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martes, 9 de enero de 2024

El Maestro de los Discípulos me lo ha enseñado

En Sueño Profético se vio un monte grande, más grande que alto. Estaban muchos hombres hablando, todos decían las mismas palabras, porque al Maestro, como Dios quería que Le llamaran, Lo estaban esperando. También había mujeres con niños,  unos los tenían en brazos y a otros de pie, con unos siete u ocho años. Uno decía: Yo no me voy hasta que venga el Maestro. Que yo Lo conozco y Él me quiere mucho, porque cuando un día me vio por la calle, me paró y me preguntó por mi padre y me dijo:

“Tú sigue pensando en Mí y cuando seas hombre sigue los pasos de tus padres, y ya eres mi Discípulo, como éstos que estás viendo”. Esto me lo dijo unos días antes de yo cumplir nueve años”.

Estando terminando estas palabras, todos los que allí estaban, se pusieron de pie, porque estaban en piedras sentados, y dijeron, con fuerzas de alegría: “¡Ya viene el Maestro!”.

Venía con los Discípulos y la cantidad de gente que había esperando se retiró, dejando camino para que pasara Dios Hijo, Maestro, como Él quería que Le llamaran sus Discípulos. Pues a pesar de la gente que había, se fue al sitio que estaba el niño de nueve años, que había estado hablando de Él, y estas fueron sus Palabras:

"Desde este momento, ya puedes decir que ya te tengo con mis Discípulos, para que siempre que quieras, te vean con ellos. Y lo que aprendas, si puedes enseñarlo, hazlo, diciendo: ‘El Maestro de los Discípulos me lo ha enseñado".

Esto se cundió, y el monte cada vez más se iba llenando de mayores y niños, unos iban solos, y la mayoría con sus padres; unos tenían la cara contenta y otros el llanto lo ponían las lágrimas.

Este Mensaje, lo que se ha visto y se ha nombrado, fue cuando Dios estaba con cuerpo en la Tierra. Que se hizo Hombre para enseñar a no perder la Gloria.

Todo lo que en el Arrobo se ha visto, Dios ha dado el Mando para que se vea y se oigan todas las palabras que Dios Hijo dijo con el Poder de Dios Padre, y así es igual que cuando pasó.

Desperté, oí:

Como no veas la Visión que Dios ha puesto en el monte, es difícil que tú igual lo cuentes.

El niño que se ha visto en el Arrobo, siempre estaba nombrando al Maestro, con sus amigos, y decía:

“Yo, cuando sea hombre, me voy con sus Discípulos”.

Pues así fue y hoy está en la Gloria con ellos.

Mandan que se deje dictado y quede escrito todo lo que dicen los Mensajes.

Ya que creía haber terminado, se vio la carne que Dios me unió, en su despacho, con su cuerpo y su traje normal como cuando copiaba los Mensajes. Su mirada era la misma, para quitar sufrimientos.

Ya me dijo: “Ana cuídate, cuídate, que tu cuerpo le hace falta a tu espíritu, para hacer el bien al Prójimo”.

Todo lo que yo digo, lo dice un espíritu de la Gloria en mi espíritu.

No tenía sueño, porque la alegría le podía al sueño.

***

Libro 64 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo VIII - C8

viernes, 1 de enero de 2016

Aprende del que está enseñado por Dios

En Sueño Profético hablaban dos mujeres.

Dijo una:

¡Cómo se aprende al lado del que está enseñado por Dios! ¡Con qué sencillez te aclara lo que tú no puedes desliar!

Dijo uno:

Estas dos mujeres tenían amistad con Felipe, el Discípulo de Dios Hombre, Maestro de toda la Enseñanza de espíritu y materia. Pero Él enseña al espíritu, y éste ya enseña a la materia. Estas dos mujeres no hacían nada sin consultar a Felipe, al que gran amistad le unía a toda la familia. Un día, estando ellas diciendo cómo se notaría el que estuviera poseído por los demonios, vieron a Felipe que a larga distancia venía con el Maestro y
cuatro más.

Dijo una de estas mujeres:

   –¿A quién se lo preguntamos, a él o al Maestro?

Contestación de la otra:

   –Yo, si no se lo pregunto a Él, mi disgusto me queda. ¡Pero yo no me veo al lado del Maestro hasta que más lo quiera!

Esta mujer tuvo algún nublado en su vida anterior, y el trato de Felipe le hacía vivir vida santa, pero ella aún veía el peso del mal que hizo, más cantidad de mal que de bien estaba haciendo, y esperaba nivelar para tener trato con el Maestro.

Ya llegan, se paran, y no habla Felipe, habla el Maestro:

   –Lo que quieras saber, pregunta, y te daré respuesta.

Como empezó a llorar, los sollozos le impedían las palabras, y Dios le dice:

   –Conocerás al endemoniado, porque se le cambiará la cara más, cuando le hablen de Mí, que cuando le hablen de mi Padre. Aunque Yo soy el Mismo Dios. Pero a mi Padre no lo tiene presente como tiene al Hijo, con contacto de Espíritu y Carne.

Desperté, oí:

Dios mismo te dice, que siendo el Mismo, no es el Mismo para el Hombre.

Dios en Espíritu, no era ver a Dios de Carne.       

Al Padre lo tenía lejos, el que no amaba.

Al Hijo lo tenía delante el que lo quería, y el que no, quedaría al descubierto.

Aquí te lo aclara este Dictado.

El trato de Felipe en aquella familia, quita de pecar.

A este arrepentimiento lo va purificando el Amor, hasta quedar transparente.

Ella, quería que bajara la balanza, con Amor. Y Dios, a ella, le quita el peso.

Aprende de estas Palabras dichas por el Mismo Dios.

Que la carne que te habla siendo vista por Dios, fijo a la Gloria te manda.

El demonio irá buscando la forma de retirarte de donde Dios se encuentre hablando.

Pero siempre hay un Felipe, que Dios lo manda enseñando.


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Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - C3