con Cuerpo enseña, amando y hablando de Dios Padre, que en Él vivía por ser Único Dios. Ama, perdona, resucita la carne muerta, saca los demonios del cuerpo, resucita de entre los muertos, se presenta a sus Discípulos y a muchos más que Lo vieron. Vieron tinieblas, vieron diluvio. Y siguió, sigue y seguirá viéndose su Poder en el Instrumento que Él elige.
Pues a Esto, quiere el hombre dejarlo como instrumento que sirvió y ya no sirve, porque han inventado otro nuevo.
Dijo uno:
¿Cómo puede el hombre comprender
que el mundo sea Suyo,
el único Dueño esté Vivo
y deje que Lo anulen a Él;
no se enseñe de su Existencia,
no se hable de su Amor,
no se diga al más pequeño
que la luz viene de Dios,
que la envía;
que la noche es Poder
que Él al mundo manda,
y entonces gira;
que Dios manda en nuestros cuerpos,
que tu vida no es tuya;
que el pecado ofende a Dios,
y en ofensa, Él se retira;
que la Gloria tiene puertas,
que Ángeles se la cuidan;
que el mundo lo hizo Dios,
y desde el Cielo vigila
con su Presencia y su Amor?
Todo tiene a Dios presente,
porque presente es Dios.
¡Cómo no dar esta Enseñanza
para cuando llegue al hombre
sepa que Dios es presente!
Que todo lo que no es mandado por Él,
tiene este nombre: ¡pecado!:
desobediencia a su Mando.
Pecado: querer dar olvido a Dios.
Desperté, oí:
No es en la Tierra, muchas veces,
donde Dios presenta factura
y obliga presentes cuentas.
Es cuando a tu cuerpo
ya le han dado sepultura
tú estás pisando
las puertas del Infierno,
la tortura,
los martirios de tu espíritu,
aunque te veas sin cuerpo.
El cuerpo no es el que sufre,
es el espíritu,
aunque te veas sin cuerpo.
Pues el cuerpo sin espíritu,
ya puedes darle pinchazos
y tirarlo por un cerro,
que sufrir ya no le llega.
El espíritu es la vida,
que a éste, muerte no le llega.
Si no dan esta Enseñanza:
“que Dios vive,
que deja Infierno
y premia Gloria”,
ese mundo Dios hará
un diluvio pero en sombra.
Y el Sol negará sus rayos,
mandados por esta Gloria.
***
Libro 17 - Investigaciones a La Verdad - Tomo II - Pag. 8-9-10
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jueves, 30 de mayo de 2013
miércoles, 23 de marzo de 2011
"Tu espíritu" - Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I - Pag.153-154-155
En Sueño Profético decían:
El hombre es responsable de su espíritu. El hombre, a su carne, debe enseñarle una disciplina, que esta disciplina sea mandada por su espíritu. El hombre que esta disciplina no tenga, es hombre que no vive en el Camino de Dios, y su espíritu siempre tendrá grande angustia. En el espíritu que le manda a la carne, estando con Dios, ves a Dios en todos sus actos. El espíritu que es de Dios, no hace nada que no sea para alabar a Dios. La carne siempre es rebelde al Mando de Dios y obediente al mando del hombre. La libertad de la carne hace la enfermedad del espíritu.
Contaba uno en mi casa que esta enfermedad tuvo –éste era un gran amigo de mi padre–, que un buen tiempo vivió en constante angustia por ir su espíritu detrás de su carne. Una noche, cuando entraba en su casa a deshoras, dice que vio una sombra que, en forma de cortina, le detenía el paso pidiéndole su espíritu, y a cambio le ofrecía hermosas mujeres. Dijo que se vio tan cerca de la condenación, que sintió los martirios de Satanás, pero que un impulso le hizo ponerse de rodillas y pronunciar estas palabras: “Señor, ya mi carne obedecerá a mi espíritu. Retírame los demonios que con su mentira quieren arrebatarme Tu Espíritu”.
Desperté, oí:
Enfermo estaba este espíritu,
y empezó la curación
cuando dijo: “Tu Espíritu”.
Venció la visión de la carne
que el pecado le ofrecía.
Un tiempo estuvo pecando,
y el pecado ya creía
que haciendo esta visión,
pecado no soltaría.
Éste se echó al pecado
porque otros lo arrastraron,
que estos otros lo arrastraron
porque éstos nunca amaron.
Cuando dijo “Tu Espíritu”,
se entregó con carne a Dios.
Se notó arrepentimiento
al notar condenación.
Quiso taparse la cara,
y veía sin visión.
Éste tuvo enfermedad
por otros que lo contagiaron,
y al decir “Tu Espíritu”,
Dios mandó la curación.
Es mejor que sea tu espíritu
el que a la carne mandó.
Porque será horroroso
vivir el sitio sin Dios.
***
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