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domingo, 14 de febrero de 2021

Si amas, no puedes vivir sin saber del Amado

En Sueño Profético decían:

Cuando actúa Dios en una persona, no puede taparse ni guardar silencio. A éste, aunque no lo quisieran los que no quieren, algo le irían viendo. Algo que transmite en cualquier momento. ¡Qué poco hay que saber para esto comprenderlo! Pero el hombre quiere que Dios esté a su mando, y cuando pasen los siglos, entonces se hable de Esto.

Yo creo que el hombre habla de Dios (“el bueno”) sin querer saber de Dios en el momento. Y los que a Dios no quieren, Lo nombran para Ofenderlo. Pero si piensas, creen los dos, lo que falta es Quererlo.

Desperté, oí:

Se oían Palabras en este arrobo que, si todas se dictaran, podrían salirse muy pocos que se viera que a Dios amaban.

Decían que había dos maneras que la mentira las dejara en descubierto.

Una, era decir “yo quiero a Dios” y no acudir donde está hablando. Esto era mentir.

Otra, era decir “no creo en Dios” y estar ofendiendo siempre su Nombre. Esto era creer y no poder dar Dios el Perdón.

Si no crees, no ofendes.

Y si amas, no puedes vivir sin saber del Amado.

Si Dios, al que dice que Lo quiere y miente, le quitara el habla, habría más hombres mudos que hombres con habla.

***

Libro 30 - Investigaciones a la Verdad - Tomo IV - C6

jueves, 25 de julio de 2019

Amar es darlo todo por el Amado

En Sueño Profético hablaban de los fallos del hombre, por no creer que Dios sea siempre Presencia en el hombre y en todo lo creado.

El Permitir de Dios tienes que estudiarlo con el Libro del Amor, que son los Libros Sagrados. Y entonces verás cómo es Dios y cómo el hombre no obedece a sus Palabras, porque no Lo cree presente y Dios permite. Pero si tú crees en su Existencia, rechazas su Permitir.

Dijo el Mando de Dios en un espíritu de su Gloria:

Tus actuaciones, peticiones y tu vida, dando testimonio a esta Verdad, no sean ocultadas. Y ahora sea con más existencia, dicho públicamente, los 28 años cumplidos que Dios tiene dictados sus Mensajes, desafiando al “no quiero del hombre”.

Desperté, oí:

Si coges escritos de Hechos de Jesús cuando vivió con Cuerpo, ves que el hombre sigue igual, sin Quererlo.

A más desprecio den al que Dios manda, más se queda al descubierto el que a Dios no ama.

Amar es darlo todo por el Amado.

Amar es vivir siempre buscando donde Dios está hablando.

Amar es conocer lo que dice el Amado.

Y Amar es sufrir contento y a Dios no enfadarlo.

Tú jamás dejes oculto lo que va de este Mando.

Este Mando justifica que es Dios el que manda el Mando.


***

Libro 28 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo V - C3

sábado, 13 de julio de 2019

Divinidad del Amado

En Sueño Profético decían:

Si quieres amar a Dios, di:
Señor, yo quiero amarte.

Si el pecado te persigue,
llámalo y di:

Señor, antes morir
que enfadarte.

Haz que sienta algún espíritu
que de tu Gloria me mandes,
que cuando estuvo con cuerpo,
yo no quería enfadarle.

Si la soberbia y la ira
a mi cuerpo ves que llega,
quítame la Libertad
y castiga mi conciencia,
teniendo siempre presente:
“A Dios no le gusta la ira
ni la soberbia,
y yo no obedecí su Palabra”.

Esto, si en tu interior lo escribes
y una vez al día lo repasas,
acortarás tus defectos
y darás buena enseñanza.

Desperté, oí:

Estas palabras las oí yo
y Dios me manda dictarlas,
de un buen hombre
que vivía de la enseñanza.

Decía:

Si Dios oye de tu espíritu o de tu boca
que quieres amarlo,
Él te pondrá como camino fácil
el seguir sus Pasos.

