En Sueño Profético hablaban de la Caridad y de las formas que se puede hacer Caridad, pero Caridad cristiana:
La Caridad cristiana no te cansas de hacerla porque Dios es el que allí espera.
Dijo uno:
La Caridad, muchos la empiezan y pocos la siguen. La Caridad está en las obras, y la firman las palabras. Hay quien da caridad en palabras y no la puede sellar con obras. Esta caridad es más corriente.
Dijo uno:
Yo vi muchas veces a Juan de Dios ir buscando donde la Caridad llevar. Lo acompañe varias veces, y era difícil contar la Caridad que él hacía. Retira tanto la enfermedad, el mal olor y la miseria, que si no vas lleno de Dios, no puedes…
Voy a dejar esta estampa que yo presencié y la refería cuando oía hablar de Juan. Si hablaban bien, no podía callar y refería esto que aquí queda escrito. Y si hablaban con ira y con desprecio, los callaba la Justicia de Dios:
“Me llevó a una vivienda donde había un matrimonio con un hijo de 15 años paralítico en un camastro. Al padre hacía meses que lo atormentaban unas fiebres que le tenían la boca llena de costras que le habían dejado las vejigas. La mujer, flacucha, apenas podía con unos canastos de verdura que ellos sembraban en aquella poca tierra que rodeaba la casa. Fue llegar, y abrazarlo el padre –cuando Juan llegó a la cama–, y a la vez abrazaba al paralítico, por estar los dos camastros juntos. Sacó Juan un medicamento que era alimento curativo, y con gran Amor se lo dio alzándole la cabeza. Y se fue al sitio del hijo, lo incorporó, lo vistió, le dio unas muletas, y una pierna que arrastraba le hacía caminar con su paciencia. Pues esto lo hacía, más de medio año, a diario. Ya que se marchaba, dejó en la mesa unas monedas, y se marchó diciendo: ¡hasta mañana!
Desperté, oí:
¿Quién hace esta Caridad,
si no lleva a Dios consigo?
¿Quién puede decir “no es Dios”,
si visitas estos sitios?
El se acercaba al enfermo,
porque Dios en él vivía.
Y no pensaba en el mal
que un contagio le daría.
Juan hablaba Caridad,
y sus obras sellarían.
El que la haga sin Dios,
antes que empiece, termina.
***
Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - C4
Mostrando entradas con la etiqueta Juan de Dios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan de Dios. Mostrar todas las entradas
lunes, 27 de octubre de 2014
viernes, 13 de diciembre de 2013
Caridad por Dios
En Sueño Profético decían:
No hay mejor prueba de Amor a Dios, que hacer caridad por Dios. La caridad que se hace por Dios, pocas veces es reconocida por el que recibe esta caridad; por eso, muchos empiezan y pocos siguen. La caridad exige mucho Amor a Dios.
Estas palabras fueron dichas a Juan de Dios cuando salía de casa de un enfermo que tenía su cuerpo todo lleno de llagas. Dice, que fue salir de casa del enfermo y encontrarse con un familiar de éste, que iba por el mismo camino de Juan. Siguieron andando, y al pasar por casa de este familiar, quiso Juan lavarse las manos, ya que las tenía un poco llenas del ungüento que le había puesto por todo el cuerpo al enfermo. Entró, y la mujer de este familiar le dijo:
–Toma, lávate aquí en esta palangana, y sécate en este trapo, que esto lo tengo guardado de cuando venías a curar a mi padre. Yo soy escrupulosa, y no he querido hacer uso de esto; he tenido muchas veces idea de tirarlo, pero pensé, que podría ser que vinieras a ver a otro que cayera enfermo, y te sirviera.
Ésta era hermana del que venía de curar. Juan llamó a Dios y no devolvió palabras; sacó su pañuelo, que aún no había desdoblado, y se secó.
Dijo:
–No es por las palabras, es que puede que me haga falta antes de que se seque.
Salió Juan de Dios, y otra vez a Dios llama, y secándose sus lágrimas dijo:
–Señor, que todo lo que me hagan sea para más acercarme a Ti.
De estas escenas, a Juan, le abundaban.
Yo vi un día a uno que fue Juan a saludarlo, y se guardó su mano diciendo:
–Yo muchas veces te veo y quiero saludarte, pero estarás tan impregnado de tanto enfermo y tanta suciedad, que me repugna tu roce.
Desperté, oí:
La caridad que siempre es igual,
es la del que Dios lo trae y lo lleva.
La caridad es Amor
y ansiedad que no te deja,
porque en esta caridad,
seguro Dios se presenta.
Se presenta y te da
otro caso donde Él te lleva,
aunque el hombre juzgue mal.
La caridad de la Tierra,
ésta siempre cansará.
Voy a aclarar las dos:
la que veas que siempre dura,
por mucho que le pasó,
no es caridad de Tierra,
ésta es Caridad de Dios.
La que veas hoy muy subida
y mañana terminó,
puedes decir:
“esta caridad es del hombre,
que Dios Libertad dejó”.
Que Dios deja Libertad
al que vive como hombre,
que usa de la maldad,
y si aparece Dios, se esconde.
Hay veces que vas a hacer caridad,
y te responden con un cambio sin Amor,
que es el Escrito de hoy,
que cuentan de Juan de Dios.
***
Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I
No hay mejor prueba de Amor a Dios, que hacer caridad por Dios. La caridad que se hace por Dios, pocas veces es reconocida por el que recibe esta caridad; por eso, muchos empiezan y pocos siguen. La caridad exige mucho Amor a Dios.
Estas palabras fueron dichas a Juan de Dios cuando salía de casa de un enfermo que tenía su cuerpo todo lleno de llagas. Dice, que fue salir de casa del enfermo y encontrarse con un familiar de éste, que iba por el mismo camino de Juan. Siguieron andando, y al pasar por casa de este familiar, quiso Juan lavarse las manos, ya que las tenía un poco llenas del ungüento que le había puesto por todo el cuerpo al enfermo. Entró, y la mujer de este familiar le dijo:
–Toma, lávate aquí en esta palangana, y sécate en este trapo, que esto lo tengo guardado de cuando venías a curar a mi padre. Yo soy escrupulosa, y no he querido hacer uso de esto; he tenido muchas veces idea de tirarlo, pero pensé, que podría ser que vinieras a ver a otro que cayera enfermo, y te sirviera.
