En Sueño Profético se vio una avenida llena de gente. Se veían de espaldas, no de frente.
Dijo uno:
Si al que ama a Dios y servirle quiere, le saliera una luz en la cabeza, que todos la vieran, pocas luces verían, porque de este Amor escasea el hombre.
Al hombre pídele para el hombre, y si al que le pides sabe que es para un hombre importante en la Tierra, de momento cogerá caminos y servido quedarás. Pero para Dios ponen la frontera.
Si el hombre pensara en la vida del cuerpo, a Dios no Le negaría nada.
Y antes de pedirle el hombre a Dios, con alegría lo daría, a pesar de los siglos que han pasado que Dios bajó a la Tierra y se hizo Hombre y enseñó al hombre que lo primero fuera el amarse.
Habiendo Amor, habría Paz, y esta Paz haría contacto en el Cielo. Las Palabras de Dios quedan escritas, pero la falta de Amor y que otros crean que ahí termina la vida, hace que la Paz no reine.
El hombre necesita que no le falte el pensar en los muertos que estuvieron vivos como está él, y que llegando la muerte, Aquí, el documento que sirve son tus hechos.
Desperté, oí:
Tiene que repetir la Gloria, que si el hombre desprecia sus Palabras, dichas antes de Su Venida, dichas cuando vivió de Hombre en la Tierra, y que hoy las sigue diciendo y manda que las escriban, al conocerlas y despreciarlas, el día que su cuerpo muera, Aquí no podrá entrar.
Si al que ama a Dios y quiere servirlo le saliera una señal, sería gran pena que el que amando a Dios, esta señal no viera.
No puedes querer a Dios sin tener estas palabras en tu memoria y tu lengua: “Señor, mándame lo que Tu quieras. Si tu Mando despreciara, llévate mi vida, y mi carne déjala muerta”.
“Porque si yo no Te sirvo, yo ya me doy por muerta”.
“Quiero estar viva para Ti y muerta para la Tierra”.
***
Libro 27 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo II - C5
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miércoles, 12 de julio de 2017
viernes, 24 de enero de 2014
Cultura sin Dios es pluma en ave muerta
En Sueño Profético decían:
La Palabra de Dios nunca tendrá cambio, ni en la Tierra ni en el Cielo.
Si la Palabra de Dios tuviera cambio, tendría el hombre disculpa. Tendría el hombre disculpa cuando Dios se manifestara para que cumpliera sus Palabras, diciendo: “Señor, es que antes tenías otra Enseñanza”.
Las Palabras de Dios las conoce el que a Dios ama.
Dios baja a la Tierra y no reforma, baja para enseñar a amarse, para enseñar a perdonar y para ofrecer su Reino, dejando la Libertad mientras el espíritu está unido al cuerpo.
Dios no tiene cambio, por ser Dios y querer que todos Lo quieran.
Estas Palabras Dios les dijo a los Discípulos:
“El que os desprecie, pensad que el desprecio ha sido para Mí, por no ser vosotros dueños de mis Palabras”.
“Mis Palabras son mi Padre en Mí. Cuando vosotros llevéis mis Palabras, soy Yo en vosotros”.
“El que os conozca y nos os abra las puertas, pensad que es a Mí”.
Desperté, oí:
Hace falta pensar poco
para ver que Esto
es Palabra de Dios.
¡Hombres llenos de soberbia,
que ya sabe el reloj y la aguja,
que son centinelas de la Palabra de Dios,
que están esperando el decir:
“a esta hora murió”!
Si esto pensara el hombre,
no negaba tanto
la Existencia de Dios.
¡Hombres de grande cultura,
que su cultura les sirve
para apartar de la Gloria!
La cultura que es de Dios,
a Dios te acerca y te lleva.
Porque cultura sin Dios
es pluma en ave muerta.
***
Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II - Pág. 54-55-56
La Palabra de Dios nunca tendrá cambio, ni en la Tierra ni en el Cielo.
Si la Palabra de Dios tuviera cambio, tendría el hombre disculpa. Tendría el hombre disculpa cuando Dios se manifestara para que cumpliera sus Palabras, diciendo: “Señor, es que antes tenías otra Enseñanza”.
Las Palabras de Dios las conoce el que a Dios ama.
