En Sueño Profético hablaban del Amor.
Dijo uno:
Hay quien dice que ama, pero con calma, con reposo, midiendo el Amor y quedando indiferente a este Amor. Yo aquí no doy mi voto. El Amor de Dios no puede ser así.
Hagamos una separación de cada palabra y pongamos una palabra de compañera a cada palabra:
Primera palabra: Amor con calma: enemiga del Amor.
Con reposo: reposo no puede haber cuando hay Amor Divino. El reposo lo puede hacer la mentira. Al espíritu que se entrega a Dios, ya Dios lo alborota y lo calma, pero una calma que alborota.
Midiendo el Amor: el Amor no tiene medida cuando es Amor de Dios; no tiene medida ni el amor material, cuando éste no sea de pecado.
Medida: palabra que se emplea con su actuación, para no perjudicar a la materia en momentos que haya intereses.
Indiferencia: actuación que tú puedes representar porque el Amor no ha pasado de tus ojos y de tu lengua; amor sin espíritu; amor, ni de de Dios ni sin pecado.
Todo esto, Tomás, es cuando al publicarlo verán que han perdido el tiempo, un tiempo sin ya encontrarlo, porque el que haya vivido y se haya desviado de la Palabra de Dios, si coge estos Escritos en las manos, yo ya seguro te digo que tenemos aquí un Santo.
Desperté, oí:
¿Por qué el hombre quiere aprender,
pero no de Aquí del Cielo?
Cuando Aquí tiene el consuelo
de sentirse perdonado
y poder entrar sus ruegos.
Porque el gran pecador,
no es ahí lo que peca,
es que los ruegos que ahí hiciera,
por mucho que ahí rogara,
sus ruegos Aquí no llegan.
No llegan, porque al llegar,
tienes primero que sentir
que ya no sabrías pecar.
Y ya se acabó tu calma,
y tu reposo no existe,
y enterrarás tus medidas,
llorando tu indiferencia.
Cuando el Amor lo sientes,
siendo grande pecador,
no callas y dices a gritos:
“¡Ya me ha perdonado Dios!”.
Y cuando nunca pecaste,
y luego te arrobóArrobo: Desprendimiento del espíritu por la Fuerza del Mando de Dios y obediencia en la carne esperando el retorno del Mando (L.76-Pag.73-74-75) Dios,
no callas, porque si callas,
no te hablaría este Dios.
TOMÁS DE AQUINO y AGUSTÍN DE MÓNICA
***
En Sueño Profético decían: “No ve más el que mejor vista tiene”.
Dijo uno:
Un día, estando en la sinagoga oyendo al Maestro, se acercó uno a mí y me dijo:
–¡Qué bien me entero de la explicación! ¡Veo hasta el colorido de los caminos que explica este Hombre! ¡Se ve claro que es Dios! Cuando termino de oír su predicación, mi buen sobrino, luego, en casa, me lee lecturas de los Profetas, y es la misma Palabra. ¡Lástima que tanto Lo persigan! ¡Qué consuelo y que Paz dan sus Palabras! Yo nunca renegué de mi ceguera, pero pena si sentía cuando no podía serle útil a nadie. Ya, este Dios Hombre –que duda no hay–, me ha convertido en alegría lo que yo ponía en tristeza por mi inutilidad, que hoy, gracias a ella, me siento cerca de Dios Padre, que tanto mi madre me habló de Él cuando vivía, y luego me hablaba del Mesías, cuando el Padre lo mandó a la Tierra. Siempre eran sus mismas palabras: “Hijo, no tengas nunca tristeza porque no veas lo que ven todos, que puede que tú veas la Luz de Dios; que ésta la ven pocos”.
Estando terminado estas palabras, se agruparon unos pocos formando comentarios a la salida del Maestro, y parándose el Maestro con nosotros, se dirigió a este ciego –que ni yo conocía, ni de principio supe que era ciego–, y en su Voz se sabía que era Dios. Éstas fueron sus Palabras:
–Cerca de 40 años llevas sin ver lo que todos tienen que dejar de ver. Como tú has visto los caminos que yo he contado, y mi Padre te ha dicho los colores, Yo te digo que veas, y vista ya tienes.