Ésta era hermana del que venía de curar. Juan llamó a Dios y no devolvió palabras; sacó su pañuelo, que aún no había desdoblado, y se secó.
Dijo:
–No es por las palabras, es que puede que me haga falta antes de que se seque.
Salió Juan de Dios, y otra vez a Dios llama, y secándose sus lágrimas dijo:
–Señor, que todo lo que me hagan sea para más acercarme a Ti.
De estas escenas, a Juan, le abundaban.
Yo vi un día a uno que fue Juan a saludarlo, y se guardó su mano diciendo:
–Yo muchas veces te veo y quiero saludarte, pero estarás tan impregnado de tanto enfermo y tanta suciedad, que me repugna tu roce.
Desperté, oí:
La caridad que siempre es igual,
es la del que Dios lo trae y lo lleva.
La caridad es Amor
y ansiedad que no te deja,
porque en esta caridad,
seguro Dios se presenta.
Se presenta y te da
otro caso donde Él te lleva,
aunque el hombre juzgue mal.
La caridad de la Tierra,
ésta siempre cansará.
Voy a aclarar las dos:
la que veas que siempre dura,
por mucho que le pasó,
no es caridad de Tierra,
ésta es Caridad de Dios.
La que veas hoy muy subida
y mañana terminó,
puedes decir:
“esta caridad es del hombre,
que Dios Libertad dejó”.
Que Dios deja Libertad
al que vive como hombre,
que usa de la maldad,
y si aparece Dios, se esconde.
Hay veces que vas a hacer caridad,
y te responden con un cambio sin Amor,
que es el Escrito de hoy,
que cuentan de Juan de Dios.
***
Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I
lunes, 4 de marzo de 2013
¡Qué Enseñanza que dejaron a los hombres de la Tierra!
En Sueño Profético hablaban de Juan de Dios, de Juan Bosco, de Tomás de Aquino, de Agustín de Mónica y de Teresa de Ávila. De cada uno hablaba quien vivió con materia en el mismo tiempo que ellos.
Dijo una mujer:
Yo presencié tantos casos de Juan entregado al enfermo, que cuando entraba en los sitios, causaba un gran respeto. Tengo presente la escena que vi con un paralítico. Esto fue en una casa que él iba casi a diario. Les llevaba casi lo que en el día les hacía falta. Este hombre hacía tiempo que sus pies no andaban solos. Lo movía de un lado para otro arrastrando una silla. Todos los días le hacía, que cogido a su cuello se pusiera de pie y medio metro avanzara. Le hacía que repitiera: “Sólo Tú, Dios mío, puedes hacer que yo corra. Y si no corriera, te sigo amando aunque así muera”. Pues un día, después de repetir estas palabras que a Dios agradaban, anduvo. Esto fue fruto de Juan de Dios.
Yo vi a Juan Bosco tratar con tanto Amor a los niños, y tanto hablarles de Dios, que sus espíritus vivían más en la Gloria que en la Tierra. Su educación era con preferencia al espíritu.
Yo ya hablo de Tomás: “Su teoría en la gran Teología era inconfundible; no habrá quien le supere; y hoy en día la está reforzando”.
Sí, yo hablo de Agustín, cuando hablaba del pecado con aquella filosofía que los pañuelos sacaban y pecar ya no sabían.
Yo ya termino el Dictado, y hablaré de Teresa: “La conocí en el convento, y cuando estaba ya fuera, hice tan buena mistad, que se ponía a contarme, y yo, sin prisa, a escuchar; que teníamos que dar corte si nos queríamos separar. Yo me llamaba Verónica, y esto me decía al pasar:
“Verónica, ama mucho.
Verónica, Ama más,
que por mucho que Lo ames,
Él nos ama mucho más”.
Este verso es de Teresa.
Desperté, oí:
¡Qué Enseñanza que dejaron
a los hombres de la Tierra!
El hombre debería adorar
y tener la preferencia
por el que diga: Yo vivo
en la Gloria y en la Tierra.
Y te puedo enseñar
lo que tal vez tú no veas.
Enseñarte con palabras,
con palabras tan certeras,
que si oyes con Amor,
vives Gloria y pisas Tierra.
Si oyes hablar de Aquí,
no te quedes en el lado de fuera,
que éste te puede enseñar
lo que tú tal vez no veas.
***
Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pag. 203-204-205
Dijo una mujer:
Yo presencié tantos casos de Juan entregado al enfermo, que cuando entraba en los sitios, causaba un gran respeto. Tengo presente la escena que vi con un paralítico. Esto fue en una casa que él iba casi a diario. Les llevaba casi lo que en el día les hacía falta. Este hombre hacía tiempo que sus pies no andaban solos. Lo movía de un lado para otro arrastrando una silla. Todos los días le hacía, que cogido a su cuello se pusiera de pie y medio metro avanzara. Le hacía que repitiera: “Sólo Tú, Dios mío, puedes hacer que yo corra. Y si no corriera, te sigo amando aunque así muera”. Pues un día, después de repetir estas palabras que a Dios agradaban, anduvo. Esto fue fruto de Juan de Dios.
Yo vi a Juan Bosco tratar con tanto Amor a los niños, y tanto hablarles de Dios, que sus espíritus vivían más en la Gloria que en la Tierra. Su educación era con preferencia al espíritu.
Yo ya hablo de Tomás: “Su teoría en la gran Teología era inconfundible; no habrá quien le supere; y hoy en día la está reforzando”.
Sí, yo hablo de Agustín, cuando hablaba del pecado con aquella filosofía que los pañuelos sacaban y pecar ya no sabían.
