En Sueño Profético decían:
El hombre, si en todo lo que fuera a hacer pensara en Dios, ya le contestaría su espíritu –que el hombre llama conciencia– para que lo hiciera o para detener acción o palabras.
Si el hombre, al llegar la noche, hiciera dos escritos para no olvidar el bien o el mal que había hecho. Si el hombre esto hiciera, seguro que iría aumentando el bien y achicando el mal, cuando viera la ganancia del bien y las pérdidas del mal, aunque el mal quiera engañarte queriendo que tú sigas haciendo el mal.
Dijo uno:
Yo, cuando ahí dejé mi cuerpo, porque mi espíritu fue llamado por el Dueño de mi espíritu y de mi cuerpo, me vine bien enseñado. Que me dio esta enseñanza el abuelo de mi madre. Siempre tenía estas palabras dispuestas: “Si quieres hacer poco mal, hecho en tu vida, lleva siempre un papel y un lápiz en tu conciencia, y cuando llegue la noche repásate tú la cuenta de lo que hiciste mal, que mal lo ve el Cielo, aunque bien lo vea la Tierra, y lo que el Cielo te dicte, que es el bien, que esto se llama conciencia. Este escrito no lo cambies, para que Paz siempre tengas”.
Desperté, oí:
Cuerpo tenía yo de hombre, pero experiencia de niño, pero me aprendí este tema, y lo estuve practicando hasta que dejé ese mundo con más de 70 años.
En otros los fui cundiendo, y de nombre me pusieron: “El del lápiz y el cuaderno”.
Hoy mi espíritu, con el Mando de Dios, vuelve a repetir lo que mi espíritu con cuerpo vivió.
Si cundes este Dictado, que antes fue dicho al espíritu sin cuerpo, vive con este pensar: “Yo sé que Dios está contento”.
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Libro 22 - Investigaciones a la Verdad - Tomo III - C8
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