En Sueño Profético hablaban de mí. Decían:
Ella no siente pereza para hablar de esta Gloria. El hombre no tiene ganas de que le hablen de Aquí. Ella está siempre en espera de decir lo que Dios le dice, en espera para el que quiere oírla, sirviéndole el Mensaje en bandeja y teniendo sufrimiento en su interior: verbena por fuera, azotes por dentro. Dios sabe quién es el que azota, antes de que levante el brazo.
Si para saber el Mensaje que Dios le da a diario tuvieran que dar algún sacrificio a cambio, jamás habría espera de que fuera oído. Si con Amor y sin obstáculos no acuden a saber de este Dios, ¿qué harían cuando tuvieran que implorar el oír su Palabra? Si el que no quiere oírla hiciera un examen de conciencia –pero justo–, comparando vida de ella y vida suya, certificaría el Sí, pero el Sí mayúscula.
Siempre que Dios habló, el hombre juzgó al Profeta. Luego, Dios, juzgó al hombre.
Dios, cuando habla en un Lugar, deja que el hombre vea que es Él el que en este Lugar habita.
Desperté, oí:
Al que Dios le habla
lo lleva en la cara,
y si tú Lo amas,
lo aceptas al mirarla.
Lo lleva en la cara
y lo practica en el Prójimo.
Y Dios lo trae Aquí,
lo trae para que cuente
pasajes que no hay ahí,
pasajes que sólo sabe
el que Dios quiere decir.
¿Por qué el hombre ahonda tanto
cuando le hablan de Aquí,
y no acepta la nobleza
cuando le quieren decir:
“que yo no soy el que digo,
que es que lo dicen en mí”?
Ni yo sé hablar de la Gloria,
que es que me llevan Allí
y me dan explicaciones
que yo no sabría decir,
si Dios no me las dijera,
cuando te las digo a ti.
Ama y verás en la cara
al que Dios le habla ahí.
Porque Dios deja su Huella
para poder definir
lo que es de ahí, de la Tierra,
o lo que es del Dios de Aquí.
Obedece a Dios, amando,
como Él te lo mandó.
Mira a la cara primero,
ante de decir que no,
que no habla Dios del Cielo,
al que antes a Él amó.
***
Libro 7 - Investigaciones a la Verdad - Tomo I - C9
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