Yo ya termino el Dictado, y hablaré de Teresa: “La conocí en el convento, y cuando estaba ya fuera, hice tan buena mistad, que se ponía a contarme, y yo, sin prisa, a escuchar; que teníamos que dar corte si nos queríamos separar. Yo me llamaba Verónica, y esto me decía al pasar:
“Verónica, ama mucho.
Verónica, Ama más,
que por mucho que Lo ames,
Él nos ama mucho más”.
Este verso es de Teresa.
Desperté, oí:
¡Qué Enseñanza que dejaron
a los hombres de la Tierra!
El hombre debería adorar
y tener la preferencia
por el que diga: Yo vivo
en la Gloria y en la Tierra.
Y te puedo enseñar
lo que tal vez tú no veas.
Enseñarte con palabras,
con palabras tan certeras,
que si oyes con Amor,
vives Gloria y pisas Tierra.
Si oyes hablar de Aquí,
no te quedes en el lado de fuera,
que éste te puede enseñar
lo que tú tal vez no veas.
***
Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pag. 203-204-205
miércoles, 20 de febrero de 2013
“Yo nunca diré Juan de Dios, yo diré que Dios es Juan”
En Sueño Profético vi un hospital, que por su pobreza, más se veía hospital. Había unas camas negras de hierro, y unos enfermos tristes; un letrero en la entrada de la puerta, que no podía pasar desapercibido, con estas letras: “Habitación contagiosa. Entrada sólo médicos y enfermeros”. Yo vi el letrero cuando salí. Cuando entré, no entré por puerta, me vi allí dentro sin extrañarme de cómo entré, me parecía normal.
Empezaron a hablar, y ya no veía nada, nada más que oír. Decían:
Aquí quita la tristeza Juan de Dios. Aquí entra y raras veces no dan un alta: unas veces a conocidos, y otras veces a enfermos que su nombre es conocido. Aquí, en este hospital, son recibidos la mayoría por Juan. Aquí, en esta misma sala, yo oí una vez a un enfermo ya curado de la lepra decir: “Yo nunca diré Juan de Dios, yo diré que Dios es Juan”.
Este mismo, dijo:
En este hospital se han visto, ya muertos, recuperar la vida de la carne; y morir carne y vivir espíritu, dando este espíritu gracias y contentos a Juan ya en su despedida. Aquí, en este hospital, yo vi llantos de contento a enfermos y familiares, sabiendo que no sanaba su carne. Yo he visto brechas en la carne y decir: “No me duele nada, es Juan que reza por mí, es Juan que viene a mi cama”.
Desperté, oí:
¿Tiene duda Juan de Dios,
cuando esto diga el enfermo?
A este hospital, el que entraba,
a Juan ya lo conocía.
Antes de pisar umbral,
el nombre de Juan se oía.
Juan de Dios, se lo pusieron,
porque Dios en él vivía.
JUAN DE DIOS
***
Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pág. 107-108
Empezaron a hablar, y ya no veía nada, nada más que oír. Decían:
Aquí quita la tristeza Juan de Dios. Aquí entra y raras veces no dan un alta: unas veces a conocidos, y otras veces a enfermos que su nombre es conocido. Aquí, en este hospital, son recibidos la mayoría por Juan. Aquí, en esta misma sala, yo oí una vez a un enfermo ya curado de la lepra decir: “Yo nunca diré Juan de Dios, yo diré que Dios es Juan”.
Este mismo, dijo:
En este hospital se han visto, ya muertos, recuperar la vida de la carne; y morir carne y vivir espíritu, dando este espíritu gracias y contentos a Juan ya en su despedida. Aquí, en este hospital, yo vi llantos de contento a enfermos y familiares, sabiendo que no sanaba su carne. Yo he visto brechas en la carne y decir: “No me duele nada, es Juan que reza por mí, es Juan que viene a mi cama”.
Desperté, oí:
¿Tiene duda Juan de Dios,
cuando esto diga el enfermo?
A este hospital, el que entraba,
a Juan ya lo conocía.
Antes de pisar umbral,
el nombre de Juan se oía.
Juan de Dios, se lo pusieron,
porque Dios en él vivía.
JUAN DE DIOS
***
Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pág. 107-108
viernes, 5 de octubre de 2012
¿Hay quien haga esta vida si Dios no viviera en él?
En Sueño Profético hablaba Juan de Dios. Dijo:
Voy a dar mi dictado para que vean la razón:
Cuando uno está en el enfermo constantemente y va dispuesto a todo, que no te venga la duda de que aquí habla Dios.
Yo, a cualquiera le diría: "Dos meses nada más vas a estar visitando enfermos, cada uno diferente y la mayoría contagiosos, porque lo que no se contagia es la hermosura de un rostro". Esto lo decía un médico con el que yo mucho hablaba.
Diré las muchas posturas que en el enfermo puedes ver:
Presentarte en sus grandes lamentos
cuando el dolor no respeta la carne
y trata de destruirla;
cuando te llaman porque hay enfermedad,
no hay dinero y hay soledad,
soledad del hombre,
que no tenía que faltar.
En otros ves cómo tienen
al enfermo "apartao",
porque alguien les avisa
que es enfermo de "cuidao".
Otros te miran con ansia,
cuando ven que eres tú,
como pidiendo que tú pidas
cuando te hable este Dios.
No te dejan los recados
pidiendo tu protección:
llévame a un hospital
y déjame en el portalón.
Otros, que te tocan sucios
porque tiempo estaban ya sin salario,
sin familia, de esos pobres de asustar,
por no saber el empiezo,
por dónde vas a empezar.
Otros, éstos los peores,
los que de Dios no quieren hablar,
porque creen que es culpable
de esa fría humanidad,
que Dios en libertad los tiene
hasta que Aquí llegan ya.
Desperté, oí:
Nadie sabe lo que es
siempre pidiendo favores
y que no te traten bien.
Siempre oyendo lamentos,
sin tener para comer.
