lunes, 4 de marzo de 2013

¡Qué Enseñanza que dejaron a los hombres de la Tierra!

En Sueño Profético hablaban de Juan de Dios, de Juan Bosco, de Tomás de Aquino, de Agustín de Mónica y de Teresa de Ávila. De cada uno hablaba quien vivió con materia en el mismo tiempo que ellos.

Dijo una mujer:

Yo presencié tantos casos de Juan entregado al enfermo, que cuando entraba en los sitios, causaba un gran respeto. Tengo presente la escena que vi con un paralítico. Esto fue en una casa que él iba casi a diario. Les llevaba casi lo que en el día les hacía falta. Este hombre hacía tiempo que sus pies no andaban solos. Lo movía de un lado para otro arrastrando una silla. Todos los días le hacía, que cogido a su cuello se pusiera de pie y medio metro avanzara. Le hacía que repitiera: “Sólo Tú, Dios mío, puedes hacer que yo corra. Y si no corriera, te sigo amando aunque así muera”. Pues un día, después de repetir estas palabras que a Dios agradaban, anduvo. Esto fue fruto de Juan de Dios.

Yo vi a Juan Bosco tratar con tanto Amor a los niños, y tanto hablarles de Dios, que sus espíritus vivían más en la Gloria que en la Tierra. Su educación era con preferencia al espíritu.

Yo ya hablo de Tomás: “Su teoría en la gran Teología era inconfundible; no habrá quien le supere; y hoy en día la está reforzando”.

Sí, yo hablo de Agustín, cuando hablaba del pecado con aquella filosofía que los pañuelos sacaban y pecar ya no sabían.

Yo ya termino el Dictado, y hablaré de Teresa: “La conocí en el convento, y cuando estaba ya fuera, hice tan buena mistad, que se ponía a contarme, y yo, sin prisa, a escuchar; que teníamos que dar corte si nos queríamos separar. Yo me llamaba Verónica, y esto me decía al pasar:

“Verónica, ama mucho.
Verónica, Ama más,
que por mucho que Lo ames,
Él nos ama mucho más”.

Este verso es de Teresa.    

Desperté, oí:
 
¡Qué Enseñanza que dejaron
a los hombres de la Tierra!

El hombre debería adorar
y tener la preferencia
por el que diga: Yo vivo
en la Gloria y en la Tierra.

Y te puedo enseñar
lo que tal vez tú no veas.

Enseñarte con palabras,
con palabras tan certeras,
que si oyes con Amor,
vives Gloria y pisas Tierra.

Si oyes hablar de Aquí,
no te quedes en el lado de fuera,
que éste te puede enseñar
lo que tú tal vez no veas.


***


Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pag. 203-204-205