Fue a besarle las Manos, y gritar: ¡Veo! ¡Milagro!, y el Maestro contestó:
–Te ha hecho que veas, la Luz que al que ve le hace falta. Yo te mando que veas, pero Él es el que manda.
Desperté, oí:
Aquí Dios le hace el milagro al que era ciego y veía.
Este hombre fue a la sinagoga, sin duda, a oír a Dios.
Ciego estaba desde niño, y siempre oía con voz:
“Hijo, no tengas nunca tristeza porque no veas lo que ven todos, que puede que tú veas la Luz de Dios, que ésta la ven pocos”.
El Amor de la madre a Dios, hace que el hijo vea el color de los caminos que Dios Hijo explicaba.
Más de la mitad salieron sin comprender las Palabras, la ceguera la tenían dentro de su misma alma.
El ciego salió diciendo, que era Dios por sus Palabras, y el que veía, veía lo que Dios Padre no manda.
Ante de besar las Manos, actuaron las Palabras: “Vista ya tienes”.
Cuando inclinó la cabeza, ya había obedecido la visión.
No compadezcas al ciego, si en su ceguera ve a Dios; compadece al que diga: “Yo tengo buena visión, pero no quiero que digan: A Dios Vivo lo veo yo”.
***
En Sueño Profético vi el campo sembrado de trigo, y la siembra ya tenía espigas, y uno decía:
Aquí se esconde un hombre porque ha hecho un delito. Se viene escondiendo siempre que hace un mal. Ya lo han visto varios campesinos. Cuando llegue la siega se le acabará el escondrijo. Poco tiempo le ha hecho servicio el trigo. Llegará la siega y quedará descubierto el mal, por encontrarse sus pies defectuosos.
Aquí voy a comparar al que ahí vive la vida queriendo engañar a Dios y escondiéndose detrás de la hipocresía:
Mucho menos tiempo que la siembra le hizo servicio, mucho menos tiempo es esa vida sirviendo de escondrijo para el mal que hace el hombre. Aquí, se cuenta más rápida la estancia ahí, que la siembra pueda servicio hacer. Pregunta a un campesino, que éste lo sabe bien. Pues que compare la vida y di que más corta es. Todo esto Aquí dictado y ahí quedando en papel, que lo estudien y repasen, y no se quieran esconder.
Desperté, oí:
Poco tiempo le hizo servicio
la siembra al pecador.
Como la vida, ahí dura,
cuando la siega hace Dios.
La siega es la materia
que ya entierras sin valor.
Más valor tiene la siembra
que tiene recolección.
Este ejemplo Aquí se ha puesto
por salvar al pecador.
Es mejor que no te escondas
y que busques la razón,
dejando la hipocresía,
que no es postura “pa” Dios.
Piensa en la vida, que es corta,
y que hay Eternidad,
y cuando llegue la siega,
que Dios mandará segar,
que no te encuentres en la siembra.
***
En Sueño Profético decían:
Cuando Dios habla al hombre, se ve por el escándalo que forma el hombre. Aquí se destapa el que dice que es humilde, el que dice que Lo ama y el que adora al Elegido anterior a éste.
Si crees que este Dios vive y que por ser Dios no cuenta con el hombre para hablarle al hombre, no dudes de este Dios, porque la duda en su Poder puede ser separación.
Dios quiere que tú Lo oigas, pero que no Le aconsejes. Si tú dudas, no amas, y si sabes que Vive, no te extrañan sus Palabras.
No puedes hablar de Dios ahí sin aceptar cuanto vaya de Aquí.
Desperté, oí:
Si te extraña que Dios hable, ¿por qué hablas de lo que habló?
Hablan de Dios sin sentir a este Dios.
Si Lo sintieran, conocerían dónde habla, porque Él da la Luz al que se la pide.
Las Palabras de Dios son dichas para que sean comprendidas por los niños.
El que a Dios ama, éste es niño.
Y el que “dice” que Lo ama, se viste de cordero, pero éste es lobo.
Hazte niño, y Dios te hablará.