Siempre diciendo: ¡Dios mío!,
¿qué más querían aquí ver?
Siempre pidiendo a Dios temple
“pa” poderse contener.
¿Hay quien haga esta vida
si Dios no viviera en él?
Que te acuestas con tu cuerpo,
pero no puedes quedar
como cuerpo que se acuesta
para poder descansar.
Ve dos meses a los enfermos,
día tras día sin descansar,
por la noche, la mañana
y en hora de sestear.
Y cuando esta vida hagas,
es cuando compararás
al que lo hace año tras año,
sólo por a Dios agradar.
No tiene duda ninguna,
que aquí es Dios el que va.
JUAN DE DIOS
***
Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 123-124-125
Voy a dar mi dictado para que vean la razón:
Cuando uno está en el enfermo constantemente y va dispuesto a todo, que no te venga la duda de que aquí habla Dios.
Yo, a cualquiera le diría: "Dos meses nada más vas a estar visitando enfermos, cada uno diferente y la mayoría contagiosos, porque lo que no se contagia es la hermosura de un rostro". Esto lo decía un médico con el que yo mucho hablaba.
Diré las muchas posturas que en el enfermo puedes ver:
Presentarte en sus grandes lamentos
cuando el dolor no respeta la carne
y trata de destruirla;
cuando te llaman porque hay enfermedad,
no hay dinero y hay soledad,
soledad del hombre,
que no tenía que faltar.
En otros ves cómo tienen
al enfermo "apartao",
porque alguien les avisa
que es enfermo de "cuidao".
Otros te miran con ansia,
cuando ven que eres tú,
como pidiendo que tú pidas
cuando te hable este Dios.
No te dejan los recados
pidiendo tu protección:
llévame a un hospital
y déjame en el portalón.
Otros, que te tocan sucios
porque tiempo estaban ya sin salario,
sin familia, de esos pobres de asustar,
por no saber el empiezo,
por dónde vas a empezar.
Otros, éstos los peores,
los que de Dios no quieren hablar,
porque creen que es culpable
de esa fría humanidad,
que Dios en libertad los tiene
hasta que Aquí llegan ya.
Desperté, oí:
Nadie sabe lo que es
siempre pidiendo favores
y que no te traten bien.
Siempre oyendo lamentos,
sin tener para comer.
Siempre diciendo: ¡Dios mío!,
¿qué más querían aquí ver?
Siempre pidiendo a Dios temple
“pa” poderse contener.
¿Hay quien haga esta vida
si Dios no viviera en él?
Que te acuestas con tu cuerpo,
pero no puedes quedar
como cuerpo que se acuesta
para poder descansar.
Ve dos meses a los enfermos,
día tras día sin descansar,
por la noche, la mañana
y en hora de sestear.
Y cuando esta vida hagas,
es cuando compararás
al que lo hace año tras año,
sólo por a Dios agradar.
No tiene duda ninguna,
que aquí es Dios el que va.
JUAN DE DIOS
***
Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 123-124-125
sábado, 12 de mayo de 2012
No tenías que preguntarle: oye Juan, ¿tú a Dios amas?
En Sueño Profético decían:
No hay quien diga que a Dios ama y al Prójimo no vaya. Lo mismo que el que al Prójimo vaya, no hace falta le pregunten si a Dios ama.
Yo tuve muchos en contra,
porque no querían ver
que Dios me moviera a mí.
El que diga “yo veo a Dios”,
no se puede confundir
con otro que no Lo vea,
que lo quisiera decir.
Si Lo ves o vive en ti,
tienen que verlo por fuerza,
en la forma de vivir.
Ya, tu carne, no te importa,
y vas a cualquier lugar
que te llamen "pa" un enfermo
que tú no puedes curar.
Todo esto es sufrir
que no entienden los demás,
los demás que no quisieran
que esto fuera realidad.
Yo no podría decir,
no decir, sino pensar,
que haciendo una vida así,
éste pudiera engañar.
Si "na" más lo que se sufre
el verle a otro el mal,
no hay quien haga esta vida,
queriendo a Dios engañar.
Engañar, porque eres malo
y quieres a Dios mezclar,
usando en falso su Nombre,
que esto es estar ya "condená".
Yendo yo un día camino de uno que estaba tiempo enfermo, con llagas contagiosas, y que no tenía quien le llevara alimento, contaré a qué fue mi visita: a ofrecerme en dinero y alimento. Pero más, a lo que fui, fue a sacarlo de aquél sitio, que ya me habían dicho que era una pocilga. Pero yo quería sacarlo contento. Tenía unos malos olores cuando se entraba para adentro. Allí tenía un cubo viejo, que se lo limpiaba alguno que iba a verlo; una silla con un plato y un poquillo de alimento, que más bien parecía desecho para echárselo a los puercos. Pues cuando salí de allí, había unos que me conocieron y me insultaron de palabras, y se agacharon al suelo y buena nube de piedras descargaron en mi cuerpo. Daban gritos: ¡Loco, que a los inocentes engañas!
Desperté, oí:
Si esta vida hacía Juan,
sin que nadie le obligara,
no tenías que preguntarle:
oye Juan, ¿tú a Dios amas?
Embustero no cabía
el podérselo decir,
que él a Dios no vería.
Lo vería en mil formas.
Como él lo hacía por Dios,
él iba al Prójimo,
y allí se veían los dos.
Juan de Dios me conocieron,
no por Juan, sino por Dios.
JUAN DE DIOS
***
Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 120-121-122-123
No hay quien diga que a Dios ama y al Prójimo no vaya. Lo mismo que el que al Prójimo vaya, no hace falta le pregunten si a Dios ama.
Yo tuve muchos en contra,
porque no querían ver
que Dios me moviera a mí.
El que diga “yo veo a Dios”,
no se puede confundir
con otro que no Lo vea,
que lo quisiera decir.
Si Lo ves o vive en ti,
tienen que verlo por fuerza,
en la forma de vivir.
Ya, tu carne, no te importa,
y vas a cualquier lugar
que te llamen "pa" un enfermo
que tú no puedes curar.
