Mostrando entradas con la etiqueta Prodigios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Prodigios. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de junio de 2021

No puedes amar a Dios y dar desprecio a sus Prodigios

En Sueño Profético hablaban de este Poder de Dios cuando Dios lo pone para que el hombre lo vea, que en vez de acudir y cundir, se retira y lo niega.

¿Qué palabras se dirían para que el hombre pensara que a Dios no estaba engañando? Porque Dios oye sin tú oír hablar.

Dijo uno:

¡Qué momentos tan grandiosos el ver la Sagrada Forma y oír “Cuerpo de Cristo”, y con este oír, Dios tener la boca preparada con Agua, que Dios hace brotar del Instrumento, dando confirmación a los Mensajes que Dios habla en su Gloria al espíritu arrobado para que lleve Enseñanza de su Reino! Esto, no puede nadie hacerlo. Y en vez de rogar por verlo, contestan con el desprecio. Esto no puede ser creer representando a Dios. El creer te lleva al miedo, y el miedo te quita el sueño cuando tu cuerpo lo pongas en manos del médico. De aquí no puedes pasar a la Gloria, porque sería encarcelar tu espíritu. Y Dios tiene Cárcel para el Amor, pero no para los sepulcros blanqueados. 

Desperté, oí:

No puedes amar a Dios y dar desprecio a sus Prodigios.

No puedes creer en el Evangelio y no creer que Dios ya pueda seguir hablando.

Dice mal hablar del muerto y no querer oír al que está vivo.

Siendo las mismas Palabras, dichas por el mismo Dios, por sólo haber Uno, aunque Tres Dioses se nombren.

Dios va dejando al descubierto al que la mentira quiere tener en secreto.

Si repasas todo lo escrito, desde que Dios bajó a la Tierra, verás que todo ha tenido reforma.

Pero no querer su Presencia, perseguirlo, despreciándolo, esto, no ha tenido reforma.

Ya se ha repetido muchas veces en la Gloria, que no puedes buscar, y cuando Dios su Poder te presenta, tú despreciar.

Esta ficha tú te la haces negando la entrada en la Gloria Celestial.

***

Libro 32 - La Palabra del Creador - Tomo III - C6

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Prodigios hechos por el Maestro - Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag. 122-123-124


En Sueño Profético contaban un hecho ocurrido al medio siglo de la Crucifixión de Dios Hombre.

Decía uno:

Yo tenía unos diez años, y mi padre siempre me llevaba con él. Yo puedo decir que era el “trae y lleva” de mi padre. Mi padre compraba y vendía ganado. Siempre, cuando el calor apretaba, hacíamos los viajes de noche, y por largo que fuera el camino, siempre se hacía corto. Mi padre me contaba todo lo que su madre –ésta, mi abuela– le contaba, pues vivió con Dios cuando vivió de Hombre. Me contaba mi padre, que su madre vio prodigios hechos por el Maestro; que un día iba su madre a por leña, y que tres hijos que tenía pequeños los dejó en la choza, pues él ya estaba colocado con el dueño que había tenido su padre. Éste murió dejando a los cuatro chicos. De los tres que dejó, la mayor tenía nueve. Yendo mi abuela cogiendo leña, dice que oyó un vocerío, y de pronto quedó parada cuando vio a un Hombre con gran Luz sobre su cara; de golpe se echó de rodillas y sus lágrimas derramaba, y éstas fueron sus palabras:

–¡Cómo pensaría yo conocerte esta mañana! Ya no me importa morir, porque sé que Tú me mandas para mis hijos comer –esto lo decía en voz alta, pero a Él, su voz, no podía llegar.

Fue el Maestro apartando gente, y cuando a ella llegó, le dijo:

–¡Ve!, que ya tienes en tu choza lo que tus hijos necesitan hasta que terminen de crecer. Mi Padre Me manda aquí, y ya ha hablado con el dueño de la hacienda para que a diario les dé a la viuda y a los hijos lo que de sobra tiene él.

Desperté, oí:

Dios Padre hizo que el dueño le mandara la comida para que fueran creciendo.

El dueño, a Dios amaba, y Dios, que esto sabía, le recordaba los tres, y cuatro con el que él tenía.

Cuando ella fue a su choza, tuvo que entrar apartando los talegos y las bolsas de comida que había mandado el dueño de la hacienda cuando ella de rodillas veía la Luz aquella.

Dios Hijo le habló a ella, y antes hizo que Luz viera.


***