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lunes, 24 de abril de 2017

Libertad maldita, engaño del hombre

En Sueño Profético hablaban de la libertad que el hombre le da al cuerpo por no creer en el espíritu ni en otra Vida, de donde baja el “sí” para que su cuerpo tenga vida hasta que el espíritu oiga llamada de su Dueño.

Decían:

El hombre debería dejar la libertad para hacer lo bien hecho y publicarlo, que sería premio a lo bien hecho. Pero lo que fuera a hacer mal, prohibirlo antes de hacerlo. Si el árbol daba veneno, no sembrarlo. Y si su fruto daba veneno, para otras cosas emplearlo, y que esto fuera vigilado, sin poder nadie llegar al veneno que da el árbol.

Si lo que no se debe hacer, desde niño estuviera vigilado, ya crecería aquel cuerpo sin poder hacer nada malo, y todo le extrañaría que el no hubiera pasado. Si oyera decir “aquél tiene hambre y no tiene comida”, si estaba acostumbrado a hacer el bien, él daría la mitad de la suya. Y si oyera decir “dos hombres se han pegado”, su cara se entristecería, por no estar acostumbrado a que el hombre se maltrate como las fieras del monte.

Si el hombre creyera que hay otra Vida después de ésa, el cuerpo seguiría al espíritu, para ayudar a que el espíritu no se perdiera y volviera al Sitio de donde Dios lo mandó a la Tierra.

Desperté, oí:

Culpaban en la Gloria al hombre de que el hombre perdiera la Gloria.

Nombraban mucho: “Libertad maldita, engaño del hombre”.

Libertad, que debería ser empleada para los Mandamientos de Dios practicar y publicar.

El hombre podría, al mal, quitarle la libertad, y ya iría preparando para que quisieran Gloria.

Dios podría quitar la Libertad con una sola palabra.

Pero esto no lo hace Dios, porque su Gloria ya no sería Gloria.

Sería un sitio eterno, que existe con el nombre de Infierno.

Dios manda la vida al cuerpo, y luego llama a la vida.

Si el hombre cuida el cuerpo, Aquí cuenta con Gloria segura.

¡Es lástima que los hombres vivan cultura y progreso y no enseñen a vivir cómo no perder el Cielo!   

El hombre puede emplear la Libertad para hacer el bien.

Y perseguir todo lo que lleve al mal.


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Libro 29 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo IV - C3

viernes, 30 de julio de 2010

Enfermedad maldita - Libro 26 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo III - Pag. 231-232-233


En Sueño Profético hablaban del pecado, cuando tú ves que es pecado; cuando tú piensas, ¿por qué he pecado?, cuando tú te sientes de Dios retirado; cuando tú quieres pedir a Dios y te sientes avergonzado, y el remedio no lo ves, por lo mucho que has pecado. Tú mismo, sin querer pecado, no te alejas de él, por no merecer ser perdonado.

¡Esta enfermedad maldita, te ofrecen curarla con más pecado!

Yo, como tanto oí, después de dejar pecado, mis palabras enseñaban y a veces salían llorando. Que esto no es cobardía, que es la fuerza y el arrepentimiento que están luchando. La fuerza, de lo que te llevó al pecado. Y el arrepentimiento, cuando en Dios has pensado, cuando lo malo no ves mal hecho.

En mi cabeza tenía escrito aquellos momentos que me llevaron al pecado. Cuando me pude quitar, yo perseguía al pecado, aunque oía palabras que me hacían mucho daño. Cogía libros de estudio que mi uso me habían dado en mis primeros estudios y tenía que dejarlos. Oía hasta mi nombre con estas palabras:

“Agustín, tú ya estás condenado”.

Deprisa cerraba el libro y me ponía las manos en la frente, y veía todos los caminos cerrados. Yo pedía con exigencia castigo o perdón.

Desperté, oí:

Cuando pensaba el pedir que a Dios yo hacía, también me mortificaba el espíritu maldito.

Pero me venía más fuerza para que odiara el pecado y pensara a lo que Dios bajó a la Tierra.

La primera vez que oí, sin oír de Dios palabras, yo ya no era Agustín, era una fuerza que aparta, que sin ver ni oír, sabes que del Cielo baja.

Mi Enseñanza la cundí cuando la Tierra pisaba, y hoy que estoy Aquí, Dios me manda que dicte estas Palabras.

AGUSTÍN DE MÓNICA


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