Todo esto es sufrir
que no entienden los demás,
los demás que no quisieran
que esto fuera realidad.
Yo no podría decir,
no decir, sino pensar,
que haciendo una vida así,
éste pudiera engañar.
Si "na" más lo que se sufre
el verle a otro el mal,
no hay quien haga esta vida,
queriendo a Dios engañar.
Engañar, porque eres malo
y quieres a Dios mezclar,
usando en falso su Nombre,
que esto es estar ya "condená".
Yendo yo un día camino de uno que estaba tiempo enfermo, con llagas contagiosas, y que no tenía quien le llevara alimento, contaré a qué fue mi visita: a ofrecerme en dinero y alimento. Pero más, a lo que fui, fue a sacarlo de aquél sitio, que ya me habían dicho que era una pocilga. Pero yo quería sacarlo contento. Tenía unos malos olores cuando se entraba para adentro. Allí tenía un cubo viejo, que se lo limpiaba alguno que iba a verlo; una silla con un plato y un poquillo de alimento, que más bien parecía desecho para echárselo a los puercos. Pues cuando salí de allí, había unos que me conocieron y me insultaron de palabras, y se agacharon al suelo y buena nube de piedras descargaron en mi cuerpo. Daban gritos: ¡Loco, que a los inocentes engañas!
Desperté, oí:
Si esta vida hacía Juan,
sin que nadie le obligara,
no tenías que preguntarle:
oye Juan, ¿tú a Dios amas?
Embustero no cabía
el podérselo decir,
que él a Dios no vería.
Lo vería en mil formas.
Como él lo hacía por Dios,
él iba al Prójimo,
y allí se veían los dos.
Juan de Dios me conocieron,
no por Juan, sino por Dios.
JUAN DE DIOS
***
Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 120-121-122-123
viernes, 2 de septiembre de 2011
Él buscaba soledad, porque soledad quitaba - Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 131-132-133
En Sueño Profético hablaba Juan de Dios. Decía:
La soledad es la peor enfermedad cuando necesitas ayuda a tu necesidad.
La soledad da pena al que nada necesita material.
Dijo Juan:
Vi a tantos solos y enfermos llorando su soledad, que para hablar de esto tienes que ver el lugar donde se encuentran enfermos y nadie que oiga llorar.
Un día, cuando yo salía del hospital, iba un hombre a un paso no despacio,
¡porque despacio no es para extrañar! Era un paso de sufrir, paso de no querer llegar, un paso pesado. Ya me emparejé con él y le quise preguntar:
―¿Se nota mareo, desmayo? ¿Ha salido de alguna enfermedad?
Ya me contestó este hombre:
―Me han echado del hospital y no tengo sitio adonde ir; estoy solo y no quisiera llegar al sitio que me dejé, allí en un olivar, pero es un lugar tan solo...que no quisiera llegar. ¡Mire!, cuando me estaba muriendo, estuve una noche y medio día llamando –cuando esto oí, le puse mi brazo en su hombro–, por si alguien me quería llevar en su bestia. Ya, cuando abrí los ojos, estaba no solo y en una cama. Medio año he estado con compaña y durmiendo en cama: ratos dormir, ratos quejarme, y ratos con palabras de consuelo.
Ya, con mi brazo en su hombro le dije:
―Te voy a llevar a un sitio que tendrás para siempre cama.
Era una huerta que siempre me llamaban y me cargaban de cosas para el que no tenía nada. Con él, allí me presenté, para que les ayudara en lo que él pudiera hacer, y ya tenía comida y cama.
Desperté, oí:
Más que la comida era,
que le había buscado compaña.
Este pobre iba andando
donde los pies lo llevaran.
Éste no quería ir
al olivar y a la tapia
donde tenía su vivir.
Que por aquellos campos
iba buscando lo que encontrara.
La comida iba encontrando,
la soledad no faltaba.
Este Juan de Dios decía:
“Es más pobre el que le falta
la compaña y el amor,
de aquél que Dios a dar manda”.
Él visitaba al enfermo,
porque el sano a él visitaba.
Él buscaba soledad,
porque soledad quitaba.
Éste era Juan de Dios,
el que al enfermo buscaba
para quitar soledad
y hacer lo que Dios mandaba.
JUAN DE DIOS
***
martes, 12 de julio de 2011
La caridad lo seguía - Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pag. 183-184-185
En Sueño Profético hablaban de querer tapar el bien y de querer tapar el mal; de querer decir que lo bueno es malo, y lo malo es bueno; de querer pagar el mal y condenar lo bueno. El bien y el mal siempre se están viendo. El mal quiere hacer ver lo contrario de lo bueno. En cambio, el bien, camina a paso y no muy lento, y por mucho que quieran pararlo, el bien no deja este paso.
Dijo uno:
Toda la persona que sienta la caridad, tiene que hacer el bien. La caridad es un sentir que tranquilo no te deja. La caridad te inquieta y arrebata comodidad; te arrebata comodidad recordándote al enfermo que espera de ti.
Aquí, en unas palabras, voy a decir lo que Juan de Dios decía con frecuencia:
“Como la caridad tú la trates bien, ya no te deja. Yo quise la caridad, y me llevó a los hospitales, a las casas que casas no eran, a los hambrientos, a los necesitados, a todos los que estaban estorbando a los que caridad no conocían”.
Yo tuve gran amistad con este Juan de Dios, que el bien siempre iba haciendo. Pues por más que querían quitarle su caminar, más caminar se veía. También ésto era de él: el bien desprecia el silencio, porque el bienestar se encarga de ir este bien cundiendo; lo mismo que el dolor grita y es difícil el silencio. Yo veo a menos callados con dolor, que con un ¡Ay! que todos estén oyendo.
Juan decía:
“Ten caridad, y ya la caridad te llevará al sitio y te arrebatará tu bienestar; que luego, a este arrebato, tú le das mil gracias”.
Desperté, oí:
¡Quién mejor que Juan de Dios
puede hablar de caridad!
