En Sueño Profético hablaban de hacer el bien, el bien que Dios hizo cuando vivió de Hombre y le enseñó al hombre.
Estando un día Jesús hablando a los Discípulos, diciéndoles: “Al hacer el bien o el mal ya vais diciendo si estáis Conmigo o si vais a mi contra”, llegaron unos y Le dijeron:
—¿Puede que uno crea que hace el bien y esté haciendo mal, y puede que uno haga el mal y luego haga el bien?
Fueron bien hechas estas preguntas para el hombre, pero no para Dios. Y Jesús les contestó:
—Haciendo lo que mi Padre dice en Mí, siempre harás el bien, aunque te juzgue mal el que lo vea porque no esté Conmigo y quiera poner la cizaña al lado de la espiga. Nadie que haga el bien pensando en Mí pierde la Gloria, porque Yo llevaré el bien al sitio donde no pueda llevarlo el que lo hace. Hacer el bien al Prójimo, sin juzgarlo, es obediencia a mi Padre. Seguidme y veréis que donde el hombre quiera Yo dejo el bien, porque puede el bien exigirles a que dejen el mal que han hecho.
Desperté, oí:
Nadie pierde la Gloria por hacer el bien, pensando: “Esto lo hago por Dios”.
Nadie enfada a Dios si no guarda el perdón.
Y nadie cree que a Dios amas si sus Palabras no cumples, aunque las digas.
¡Qué contestación la del Maestro!:
“Haciendo lo que mi Padre dice en Mí, siempre harás el bien, aunque te juzgue mal el que lo vea porque no esté Conmigo y quiera poner la cizaña al lado de la espiga”.
El que ama a Dios, la cizaña no la pone; al revés, cuida la espiga.
Que este es el abono que Aquí llega de esa vida.
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Libro 74 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo IX - C7
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