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jueves, 6 de noviembre de 2025

A más soledad de Tierra, más compaña de Dios siente

En Sueño Profético hablaban de cuando las cosas son del Cielo y van del Cielo. Cuando esto es así, todo el que crea derrumbarlo, pierde el tiempo.

Cuando Dios señala un sitio, señala con Poder Eterno. Y este Poder va cubriendo lo que creen que va a quedar al descubierto. Si Dios aquí no mandara, ¿cree el hombre que Esto tendría este avance que tiene?

Dijo uno:

Cierto que el avance lo alimenta el sufrimiento tan gigante que lleva el Instrumento.

Era para que faltara mando, y gran gentío pidiendo con estas cortas palabras: “Mi tiempo y mi sobra, después de tener lo necesario, aquí lo traigo, para cundir, en forma de relámpago, estos Escritos por Dios mandados a espíritus vivos, que muertos para Dios no quedaron”.

Este pensar debería ser la intranquilidad del que, al terminar el día, en él, le ha sobrado para años y hasta para siglos.

Desperté, oí:

A más soledad de Tierra,
más compaña de Dios siente.

A más impedimentos pongan,
más ridículos se encuentran
los que obstáculos pongan.

Dios es Dios,
y el hombre es el hombre
y queda en la Tierra.

El agua vive sin la Tierra.
La Tierra no vive sin el agua.

Hay muchas comparaciones
para que el hombre estudiara
que Dios pasa sin el hombre
y al hombre le dan vida sus Palabras.

Si el hombre pensara:
“¿para qué me quiere Dios,
si yo no Le doy nada?”.

Haciendo este pensar,
ya estás recibiendo paga.

***

Libro 21 - Te Habla El Profeta - Tomo III - C5 

viernes, 2 de septiembre de 2011

Él buscaba soledad, porque soledad quitaba - Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 131-132-133


En Sueño Profético hablaba Juan de Dios. Decía:

La soledad es la peor enfermedad cuando necesitas ayuda a tu necesidad.

La soledad da pena al que nada necesita material.

Dijo Juan:

Vi a tantos solos y enfermos llorando su soledad, que para hablar de esto tienes que ver el lugar donde se encuentran enfermos y nadie que oiga llorar.

Un día, cuando yo salía del hospital, iba un hombre a un paso no despacio,
¡porque despacio no es para extrañar! Era un paso de sufrir, paso de no querer llegar, un paso pesado. Ya me emparejé con él y le quise preguntar:

―¿Se nota mareo, desmayo? ¿Ha salido de alguna enfermedad?

Ya me contestó este hombre:

―Me han echado del hospital y no tengo sitio adonde ir; estoy solo y no quisiera llegar al sitio que me dejé, allí en un olivar, pero es un lugar tan solo...que no quisiera llegar. ¡Mire!, cuando me estaba muriendo, estuve una noche y medio día llamando –cuando esto oí, le puse mi brazo en su hombro–, por si alguien me quería llevar en su bestia. Ya, cuando abrí los ojos, estaba no solo y en una cama. Medio año he estado con compaña y durmiendo en cama: ratos dormir, ratos quejarme, y ratos con palabras de consuelo.

Ya, con mi brazo en su hombro le dije:

―Te voy a llevar a un sitio que tendrás para siempre cama.

Era una huerta que siempre me llamaban y me cargaban de cosas para el que no tenía nada. Con él, allí me presenté, para que les ayudara en lo que él pudiera hacer, y ya tenía comida y cama.

Desperté, oí:

Más que la comida era,
que le había buscado compaña.

Este pobre iba andando
donde los pies lo llevaran.

Éste no quería ir
al olivar y a la tapia
donde tenía su vivir.

Que por aquellos campos
iba buscando lo que encontrara.

La comida iba encontrando,
la soledad no faltaba.

Este Juan de Dios decía:
“Es más pobre el que le falta
la compaña y el amor,
de aquél que Dios a dar manda”.

Él visitaba al enfermo,
porque el sano a él visitaba.

Él buscaba soledad,
porque soledad quitaba.

Éste era Juan de Dios,
el que al enfermo buscaba
para quitar soledad
y hacer lo que Dios mandaba.

JUAN DE DIOS


***