En Sueño Profético decían palabras para llevarlas a la Tierra, para que el hombre pensara que a ese mundo Éste lo maneja.
Dijo uno:
De Aquí sale el mecanismo del movimiento en la Tierra. Van muriendo y naciendo. El día es nacimiento y a la noche llámale entierro, que ya lo que vio aquel día no puede otro día verlo. Verá las mismas estampas, pero ya las de otro día y pertenecen a otro entierro. La noche te va tapando a los días sin tú quererlo. La noche lo que no tapa es el grande remordimiento, y te va poniendo en la noche sufrir de remordimiento y se te hace la noche larga, recordando lo que has hecho. La noche va punteando y se para en el recuerdo: “¿Por qué hice esto mal o por qué lo estoy haciendo? Mañana ya no lo hago aunque el mal me lleve a hacerlo”.
Esto es remordimiento que no puede dar olvido. Al revés del bien que hagas, que vas sembrando y cogiendo. Y la noche ya se encarga de dar la satisfacción, aunque no recuerdes nada.
Desperté, oí:
Es tranquilidad de Dios lo que se siente a todo el bien que hagas.
Aunque pronto das olvido y el ritmo nunca se acaba.
El ritmo de tu pensar, que aunque no puedas llegar, pero tus ganas ya aguardan.
Va grande la diferencia de hacer el bien y llegar la noche, o que no te deje la conciencia.
Pues el bien es una ley que en olvido va quedando.
Y la conciencia se encarga de recordarte el daño.
Más cuando el día se ha ido y la noche ya ha llegado.
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Libro 69 - Dios No Quiere, Permite - Tomo VIII - C1
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