Dios baja a la Tierra y no reforma, baja para enseñar a amarse, para enseñar a perdonar y para ofrecer su Reino, dejando la Libertad mientras el espíritu está unido al cuerpo.
Dios no tiene cambio, por ser Dios y querer que todos Lo quieran.
Estas Palabras Dios les dijo a los Discípulos:
“El que os desprecie, pensad que el desprecio ha sido para Mí, por no ser vosotros dueños de mis Palabras”.
“Mis Palabras son mi Padre en Mí. Cuando vosotros llevéis mis Palabras, soy Yo en vosotros”.
“El que os conozca y nos os abra las puertas, pensad que es a Mí”.
Desperté, oí:
Hace falta pensar poco
para ver que Esto
es Palabra de Dios.
¡Hombres llenos de soberbia,
que ya sabe el reloj y la aguja,
que son centinelas de la Palabra de Dios,
que están esperando el decir:
“a esta hora murió”!
Si esto pensara el hombre,
no negaba tanto
la Existencia de Dios.
¡Hombres de grande cultura,
que su cultura les sirve
para apartar de la Gloria!
La cultura que es de Dios,
a Dios te acerca y te lleva.
Porque cultura sin Dios
es pluma en ave muerta.
***
Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II - Pág. 54-55-56
jueves, 4 de abril de 2013
Antes muerta que callar mis palabras
En Sueño Profético decían:
No hay quien ame,
y amando, deje de amar.
No hay quien busque queriendo,
y ya que ha encontrado,
olvide el buscar.
No hay quien diga ¡Dios mío!,
queriendo engañar,
si ese ¡Dios mío!
sale de un gran amar.
¡Es tan sencillo el querer
cuando Amor habita ya!
Es triste y causa pena,
que pocos quieran amar.
No hay quien quiera seguir a Dios,
y le canse este caminar.
No hay quien llore a Dios
arrepentido de su mal,
y Dios le nombre pasado
sin quererlo perdonar.
Yo pregonaba su Amor,
y daban ganas de amar,
pero el hombre perseguía
esta forma de enseñar.
Yo enseñaba sin libros
ni textos que el hombre hiciera.
Yo contaba lo que oía
que Dios me decía sin habla,
o lo que Dios me ponía
en Visión, que no había nada.
Ni había habla ni Visión
para aquel que a Dios no amara.
El que a Dios quería ver,
antes de oír mi habla,
me buscaba para decirme:
Teresa, ven a mi casa,
que mi familia te espera,
y llena tienes la casa
de buena gente que quiere
que enseñes a que Amor nazca.
Ya me entraba una alegría
y un fuerza en mis palabras,
que pararlas no podía,
y antes muerta que callarlas.
Estas Palabras de Dios,
que Dios te da para darlas,
si no las dieras serías
alma, pero endemoniada;
ya faltabas a la Obediencia,
y a Luzbel dabas compaña.
Desperté, oí:
Antes de no obedecer,
que Dios me mande martirios,
dejándome con Luzbel.
Yo no callaba el Amor
que dentro de mí vivía.
Yo no podía mandar
al que del Cielo venía,
y otras veces me llevaba
haciéndome compañía.
Cuando ya me despertaba
de aquel sueño sin dormirme,
era cuando notaba este Amor
y pensar el perseguirme.
¡Qué lástima que no busquen!
¡Qué lástima que no sientan!
¡Qué lástima que no sigan
persiguiendo a muchos hombres
por éxtasis que tuvieran!
¡Si el hombre se dedicara
a buscar como las fieras,
a este Amor, que a más lo busques,
más quiere Dios que Lo quieras!
Yo fui fiera en defender
las Palabras de mi Dios,
y a Dios nunca Lo enfadé.
Si callo por obediencia
al que con Dios hoy no está,
yo tampoco voy a la Gloria,
y hoy le sirvo a Satanás.
Yo tenía que ir gritando
el Mando de este Mandar.
Aquel que sienta este Amor,
imposible este callar.
TERESA DE ÁVILA
***
Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pág. 179-180-181-182
No hay quien ame,
y amando, deje de amar.
No hay quien busque queriendo,
y ya que ha encontrado,
olvide el buscar.
No hay quien diga ¡Dios mío!,
queriendo engañar,
si ese ¡Dios mío!
sale de un gran amar.
