domingo, 30 de marzo de 2025

El Amor no permite que sea Dios culpado

En Sueño Profético hablaban de Dios Hombre, de cómo era juzgado por el hombre que no creía que era Dios aquel Hombre que veía.

Yendo un día tres de los Discípulos haciendo el trabajo que no cansa cuando amas y que no hace el que no ama, iban unos cuantos que querían al Maestro y otros que querían quererlo como éstos que tanto Lo querían. Pues al pasar por un camino, Juan iba tan al filo, por dejar sitio a los que querían oír a Felipe que estaba repitiendo unas Palabras del Maestro, dichas la noche del día anterior, que resbaló la suela de las sandalias y cayó a un gran barranco, no de profundidad y sí de extensión. Pues antes de ver a Juan caer al barranco ya estaban todos dentro, ya que no tenía más de medio metro de profundidad, y lo cogieron, y le hicieron las preguntas que a la caída van, y Juan les contestó: “No os preocupéis por mi caída, ya que no ha sido nada. Soy yo el que debo pediros perdón por mi poco cuidado, que os ha hecho pasar del momento de gozo al momento de mal rato”. Y fue a uno por uno diciéndoles estas palabras:

   —¡Qué mal rato te he dado, y ya ni siento dolor!

Fue cundiéndose la caída y la mayoría ofendía al Maestro por el paso que llevaban viendo a Juan cojeando. Al aparecer el Maestro, Juan mucho más Amor Le presenta y estas palabras Le dice:

   —Maestro, íbamos hablando de Ti y mi falta de cuidado me hizo salir del camino y me encontré en el barranco, pero todos ya conmigo.

Ya le contesta el Maestro:

   —Sí, Juan, tú grande Amor enseña a que en el dolor más crezca el Amor a mi Padre y así podrás estar Conmigo mañana en espíritu, como hoy estás en espíritu y materia.

Desperté, oí:

¡Qué palabras, dichas en espíritu y dictadas a la materia!

¡Qué Pasaje, que si no lo dicta Dios, para siempre perdido queda!

¿Quién pensaría que la caída de Juan serviría de gran Enseñanza?

Luego lo iban contando, con alegría al principio y al final algunos salían llorando.

Unos decían: “¿Cómo lo dejó el Maestro que cayera en el barranco?”.

Y otros, sin miedo, decían: “Él mandaría tirarlo”.

Grandes comentarios hubo de risa cuando iba cojeando.

Sin saber que era Enseñanza del grande Amor aceptando.

Pues el Amor no permite que sea Dios culpado.

***

Libro 74 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo IX - C7

No hay comentarios:

Publicar un comentario