Él no podía esconder
lo que Dios daba “pa” dar.
Dios le daba su Poder
en espíritu y materia.
Ya quedaba en él,
el ir adonde de Dios quisieran.
¿Cómo iba a ser de Dios, Juan,
sin que nadie supiera,
si iba siempre al camino
que Dios le decía que fuera?
No tenía Juan que ir
por la calle a son de palmas.
Pues aunque iba en silencio,
repique era de campanas.
¡Juan de Dios!, siempre se oía
con llanto y risa en la cara,
con los brazos en su cuello,
pero a Juan no lo dejaban.
La caridad lo seguía,
y hasta le iba empujando
a que todos conocieran
que Juan de Dios era Santo.
Aquí podía lo bueno
y desmentía lo malo.
Lo bueno tiene poder,
porque lo viven los Santos.
***
sábado, 25 de diciembre de 2010
Tres puntos - Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 3-4-5
En Sueño Profético hablaban del Amor:
Dijo uno:
El Amor es exigente. El Amor tiene tres puntos imprescindibles para el que ama: primero, ansiedad de buscar; segundo, obediencia al amado; y tercero, no callar este Amor que nunca puedes decir: “Yo, ya bastante estoy amando”.
Dijo otro:
Aquí, todos los que estamos, podemos hablar del Amor, porque el Amor, Aquí, a todos nos ha juntado. Voy a enumerar unos cuantos: Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, Juan de Dios, Catalina de Siena, Tomás de Aquino, Agustín de Mónica, Álvaro, Francisco de Asís, Juan Bosco, Domingo de Guzmán y Profetas del Antiguo Testamento, Profetas que comunicaron la Venida del Salvador.
Éste mismo dijo:
Pero que siga Teresa hablando del grande Amor:
Yo diría que los tres puntos
son tan sólo uno en dos.
Que hablando con grande fuerza,
te viene olvido “pa” “to”.
Este Amor ya se encarga
de que pierdas la razón,
y no encuentres bienestar
sino contemplando a Dios.
Luego, este Amor te dice
que no hay nada mejor
que vivir ya contemplando
a la orden de tu Dios,
aunque te digan palabras
como las que oía yo.
Por la boca del hombre,
lo malo, “to” lo hice yo:
Fui libertina en pecados
del hombre que amaba a Dios,
porque éste se paraba
“pa” que le contara yo.
Me acusaron de pecado
hasta con mis compañeras.
Decían que el demonio hablaba
cuando yo sola en mi celda
me hacía señales
para parecer yo buena;
que no tenía obediencia
y me salí del convento
para inventar una comedia.
Pues todo esto soporté,
y alegría era mi pena.
¿Qué importancia tiene esto,
cuando tú a Dios Lo sientas?
Desperté, oí:
Yo creo que el que no ama,
tiene siempre las palabras
de insulto para este Dios.
Yo creo que la obediencia
te viene con el Amor.
Yo creo que si tú amas,
no puedes ofender a Dios.
El Amor a Dios te exige,
un exigir con razón,
un exigir que te lleva
por el Camino de Dios.
Todos los caminos tienen
llano, monte, barranco,
espinas, fragancia, cansancio,
y final, decir a Dios:
“Éste no era mi camino,
mi Camino era el Amor,
Amor con tanta locura,
que aún no Le he dicho a Dios”.
TERESA DE ÁVILA
***
viernes, 22 de octubre de 2010
Esto es ser Santo - Libro 72 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo VII - Pag. 17-18-19
En Sueño Profético hablaban hombres que cuando estuvieron con materia les dieron el nombre de Santos. Hablaban de casos que a ellos les pasaron. Hablaban de la incomprensión del que no ama, de las maneras de ver de cada uno, del trabajo que pasaron por los dichos que les dieron, de la interpretaciones que hacían hombres de grandes conocimientos, que había veces que sin tú saber nada del saber que ellos tenían te hacían pensar.
-¿Es tan difícil comprender e interpretar todo lo que venga del Cielo? ¿Es tan difícil ser bueno? ¿Es tan difícil amar a Lo que no te exige nada ni te cuesta ningún dinero? ¿Es tan difícil sufrir presentando alegría? Pues esto es ser Santo cuando estás pisando suelo. Yo creo que se sufre más y cuesta más trabajo vivir si no crees en nada de Esto, que tanto extraña ahí.
Ya dijo Juan de Dios:
-Cuando has creído en Dios no te extraña nada de lo que Dios mande ni haga. No te extraña Verlo. No te extraña que mueva montañas. No te extraña que resucite al muerto, como yo presencié y todo el que rodeaba la cama cuando ya retiraban muebles que entorpecían. Pues a mí, sin creer merecerlo, venían las gracias con estas palabras: “Gracias, Juan, por tu Oración. Gracias, Juan, por tus visitas, que siempre vienes con Dios”. Esto a mí me pasó, y qué fácil veía que muchos vivieran como yo vivía.
Desperté, oí:
Yo veía más trabajoso oír lamento y seguir andando.
Yo quería que me siguieran, y a Dios siempre le pedía que lo interpretaran como cosa buena.
Que vieran a Dios a su lado cuando el sufrir les cerrara el camino de los Santos, que la carne quedara sin dolor y que mi Oración la pidieran.
No sé si este fue el nombre que me quedó: Juan de Dios, pero así me conocían.
JUAN DE DIOS
***
jueves, 26 de agosto de 2010
"Curo sin medicamento, pero el Poder de Dios llevo dentro" - Libro 51 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo V - Pag. 133-134-135
En Sueño Profético decían:
Las alegrías que vas dejando hacen que a Dios tengan que Nombrarlo. Este camino es el que forma más escándalo porque es donde a Dios más recuerdan y llaman.
