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viernes, 10 de julio de 2020

Dios Hombre buscaba a los pecadores, y a los “buenos” los dejaba

En Sueño Profético decían:

Dijo Jesús en una de sus Enseñanzas a los Discípulos:

Habrá pecador que, al conoceros, quiera venir a Buscarme. Y habrá buenos, de los que llama el hombre buenos, que les moleste oíros hablar. Éstos no quisieran que Yo estuviera con Cuerpo en la Tierra, porque ya no pueden seguir mintiendo. Mienten para el hombre, pero ya es un mentir quedando al descubierto. Hay más pecadores que quieren Conocerme, que buenos Me busquen para cundir mi Existencia en la Tierra y Pedirme que Yo les dé Mando. Si estos fueran buenos, buscarían a mi Padre en Mí, y a Mí en vosotros. Coged mis Palabras para que os sirvan de Enseñanza, no para querer reformarlas, queriendo ver más que Yo, que soy Dios Único para crear y destruir. El que reforme mi Mando, ya no actúa en él el Espíritu Santo, que es Dios sin Imagen, sólo Espíritu”.

Desperté, oí:

Tenían que llevar sus Palabras, pero al oírlas, sabían que no eran ellos.

Hasta a los niños, cuando los mandaba, el que los oía tenía que parar la faena y decir: “¿Niño, tú dónde has oído eso?”.

Haciendo su mismo Mando, se veía al Maestro.

La mentira fracasaba, porque el Mando de Dios allí no actuaba.

Termina el Arrobo con éstas palabras:

Si Dios bajara a la Tierra,
después de tanta Enseñanza,
el hombre Lo perseguiría
y otra vez Lo crucificaba”.

¡Dios, que se quede en los Cielos,
para el que dice que Lo Ama!

¡Que los malos no Lo quieran,
esto en el Cielo no extraña!

¡Dios Hombre buscaba a los pecadores,
y a los “buenos” los dejaba!

Los “buenos”, si no acudían,
es porque no les interesaba.

Los pecadores, muchos eran,
porque se avergonzaban.

Él los buscaba y les decía:
Tus pecados son perdonados”.

Y el pecador,
a sus Pies se arrodillaba.


***

Libro 23 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo IV - C4

viernes, 2 de septiembre de 2011

Él buscaba soledad, porque soledad quitaba - Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 131-132-133


En Sueño Profético hablaba Juan de Dios. Decía:

La soledad es la peor enfermedad cuando necesitas ayuda a tu necesidad.

La soledad da pena al que nada necesita material.

Dijo Juan:

Vi a tantos solos y enfermos llorando su soledad, que para hablar de esto tienes que ver el lugar donde se encuentran enfermos y nadie que oiga llorar.

Un día, cuando yo salía del hospital, iba un hombre a un paso no despacio,
¡porque despacio no es para extrañar! Era un paso de sufrir, paso de no querer llegar, un paso pesado. Ya me emparejé con él y le quise preguntar:

―¿Se nota mareo, desmayo? ¿Ha salido de alguna enfermedad?

Ya me contestó este hombre:

―Me han echado del hospital y no tengo sitio adonde ir; estoy solo y no quisiera llegar al sitio que me dejé, allí en un olivar, pero es un lugar tan solo...que no quisiera llegar. ¡Mire!, cuando me estaba muriendo, estuve una noche y medio día llamando –cuando esto oí, le puse mi brazo en su hombro–, por si alguien me quería llevar en su bestia. Ya, cuando abrí los ojos, estaba no solo y en una cama. Medio año he estado con compaña y durmiendo en cama: ratos dormir, ratos quejarme, y ratos con palabras de consuelo.

Ya, con mi brazo en su hombro le dije:

―Te voy a llevar a un sitio que tendrás para siempre cama.

Era una huerta que siempre me llamaban y me cargaban de cosas para el que no tenía nada. Con él, allí me presenté, para que les ayudara en lo que él pudiera hacer, y ya tenía comida y cama.

Desperté, oí:

Más que la comida era,
que le había buscado compaña.

Este pobre iba andando
donde los pies lo llevaran.

Éste no quería ir
al olivar y a la tapia
donde tenía su vivir.

Que por aquellos campos
iba buscando lo que encontrara.

La comida iba encontrando,
la soledad no faltaba.

Este Juan de Dios decía:
“Es más pobre el que le falta
la compaña y el amor,
de aquél que Dios a dar manda”.

Él visitaba al enfermo,
porque el sano a él visitaba.

Él buscaba soledad,
porque soledad quitaba.

Éste era Juan de Dios,
el que al enfermo buscaba
para quitar soledad
y hacer lo que Dios mandaba.

JUAN DE DIOS


***