¡Es tan sencillo el querer
cuando Amor habita ya!
Es triste y causa pena,
que pocos quieran amar.
No hay quien quiera seguir a Dios,
y le canse este caminar.
No hay quien llore a Dios
arrepentido de su mal,
y Dios le nombre pasado
sin quererlo perdonar.
Yo pregonaba su Amor,
y daban ganas de amar,
pero el hombre perseguía
esta forma de enseñar.
Yo enseñaba sin libros
ni textos que el hombre hiciera.
Yo contaba lo que oía
que Dios me decía sin habla,
o lo que Dios me ponía
en Visión, que no había nada.
Ni había habla ni Visión
para aquel que a Dios no amara.
El que a Dios quería ver,
antes de oír mi habla,
me buscaba para decirme:
Teresa, ven a mi casa,
que mi familia te espera,
y llena tienes la casa
de buena gente que quiere
que enseñes a que Amor nazca.
Ya me entraba una alegría
y un fuerza en mis palabras,
que pararlas no podía,
y antes muerta que callarlas.
Estas Palabras de Dios,
que Dios te da para darlas,
si no las dieras serías
alma, pero endemoniada;
ya faltabas a la Obediencia,
y a Luzbel dabas compaña.
Desperté, oí:
Antes de no obedecer,
que Dios me mande martirios,
dejándome con Luzbel.
Yo no callaba el Amor
que dentro de mí vivía.
Yo no podía mandar
al que del Cielo venía,
y otras veces me llevaba
haciéndome compañía.
Cuando ya me despertaba
de aquel sueño sin dormirme,
era cuando notaba este Amor
y pensar el perseguirme.
¡Qué lástima que no busquen!
¡Qué lástima que no sientan!
¡Qué lástima que no sigan
persiguiendo a muchos hombres
por éxtasis que tuvieran!
¡Si el hombre se dedicara
a buscar como las fieras,
a este Amor, que a más lo busques,
más quiere Dios que Lo quieras!
Yo fui fiera en defender
las Palabras de mi Dios,
y a Dios nunca Lo enfadé.
Si callo por obediencia
al que con Dios hoy no está,
yo tampoco voy a la Gloria,
y hoy le sirvo a Satanás.
Yo tenía que ir gritando
el Mando de este Mandar.
Aquel que sienta este Amor,
imposible este callar.
TERESA DE ÁVILA
***
Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pág. 179-180-181-182
domingo, 12 de diciembre de 2010
Carne muerta, espíritu vivo - Libro 83 - Te Habla el Profeta - Tomo XI - Pag. 20-21-22-23
En Sueño Profético hablaban del recuerdo que el hombre le tiene a la carne muerta, y el olvido al espíritu vivo.
Si amas a Dios es porque crees en la Gloria, y ya vives espíritu y recuerdas la carne muerta y sientes compañía de aquel ser querido. Si recuerdas la carne y el espíritu lo tienes en olvido, es figura de cartón que por un tiempo ha servido. Esto no es amar a lo que Dios ha querido. Ha querido de querer, y luego ha querido que el espíritu esté con Él, porque antes suyo ha sido.
Dijo uno:
¡Qué pocos saben del espíritu! ¡Qué pocos saben de la muerte! De cómo hay que recibirla cuando Dios la muerte quiere. ¡Qué pocos pagan el querer con recuerdo cuando ya carne no ven! Lo mismo que creen que han querido, es después el aborrecer. Es miedo y odio de no querer nunca ver lo que él tuvo, en cariño o en las costumbres que vivió con él. Luego creen que lo recuerdan más queriendo huir de aquellos sitios y haciendo sus vidas al revés.
El que cree y ama a Dios, siempre tiene en su mente una carne que murió y una vida que no ha muerto, porque vive ya con Dios.
Desperté, oí:
Estas son las enseñanzas que el hombre desconoce.
Hablan de la carne muerta y el espíritu no lo sienten.
No lo sienten porque falta la Enseñanza de que no está muerto.
¡Cuántos adoran la sepultura!, olvidando que no está muerto.
Todo el que ama a Dios da primero su recuerdo a lo que nadie enterró.
Si vives amando al Cielo sientes contacto de Dios y Él ya te da presencia de lo que vive con Dios.
***
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