Sigue el Mando de Dios en un espíritu de su Gloria:
Yo, cuando viví con cuerpo, acompañé varias veces a Juan de Dios. Y tuve que retirarme cuando visitaba a los incurables, algunos con llagas en sus carnes. Yo quería seguirlo a él y aprender a tratarlos, pero no podía. Era ver a los enfermos y mis piernas temblaban y mi cobardía me retiraba. De los pensamientos que me venían, que tanto me hacían sufrir, que tuve que decir un día: “Juan, yo no te puedo seguir, porque ni como ni duermo de pensar en los enfermos. Pide a Dios que yo me acerque a las camas contento, como tú lo haces.”
Ya le contesta Juan:
“Estos, que enfermos están, Dios los puede curar; y a nosotros la misma enfermedad nos puede llegar. Si todos tuvieran tu mismo pensar, Dios no curaba, ni mandaba a uno como a mí me manda, para que visite las camas en las que el enfermo cree en Dios y ama. Yo, cuando llego al enfermo noto Paz y este consejo: Juan, tú llevas medicamento en tus palabras, que bajan del Cielo. Que este Poder es para al enfermo consolar o curar”.
Desperté, oí:
Por Juan de Dios me conocían, porque mis primeras palabras eran estas:
“Retirar las tristezas y pensar que viene Juan de Dios a curarlos.
Curo sin medicamento, pero el Poder de Dios llevo dentro”.
Yo, cuando veía con Fe pedir curación, buscaba un sitio tranquilo para pedir a Dios que viniera conmigo, y ya hacía curación.
Juan de Dios me decían y con Dios estoy en su Reino.
No me importaba la cama ni el enfermo.
Del contagio me hice amigo y el contagio respetó mis sentimientos.
La verdad del Elegido la pregona más el enfermo que en el hospital está metido.
JUAN DE DIOS
***
sábado, 3 de julio de 2010
Dos grandes Elegidos - Libro 72 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo VII - Pag. 67-68-69
En Sueño Profético enseñaban a conocer a los espíritus que viven apartados de Dios y, también, enseñaban a acercarlos al Reino de Dios con la predicación de palabras y de acción.
Nombraban a muchos Elegidos contando el don que Dios les mandaba para seguir a unos más y a otros no darle palabra hasta que hicieran preguntas, hasta que en ellos el hambre de Dios les empujara a querer saber y a querer cumplir las Palabras que Dios manda para todos los hombres.
Hablaban de Juan de Dios. Hablaban de Teresa de Ávila. Decían:
Siendo dos grandes Elegidos cada uno tenía su Enseñanza, igual y distinta. Igual por ser del mismo Maestro, y distinta por ser en uno la caridad que repartía lo que te llevaba a Dios, y en otro el rebose de Amor a Dios, de palabras que te hacían pensar: “Dios está en este espíritu”.
Dijo uno:
Juan de Dios al llevarles el sustento les llevaba las Palabras del Cielo. Y Teresa de Ávila llevaba las Palabras que en Éxtasis recibía y enseñaba a amar a Dios, y les nacía caridad.
Sus palabras fuertes y duras hacían no vivir indiferente.
Desperté, oí:
Los dos fueron conocidos y grande Enseñanza dejaron.
Uno no llevaba el alimento material, pero movía a los espíritus a amar.
Sus palabras eran fuertes, como las garras del águila que cuando coge la presa nadie puede quitársela.
La humildad de Juan y su desvelo de Amor y caridad al Prójimo hacían que su silencio escándalo formara.
Y ya Juan de Dios le pusieron.
A muchos llevaron a la Gloria, cada uno en su terreno.
A unos con las palabras, pero viviendo el ejemplo.
Al enfermo y al necesitado dándole primero el alimento, pero nombrándole a Dios, que era el Dueño del sustento.
Juan decía: “No soy yo, es Dios que viene a mi encuentro”.
***
jueves, 6 de mayo de 2010
Dios ya te ha curado - Libro 39 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo IV - Pag. 71-72-73
...Leer en Inglés

En Sueño Profético decían:
Para el que cree en Dios, si está enfermo, eres grande medicina. Esto es más para el espíritu, y el espíritu achica el dolor a la carne, y siente mejoría. Esto no puedes obligar ni a creerlo ni a que la visita del Elegido la pidan. Esto es creer y amar.
Dijo uno:
Yo acompañé a Juan de Dios varias veces a visitar a enfermos que lo llamaban. Y el que la llamada hacía con Fe, Dios a la Fe contestaba.
Aquí cuento una entrada que hizo en un hospital, que yo presencié este caso:
Había en la puerta del hospital dos chiquillos esperando a Juan, uno tenía 15 años, y el otro 13. Se acercó el de 13, y le dijo:
-¿Tú eres Juan, que Dios te manda y curas?
Se quedó Juan parado, y el mayor sigue:
-Es que mi padre está muy enfermo, y siempre te está nombrando. Pero no quiere llamarte, porque dice que debía de haberte llamado antes de estar enfermo. Pero que ya no merece llamarte, por si Dios concede su Curación, que el cree que se curaba. Esto, dice mi madre, que toda la noche lo está diciendo. Y mi madre quiere ir en tu busca, pero él no quiere.
Juan les contestó:
-Id al lado de la cama, que ya voy yo detrás.
Cuando Juan se acercó a la cama, ya notó que el color amarillo del enfermo se iba quitando y su cara iba cambiando.
Juan dijo:
-Me han hablado mucho de ti, que siempre me estás nombrando. Pues piensa que era a Dios al que nombrabas, porque ya te ha curado. Tú me nombrabas de noche, y el nombre me despertaba. Ya me dijo Dios en un Sueño: Juan, lleva la Curación cuando te llamen.
Desperté, oí:
La Fe la vivían todos. Los hijos oían a la madre:
-Padre dice que si Juan fuera a su cama, se curaba. Pero que cuando estuvo bueno no lo buscó para que de Dios le hablara. Que si Dios lo perdonara, ya a su cama llegaría.
Los hijos buscan a Juan, y Dios Curación da.
Hubo Fe y arrepentimiento, y los hijos y la mujer lo presentaron en el pueblo, diciendo: “Juan de Dios lo ha curado”.
