En Sueño Profético decían:
¡Cuántas Apariciones hay perdidas por culpa del hombre!
Yo conocía a una zagala que tenía Apariciones. La madre sí la creía. Al padre, cada vez que algo le contaban, le entraba una rebeldía, que ya todos le notaban que algo le había ocurrido, y no bueno, por sus gestos y carácter.
Una mañana, cuando el padre iba a su faena bien temprano, al pasar por la habitación de la niña, vio tal resplandor, que remedio no hubo para que no entrara. Entró y vio la cama vacía y, en un rincón de la habitación, a la niña de rodillas, pero a un palmo del suelo era la altura a la que estaba su cuerpo; la elevación impedía el contacto con el suelo. Él no pudo hablar, pero sí oír a la hija decir:
–¡Gracias Señor que mi padre ya me cree y mi madre no sufrirá! Que me deje que haga el rezo cuando me vaya a acostar. ¡Gracias Señor! Otra vez quiero darte las gracias: ¡Gracias Señor!
Cuando la niña vio al padre, ya estaba en la cama. El padre sí la vio en éxtasis. Ella creyó que fue en la cama. Lo que la niña contaba cuando se lo preguntaban eran estas palabras:
–A mí, cuando me pongo a rezar, esto es lo primero que me hablan: “Tú di a tu padre, cuando a la calle se vaya, que Dios te hace techo de suelo, para que viva tu alma; que tu cabeza no piense lo que tu lengua desbarra; que tus pies no pisen sitio donde el pecado aguarda”.
Esta comunicación la oían la niña y la madre, y junto con ella la repartía.
Desperté, oí:
Estas comunicaciones, el mismo padre cundió.
Pero cuando alguien lo oía contarlo, a él con su voz, buen sufrir le venía.
¡Él, que siempre amenazaba a la chiquilla y la madre!
¡Él, que vivía las noches siempre fuera de su casa!
Aquella noche se fue a acostarse a su casa temprano, con el pretexto: ¡Hay que madrugar mañana!
Esto fue lo que pensó para presentarse en cu casa.
Y en su casa creyeron que venía enfermo, enfermedad para cama.
¡Qué lástima que se pierdan,
de Dios, estas grandes “Hablas”!
¡Qué lástima que maltraten
al que diga: “Dios me habla”!
El padre ya la creyó
cuando vio vacía la cama
y a la niña en resplandor.
Ante del padre ver esto,
buenos martirios le dio.
***
Libro 6 - Dios Manda en su Gloria que Enseñen - Tomo I - C5
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miércoles, 20 de julio de 2016
martes, 31 de julio de 2012
La aparición del mar
En Sueño Profético hablaban de las mil formas que tiene el espíritu de Dios para comunicarse al hombre, y de lo poco que el hombre conocía estas Comunicaciones de Dios.
Apareció el mar y dijo uno:
De esta abundancia de agua salió la Voz de Dios hablando a un amigo mío que pescando estaba. Este amigo era familia para mis padres, ya que era de mis años y padre no tenía. Vivía con los abuelos por parte del padre, que éstos vivían de la pesca. Un día llegó a mi casa contento, llorando e impresionado porque vio a Dios Hijo, y cuando desapareció le hablaba su padre. A Dios, dice que lo vio en el mar, que venía hacia él como si andara por un camino, y la voz del padre como si saliera de su mismo cuerpo. Ya nos dijo, que cuando se ponía delante del mar, se santiguaba y hacía una reverencia, ya que para él, aquella abundancia de agua era Dios. Al llegar reverenciaba y pedía el jornal preciso para su casa; y cuando hacía la pesca, siempre había más ganancia que en su casa necesitaban, y con estas palabras se despedía: “Gracias obediencia de Dios, que Dios manda que me des el sustento. Si Dios no manda, tú, mar, estarías parado y estarías muerto. A Dios a todo el que me ayude, que esté rogando en su Reino”. Cuando oyó al padre, dice que fue el mismo eco de cuando vivía con él. Justas dice que oyó estas palabras varias veces repetidas: “Siempre tendrás esta estampa aunque ya no la vuelvas a ver. Tú sigue siempre orando a lo que no es del hombre, y allí verás a Dios”.
Desperté, oí:
Esta aparición del mar,
bien pocos se la creyeron.
Si el mar es Mando de Dios,
¿por qué no ver a Dios de Hombre?
¡Si esta familia eran santos
las mujeres y los hombres!
14 años tenía cuando
se quedó sin padre,
pero no tenía ni dos
cuando le falto la madre.
Nunca hubo maldición,
ni mal mirar a este Cielo.
Él se quedó con su hijo,
sus padres y su recuerdo,
de aquella santa mujer
que rogaba desde el Cielo.
Para que nunca pecaran
los que a ella conocieron.
***
Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria Que Enseñen - Tomo I - Pag. 182-183-184
Apareció el mar y dijo uno:
De esta abundancia de agua salió la Voz de Dios hablando a un amigo mío que pescando estaba. Este amigo era familia para mis padres, ya que era de mis años y padre no tenía. Vivía con los abuelos por parte del padre, que éstos vivían de la pesca. Un día llegó a mi casa contento, llorando e impresionado porque vio a Dios Hijo, y cuando desapareció le hablaba su padre. A Dios, dice que lo vio en el mar, que venía hacia él como si andara por un camino, y la voz del padre como si saliera de su mismo cuerpo. Ya nos dijo, que cuando se ponía delante del mar, se santiguaba y hacía una reverencia, ya que para él, aquella abundancia de agua era Dios. Al llegar reverenciaba y pedía el jornal preciso para su casa; y cuando hacía la pesca, siempre había más ganancia que en su casa necesitaban, y con estas palabras se despedía: “Gracias obediencia de Dios, que Dios manda que me des el sustento. Si Dios no manda, tú, mar, estarías parado y estarías muerto. A Dios a todo el que me ayude, que esté rogando en su Reino”. Cuando oyó al padre, dice que fue el mismo eco de cuando vivía con él. Justas dice que oyó estas palabras varias veces repetidas: “Siempre tendrás esta estampa aunque ya no la vuelvas a ver. Tú sigue siempre orando a lo que no es del hombre, y allí verás a Dios”.
Desperté, oí:
Esta aparición del mar,
bien pocos se la creyeron.
Si el mar es Mando de Dios,
¿por qué no ver a Dios de Hombre?
¡Si esta familia eran santos
las mujeres y los hombres!
14 años tenía cuando
se quedó sin padre,
pero no tenía ni dos
cuando le falto la madre.
Nunca hubo maldición,
ni mal mirar a este Cielo.
Él se quedó con su hijo,
sus padres y su recuerdo,
de aquella santa mujer
que rogaba desde el Cielo.
Para que nunca pecaran
los que a ella conocieron.
***
Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria Que Enseñen - Tomo I - Pag. 182-183-184
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