En lo que sepas que Dios no quiere y lo hagas,
piensa que estás poniéndole corona de espinas,
y a la Virgen Madre, dándole lágrimas.

Lágrimas de sangre por dentro,
aunque los ojos den agua.

No hay quien diga “Señor quiero amarte”
y no sienta la Divinidad del Amado.

No hay palabra que más diga,
que digas: “Señor, Te amo”.


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Libro 25 - Meditaciones y Palabras Directas con  El Padre Eterno - Tomo III - C8

lunes, 31 de diciembre de 2012

¡Cómo se dejó matar!


En Sueño Profético vi una fuente, y unas manos acunaban el agua. Me acerqué sin tener sed, pero algo me acercaba.

Ya dijo una voz:

Es la Mano de Dios, que quiere que bebas agua para que repartas misericordia y no rompan su Cruz hasta subir al Calvario, que allí ya queda la Cruz. Tuvieron los clavos que traspasar la Carne de Dios Vivo para que vieran que estaba clavado. Tuvieron que nombrar a otro, para cambiar la muerte de Jesús, para que a gritos se oyera: “¡No! Queremos la muerte de Jesús de Nazaret”, para que más supieran que no era Dios los que no Lo amaban y los que no creían a lo que bajó a la Tierra.

Son las cosas de Dios; de fácil cambian a imposible el comprenderlas.

Nunca puede ver el ciego el color que el que tiene vista le dijera, si no confiara en el que el brazo le diera. Pero si va confiando, lo va apartando de sitios, porque llegan los obstáculos y el ciego ni pregunta. Esto es ir confiando en el que anda con vista.

Pues piensa que así son las cosas de Dios para el que a Él se acerca o se retira.

Desperté, oí:

Tan sólo con escribir
lo que le hicieron a Dios Hombre,
te llega algún sufrir.

Y te hace que pienses:
¡Cómo se dejó matar,
para enseñar a los hombres
a no responder mal por mal!

Les deja la Libertad
y el camino sin obstáculos,
para el que quiera vivir 
sin Gloria y sin su Mando.

Si no traspasa la Carne
la ira de aquellos clavos,
dicen que no fue verdad
que Dios fue crucificado.
         
¡Es difícil comprender:
Poder de Dios
y dejar crucificarlo!

Pero pon primero Amor,
y ya, todo lo verás claro.


***

Libro 15 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo III - Pag. 85-86-87

domingo, 12 de febrero de 2012

Amor es vivir aliento del amado


En Sueño Profético decían los Discípulos:

El Amor de Dios es voluntario, éste no te amarra ni te lleva donde tú no quieras. El que mucho a Dios ama, es condena el retirarlo de Él. Amor es vivir aliento del amado.

Dijo Matías:

Pasábamos sin comida, pero no sin su Palabra. La Palabra se hacía dueña de la voluntad y ya todos seguíamos al Maestro, olvidándonos de todo lo que el Maestro nos mandara. Había quien al pasar nos miraba con mirar de censurar. Esta mirada no era nunca del que a Dios quería amar, porque ya el que lo amaba, su vivir era como el nuestro. ¡Cuántas veces acampábamos, porque nos rendía el sueño! Teníamos gran intención de seguir sin acampar, pero el Maestro siempre nos recomendaba:

“No seguidme a Mí queriéndome imitar en el comer y en el sueño, que Yo, si esto lo hago, es para que veáis a Dios Hombre, pero una vez que vosotros sabéis que soy enviado del Padre, vive mi Carne al aliento de mi Espíritu”.

Desperté, oí:

Ya que Él nos explicaba,
nos sobraba
lo que nosotros pensábamos.

El daba la explicación,
pocas Palabras,
pero sí mucho Amor.

Amor que luego ya repartíamos,
repartíamos del llenar,
del llenar que Él nos llenaba,
sabiendo que repartíamos
al que de Dios tenía ganas.

Dios te llena si repartes,
Dios te habla si suplicas,
Dios te elige si tú quieres,
Dios vive en ti si Lo admites.

