miércoles, 30 de mayo de 2012

El rezo no te sirve porque estás metida en el pecado

En Sueño Profético decían:

El rezo y los ruegos llegan Aquí cuando no haces pecados, o cuando los has hecho y te horroriza el haber pecado.

Dijo una mujer:

Yo vivía dando escándalo con hombres que no eran míos. Rezaba yo algunas veces por grandes contrariedades que me venían. Estas contrariedades eran que mi deseo y mi avaricia no me venían a las manos. Exigía a lo que no era mío, que lo suyo abandonara, que a mí me diera el salario, y que no pensara en nada, en nada que le dijeran que era malo para su alma. Pues con todo esto que yo hacía, me ponía a rezar, y un día se acercó a mí un hombre y me dijo:

   ―El rezo a ti no te sirve, porque estás metida en el pecado, y no sólo pecas, sino que quieres meter la oración en el lodo. Dios te deja Libertad para que a Él no Lo ames, pero no quieras que Dios te ayude en el pecado cuando tu pecar sea de avance.

Quise contestarle y no pude de lo que aquellas palabras en mí hicieron.

   ―¿Es que tú también has pecado, en cantidad, como yo?

   ―¿Tú no has oído decir, el gran Santo de Agustín? Pues yo soy sólo Agustín, ya lo demás que lo digan ellos.

Yo pequé y hoy quisiera,
aunque hubiera pecado más,
que el pecado no lo conociera
el que no fuera a buscar
a este Dios que tanto sufre
por no quererte obligar
a que ruegues y no peques,
o a que peques sin rogar.

Ya, desde este momento,
se terminó mi pecar,
y mandaré a los que vienen
a mi casa a pecar,
vayan y busquen lo suyo,
que allí se encontrarán
a la madre, a los hijos,
y dentro de aquel lugar,
el susurro de una oración,
que ésta, a Dios, llega ya.

Desperté, oí:

Yo no podía dejar
el ver tantos pecados
y luego a Dios llamar.

A mí, los muchos pecados,
no me podían asustar.
Lo que sí me asustaba
era el verla rezar.

Cuando yo a Dios llamé,
fue cuando ya no pequé.
No pequé y miré al Cielo,
y allí encontraba el consuelo 
de encontrarme "perdonao".

Yo le entregué materia
para que Él la mandara
en los sitios de pecado
que Él supiera que hacía falta.

Sin pensar fuera de día,
de noche ni madrugada,
ni que pasara los ríos,
ni que los aires sonaran.

Cuando yo me vi Agustín,
por este Dios "perdonao",
le hice un ofrecimiento:
que nadie ya pecaría
cuando estuviera a mi "lao",
y buscaría a aquellos
que a Dios nunca habían "amao".

Esto es lo menos que hace
aquel que fue "perdonao".

AGUSTÍN DE MÓNICA

***

Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 92-93-94-95