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En Sueño Profético decían:
Estas Palabras que hoy repiten en Gloria fueron dichas por Dios Hombre en su Vida Pública:
“El que tenga quien lo lleve a la Gloria y no lo siga, no merece mi Gloria. Si Yo he bajado a la Tierra, ha sido para enseñar a vivir sin pecado. El que no Me sigue, es porque no quiere Gloria”.
Estas Palabras las dijo al pasar por un olivar donde había unos hombres vareando. Estos aceituneros tenían una fuerte discusión porque uno de ellos tenía amistad con Tomás, el Discípulo de Jesús, y todo lo que Tomás le contaba, él lo transmitía mientras duraba la faena, que faena terminaba y él seguía con sus palabras oídas a Tomás y dichas por el Maestro. Había unos cinco o seis que retiraban del Maestro a los que él tenía con deseos de conocerlo. Estando un día llenando los costales y apartando la verde de la moreteada, dando fin al día, llegó el Maestro con cuatro de sus Discípulos e hizo parada preguntando si había pasado Tomás y el resto de sus Discípulos, pues habían quedado en juntarse en aquella hacienda. Todos quedaron callados cuando este amigo de Tomás se acercó al Maestro y Le dijo:
–Jesús y Maestro…
Siguió presentando y lo paró el Maestro y le dijo:
–Yo soy el que ahora sigo hablando.
Y poniendo el Brazo con gesto de pena, dijo:
–Ya mañana tienes faena en el mismo olivar, pero te mandará otro dueño, y tú ya podrás enseñar el camino que éstos no quieren seguir y yo no quiero obligarles. Allí te esperan, y aquí te desprecian. No es esta la Enseñanza que Yo enseño, Yo enseño y dejo Libertad. Pero antes de que me cierren las puertas, Yo no entro, aunque las tengan de par en par.
Desperté, oí:
Este amigo de Tomás quería que cuando terminaran el destajo, fueran a buscar a alguien que tuviera amistad con el Maestro.
Los veía siempre hablando, desmintiendo de los Hechos.
Estos cuatro o cinco eran de la parte del dueño, y tenían valentía para estar siempre discutiendo.
Si el dueño sigue al Maestro, no los deja discutir, porque todos están de acuerdo.
Ya se despidió el Maestro con esto que fue sentencia, que todos quedaron oyendo:
“El que tenga quien lo lleve a la Gloria y no lo siga, no merece mi Gloria”.
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Libro 19 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo III
Una de las pruebas de la existencia de Dios ha sido, y seguirá siendo, lo que los teólogos llaman el consentimiento unánime de la Humanidad. Todos los seres humanos, criaturas o emanaciones de un Ser Supremo, llevan a Dios dentro de sí y muchos reciben mensajes o comunicaciones ultra terrenas. Sin embargo sólo algunos, muy pocos, poseen la facultad de transmitirnos dichos mensajes. Ana García de Cuenca es unos de esos seres elegidos. Los mensajes que ella nos transmite hablan de la existencia de Dios, de su Amor y de su Perdón.
Ana García de Cuenca tiene muchos mensajes todavía que transmitirnos y es nuestro deber escucharlos.
Fdo. KIM HONG HEE
Princesa Kimera
En este Sueño Profético vi mucha gente. De aquel gentío vi presentarse hasta once, y dijo uno:
Nosotros, los Once, si hubiéramos callado todos, éstos no hubieran oído, y todos éstos no hubieran hablado. Dios quiere que se hable de Él sin descanso: unas veces, nombrándolo a Él, y otras, al Prójimo. Al nombrar a Dios, ya te acuerdas del Prójimo. Y al acordarte del Prójimo, ya estás obedeciendo a Dios. La primera obediencia que Dios quiere, es que oigas sus Palabras, y sin igualarlas con las del hombre, las pongas en práctica.
Pide humildad y amarás a Dios, y cuando Lo ames, te será fácil hacer todo lo que a Dios le agrada. Por eso tiene que ser publicada la Palabra de Dios “diciendo”, para que esta Palabra quede dicha, y siempre, al leerla, veas a Dios. Siempre que leas algo que Dios mandó escribir, esto es Evangelio.
Desperté, oí:
Tú no dejes de comunicar todo lo que Dios te diga que digas.
Dios es Dios, y el hombre es el hombre.
Dios habla sin el hombre, y el hombre habla porque quiere Dios.
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