Si tú quieres, Él te da,
y si desprecias su Gloria,
sin Gloria te quedarás,
viviendo en el Abismo,
por una eternidad.

No te extrañe que Dios dé,
y pídele tú también.

Pídele sólo Amor,
Amor sin Gloria ni Cielo,
y dile: “A Ti prefiero
por una eternidad
aunque Gloria no me dieras,
pero yo te querría más”.


***

Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I

sábado, 20 de agosto de 2011

La reacción de amar y oir al Amado - Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag. 87-88-89-90


En Sueño Profético decían:

Hoy presentamos escenas ocurridas cuando Dios vivió de Hombre. Se vio una mujer y ella mismo dijo:

Yo tejía porque ese era mi medio de vida, y me daba suficiente para mantener a mis dos hijos, que mi pobre marido me dejó cuando Dios lo quiso para Él. Yo, cuando entregaba el trabajo, nunca pedía precio, el dueño de la tela se lo ponía, y yo siempre quedaba mirándome la mano y mirando al Cielo:

–¡Gracias Señor!, ¿o no debo cogerlo?

Deprisa me contestaba el dueño:

–¿Qué es esto para mi dinero? –y me nombraba caudales para comprar muchos pueblos. Todo el que le trabajaba tenía de sobra el dinero.

Un día estaba tejiendo en la puerta de mi casa, al sol, con mis dos hijos pequeños; uno caía y se levantaba, mientras que al chico lo tenía delante metido en un capacho con una piel de borrego, que frío no le pasaba. Pues de pronto vino un ruido de muchos que no callaban, y quedaron en mi puerta y al capacho señalaban. Ya tuve que preguntar, y esta fue la respuesta:

–¿No ha oído decir que ya ha nacido Dios Hombre, y que está en un retablo para que el que quiera Lo adore?

Dejé mi tela sin ver el sitio y sin preocuparme de su destrozo, y me puse de pie, cogí al del capacho y cubriéndolo con la piel de borrego, entré en mi casa para coger otra piel nueva, y me fui a buscar al Único que puede entrarte en el Cielo, porque del Cielo venía a vivir con los hombres que con Él querían vivir; venía como día que amanece borrando lo que en aquel día se vio. Otro dijo: “Yo seguiré ya contando”.

Desperté, oí:

Esta es la reacción
de amar y de oír al Amado.

Mientras tejía, pensaba:
“con los dos tan chiquitillos,
¿qué haré para acudir
cuando oiga la llamada?

Si cojo a los dos en brazos,
mis piernas sé que no aguantan.

Pero quedarme en mi casa…,
¡con lo que Dios a mi me manda!

Si nada más ya por esto
es el deber el que manda.

¡Cuando menos por ser Dios,
que Él mismo viene a esta casa,
que será el Pueblo de Dios!

Todas las preocupaciones
le quitaron la gente que se paró.

Un hombre le coge en brazos
el chiquillo, que es mayor.

Y al chico más lo llevaban
las mujeres de estos hombres
que a ellos acompañaban.

Ella llevaba su piel
de una hermosa cordera,
que su marido guardaba.

La guardaba para abrigar los Pies
cuando bajara a la Tierra,
aquellos Pies que los hombres,
sin justicia los condenan.

Esta mujer ama a Dios;
su reacción lo demuestra.

Y estaba siempre pensando:
“Cuando oiga el Nacimiento,
cojo mi zalea en el brazo”.

Porque si así no lo hiciera,
sé que a mi marido enfado.

La zalea la peinó
el marido con sus manos,
cuando aún no estaba enfermo.

Esta casa amaba a Dios
en lo bueno y en lo malo.

Que para el que mucho ama,
no usa la palabra malo.

Lo malo nunca es de Dios,
por Dios no mandar lo malo.

La muerte o la enfermedad,
Dios la tiene “pa” el pecado.

Si tu espíritu es de Dios,
no dices a esto: malo.


***