Vieron Curación del Cielo, porque la enfermedad no tenía remedio.
JUAN DE DIOS
***
domingo, 28 de marzo de 2010
Juan, esto es Dios que a ti te manda - Libro 26 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo III - Pag. 233-234-235-236
En Sueño Profético decían:
El que tiene este contacto de Espíritu, no puede ver bien la mayoría de las actuaciones que hace el que el contacto no lo tiene.
Puedes hacer una copia pero antes que termines, ya te estás arrepintiendo, porque te viene el pensar: “Esto, a Dios, Le está ofendiendo, y Dios quiere humildad como corderos, y que des el perdón al que el mal te ha hecho”.
El que tiene este contacto, no puede vivir distancias, porque ya ve un mundo raro.
Dijo uno:
Yo seguía a Juan de Dios, y siendo un camino triste, alegrías daba yo a mi Espíritu. Al ver cómo lo recibían y él como se entregaba, no podías dudar de que Dios lo mandaba.
En los sitios que la enfermedad seguía, se les cambiaba la cara y su presencia querían.
A muchos les oí decir:
“Juan, tú no curas, pero yo cuando te veo, ya me creo que estoy bueno. Si hay otro peor que yo, ve a él primero”.
Juan sigue el dictado:
Vi a muchos enfermos en cama, y sus Espíritus contentos, porque a Dios llamaban, sin Ofenderlo: “Juan, pide por mí; que muera sin ofender a Dios como otros hacen, culpando a Dios, que ellos no merecen tener dolor. Que mi boca no diga esas palabras”.
Si al hombre, Dios le mandara la cuenta al morir, o en la enfermedad del desprecio, o al mal que a Dios ha hecho, ¡qué pocos entraban en su Reino!
Desperté, oí:
Te ayuda a vivir la vida, cuando tú te ofreces al Prójimo, cuando llegas a las camas y ves la carne con deforme, o sin notársele nada, pero que cura no tiene.
Yo pedía a Dios su Poder para que en mí lo dejara, y al llegar al enfermo, el nombre de Dios dijera con estas palabras:
¡Juan, se me ha quitado el dolor. Esto es Dios que a ti te manda!
Otras veces, cuando entraba y veía la cama vacía, en la puerta me esperaban:
“Juan, Dios ha dicho que me den el alta”.
¡Cómo pagarle a Dios que la vida me la deje hasta que mis hijos sean el chico como el mayor, con ocho años!
Ya, en los sitios que enfermedad había, pero miseria, mi ayuda retiraba, el nombre de Dios se oía con unas fuertes ganas:
“Señor ponme bueno, que yo siga a Juan, para quitar penas y dar alegrías”.
Cuando oía esto, me entraba pena con alegría.
JUAN DE DIOS
***
lunes, 15 de febrero de 2010
El Poder del Elegido - Libro 59 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo VI - Pag. 60-61-62
En Sueño Profético hablaban del Poder que Dios le daba al Elegido, que había sido por Él elegido. Es un Poder que más lo ve el que cree y a Dios ama. Al sentir estas dos palabras ya, para todo, con el Elegido cuentas. Pero tienes que ver bien el camino que te aconseja, porque el consejo que da, ya Dios se lo ha puesto en su pensar. Que esto es pedido para que a Dios Lo busquen y Lo quieran más.
Sigue un espíritu con Mando de Dios:
El que cree y ama a todo le ve diferencia mejor cuando con el Elegido habla. Que esto lo nota el enfermo cuando se acerca a su cama. Yo tuve amistad con Juan de Dios y mucho le acompañaba, porque él quería que siguiera sus pasos por si algún día se encontrara malo, que yo sus palabras llevara a los enfermos.
Ya contaré unos casos que eran de sufrir y luego la alegría achicaba al sufrir:
Un día, llegando a la cama de un enfermo grave, estando un familiar delante, cuando vio a Juan no pudo callarse ni el enfermo ni el familiar. Cuando llegó a la cama, estas fueron las palabras: “Juan, yo sé que estoy grave porque mi enfermedad es de muerte, pero no puedo negar el medicamento tan grande que tu presencia me da. Pero mis padres dicen estas palabras: “Señor, si la enfermedad de mi hijo es para que crea en Ti como está creyendo, cúralo, que yo sé que será un pregonero para llevar a la Gloria incrédulos y cambiarlos por pastores de Dios”.
Otra cama y otro enfermo lo llamaron, y él se paró con estas palabras:
“Yo Le pido a Dios que vuestro espíritu vea el Poder de Dios”.
Antes de terminar dijo el enfermo: “Si yo lo llamo es para decirle que Dios me ha hecho lo que tanto he pedido. Cuando el diagnóstico del médico decía “muerte sin curación”, esto me puso peor, pero desde que veo a Juan mi vida ha cambiado y estoy contento, porque mi cuerpo muere, pero mi espíritu se va con Dios. Que esto lo he visto, que Dios me lo ha dicho en un sueño”.
Desperté, oí:
Dios me manda que sea yo el que diga estas palabras:
Si Dios habla en tu cuerpo, tú llevas este Poder al enfermo.
Es grande sufrir llegar a las camas de los enfermos sin medicamentos, como hace el médico. Y tú querer que sientan el Poder de Dios, aunque mueran.
Yo tuve enfermos que a mí se abrazaban cuando la muerte a la vida se llevaba.
Que estos enfermos están hoy en la Gloria oyendo mis palabras, que Dios me las manda para que queden escritas y ya de Juan de Dios hablan.
El que crea tus palabras te hará llamada para que te acerques a la cama, y curación le llegará al espíritu, que es el que la vida no acaba.
Muchos cuerpos curó el Poder de Dios, y el que no se curó y murió, lo vieron muerto, pero Aquí está vivo su espíritu, que es el que tiene Dios conmigo. Que mi nombre Dios me manda que quede en este Mensaje:
JUAN DE DIOS
***
Suscribirse a:
Entradas (Atom)