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lunes, 11 de octubre de 2021

El que trate de reformar Mis Palabras, no puede sentarse a mi Mesa

En Sueño Profético decían:

Dios no puede permitir que el que oiga sus Palabras, las cambie por las suyas, por creer que son mejor dichas.

Oyendo estas Palabras se vio como una nave grande, con una mesa, donde estaban los Discípulos de Dios Hijo esperando que el Maestro llegara. Se dice Maestro porque Dios así quería que Le llamaran. De pronto se pusieron todos de pie, menos dos que venían con el Maestro, que eran los Discípulos que en la mesa faltaban. Dios hizo Presencia con su Túnica y su Manto, que el aire movía. Su Rostro te daba y también te pedía. Ya que todos se sentaron, Dios dijo:

Las Palabras que Yo os diga, el que trate de reformarlas, no puede sentarse en mi Mesa. Aquí se sientan pocos. Esto es lo que quedará en los Escritos para toda la vida temporal y luego la Eterna, donde no hay cuerpos. Tenéis que aprender lo que mi Padre dice en Mí y ahora está diciendo”.

Quedó silencio y un Discípulo que acompañó al Maestro dijo:

“Estas Palabras que el Maestro ha dicho son para que todo lo que nos diga, no consintamos que tenga reforma”.

Dijo Santiago:

Un día, estando en un mesón, esperando a uno que quería que le habláramos de la Vida Eterna, se presentó con otro que tenía fama de grande talento de la Tierra, y dijo estas palabras: “Si vosotros queréis aprender para ir hablando con el Maestro, buscadme y yo os enseñaré”.

Mi contestar fue éste:

“Si el Maestro no fuera Dios Hijo, nosotros no tendríamos el Saber que es Saber del Cielo, donde está la Gloria y el Reino de Dios. El que busque otra enseñanza, que se aparte del Maestro”.

Estas Palabras fueron las que el Maestro quiso dar a los Discípulos cuando los sentó a su Mesa y aquí repiten:

“El que trate de reformarlas, no puede sentarse a mi Mesa”.

Desperté, oí:

Todo el Mensaje ha sido diciendo, para que sirva de Enseñanza, que las Palabras que Dios dice, que son éstas, la reforma puede tener castigo.

Cuando recuerdas la Presencia de Dios, Maestro para sus Discípulos, ya pisas los impedimentos que te pongan.

No se puede olvidar aquel salón tan grande, con visión antigua, y los Discípulos sentados a la mesa, esperando al Maestro.

Todos se pusieron de pie y con gran alegría dijeron:

“Maestro, si al que quiera reformar tus Palabras le damos la espalda, ¿Tú no te enfadas?”.

“Pues si no Te enfadas, yo enseñaré muchas Palabras que de tu Enseñanza tengo aprendidas”.

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Libro 64 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo VIII - C3

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Todos éstos se sientan a su Mesa

En Sueño Profético vi una mesa muy grande. Estaban Dios Hijo y muchos sentados alrededor. Se levantaban éstos y acudían otros, y se sentaban también. Esto lo vi hacer unas cuantas veces. Y dijo Dios Hijo:

“El que ame a mi Padre, se sentará a la mesa de Dios Hijo. No sólo se sentaron los Doce, se sentará todo el que cumpla la Voluntad de mi Padre”.

Dijo uno que estaba sentado a la derecha del Maestro –éste era uno de los que no se quitaban para que se sentaran otros. Éste no se quitaba como igual los diez, o sea, siempre quedaban los Once–:

“En su Vida Material nos sentábamos los que Lo amábamos y queríamos aprender de Él. Y Aquí se sienta todo el que entra en su Gloria y ruega al Padre por los pecadores. Sentarse a la mesa es la prueba más grande de Amor y Amistad que Dios da. Ahí podría decirse de Amistad, y Aquí de Amor”.

Desperté, oí:

Al dar Dios su Amistad, ya Ama, y al Amar, ya te tiene entre sus íntimos.
  
Todos éstos que se sientan a su Mesa son los que se te comunican; se comunican y cuentan hechos ocurridos en su vida material.

Unos presenciados por ellos y otros ocurridos a ellos.

Todo es Enseñanza para el espíritu, y el espíritu enseñe a la carne.

La carne aprende lo que el espíritu quiere.

El espíritu que ama a Dios y respeta la Voluntad de Dios, su carne no hace nada mal hecho.

La actuación de la carne presenta al espíritu.

El que trate al que Dios se comunica, por la actuación de la carne verá a Dios dentro.

Dios, cuando actúa a través del hombre, se deja ver.


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Libro 1 - Meditaciones y Palabras Directas con el Padre Eterno - Tomo I - Pag. 33-34