En Sueño Profético hablaban varios espíritus de Dios con las Palabras que Dios mandaba que tuvieran Eco. Había veces que no se oían Palabras y se seguía comprendiendo. Enseñaban a conocer cuándo los sentidos viven las tribulaciones del espíritu enfermo. Decían:
Estas tribulaciones son según el avance del grado de la enfermedad en el que se encuentre el espíritu. Comparaban con los mares, ríos y arroyuelos.
Dijo uno con afirmación segura de la Enseñanza que estaban haciendo:
Comparemos la fuerza del espíritu con lo ya nombrado, y nombrando un arroyo seco para ir ya comparando:
Si tu espíritu está enfermo y ya condenado, es arroyo seco, que todo lo malo que allí eches, allí se queda y todos lo estarán viendo.
Si enfermedad grande tienes, pero aún tiene remedio, eres arroyo con agua, que si echas inmundicias, si no son muchas y cada día echas menos, el arroyo puede que su agua siga corriendo. A este grado de enfermedad aún llega el medicamento.
Si ya tu espíritu es río, pueden echar impedimentos para interceptar el río, pero si te vas curando y ya en mar te conviertes, ya pueden echar murallas, que a todo, el mar le puede, porque la Fuerza de Dios, a tu espíritu, en mar convierte.
Éstas son cuatro enfermedades que tu espíritu tener puede. La primera –o bien dicho, ya no es enfermedad– es que tus muchos pecados han formado sequedad, y quedas por Dios apartado, viendo el río, viendo el mar y viendo el arroyuelo, el que te pudo curar.
Desperté, oí:
Estúdiate cómo eres,
y te podrás comparar
con el arroyo o el río.
Pues Dios te deja pensar,
para que veas diferencia
con el arroyo seco
o la bravura del mar.
Que son los que Dios elige:
uno, para que divulgue
las Palabras que Él le da;
y el otro, Dios con su Mando
lo aparta a la eternidad.
A este último no elige,
lo aparta por suciedad.
Ama y busca enseñando
cómo espíritu curar.
Y una vez que esté curado,
resbala la suciedad.
La enfermedad del espíritu,
tu mente la hará enfermar.
Si a Dios pides que te cure,
piensa que curado estás.
***
Libro 11 - Te Habla el Profeta - Tomo II - C4
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martes, 13 de enero de 2015
viernes, 25 de enero de 2013
Callar esto es querer contar las gotas de agua que tiene el mar
En Sueño Profético yo decía:
Señor, ¿no hablaré de Ti lo suficiente como para que sepan de esta Gloria? Yo Señor no estoy contenta, porque son muy pocos a los que entero a diario. Yo quisiera que se pusieran, los muchos que no lo saben, como los pocos que me oyen. Yo Señor estaré contenta cuando el mundo entero hable de estas Comunicaciones.
Dijo uno:
El hombre a esto le llama vanidad. Esta palabra es de el que no conoce el Amor de Dios. El que siente el Amor de Dios no dice vanidad, éste dice: “Señor, callas tanto porque eres Tú el que actúas. Humanamente no se podría callar”. ¿Cómo puede callar aquel que vea tu Rostro, Pies y Manos, dándole Tú tus Palabras para que haga uso de ellas?
Desperté, oí:
Callar esto es querer contar las gotas de agua que tiene el mar.
Querer que el fuego no queme.
Querer que el Sol y la Luna sean sólo para ti.
Querer que tu caudal compre la Gloria.
Querer que tu materia sea eterna.
Querer que tu carne no sienta el dolor.
Querer que Dios no dé el Perdón.
Querer que Dios le tema al hombre.
***
Libro 1 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo I - Pag. 127-128
Señor, ¿no hablaré de Ti lo suficiente como para que sepan de esta Gloria? Yo Señor no estoy contenta, porque son muy pocos a los que entero a diario. Yo quisiera que se pusieran, los muchos que no lo saben, como los pocos que me oyen. Yo Señor estaré contenta cuando el mundo entero hable de estas Comunicaciones.
Dijo uno:
El hombre a esto le llama vanidad. Esta palabra es de el que no conoce el Amor de Dios. El que siente el Amor de Dios no dice vanidad, éste dice: “Señor, callas tanto porque eres Tú el que actúas. Humanamente no se podría callar”. ¿Cómo puede callar aquel que vea tu Rostro, Pies y Manos, dándole Tú tus Palabras para que haga uso de ellas?
Desperté, oí:
Callar esto es querer contar las gotas de agua que tiene el mar.
Querer que el fuego no queme.
Querer que el Sol y la Luna sean sólo para ti.
Querer que tu caudal compre la Gloria.
Querer que tu materia sea eterna.
Querer que tu carne no sienta el dolor.
Querer que Dios no dé el Perdón.
Querer que Dios le tema al hombre.
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Libro 1 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo I - Pag. 127-128
sábado, 15 de septiembre de 2012
El mar obedece a Dios, por no tener Libertad
En Sueño Profético vi el mar y hablaban dos hombres.
Dijo uno:
Aquí, en este sitio, me contó mi padre, que vio convertirse un incrédulo que siempre se aferraba a que no había Dios. Nos contó mi padre, porque éramos dos hermanos, y nos juntó a los dos y a mi madre para contárnoslo, que estaban unos amigos con este incrédulo y que todos trataban el hacerle comprender que Dios había y que estaba Vivo. Viendo los amigos que seguía tan testarudo, le dijo uno:
–No sé si me das miedo o compasión.
Se quedó el testarudo mirando la Grandeza de Dios hecha en la Tierra, y dijo estas palabras:
–Para que yo dijera que había Dios, tendría que ver moverse el mar.
Dicen que se puso pálido, y de pronto vieron el mar que lo seguía, quedando mojado hasta la cintura. Estaban a dos metros escasos del mar, y todos los que con él estaban quedaron secos. Dicen que todos vieron correrse el mar y, de momento, volverse a su sitio. Quedó como una columna de arena en el sitio que estaba él. Acudió la gente que por allí andaba, y todos pudieron comprobar que la columna sola seguía creciendo, durando su crecimiento hasta la puesta del Sol, derrumbándose sola y presenciado por varios.
Desperté, oí:
Él no creía, pero quería ver.
Dios pudo hacer que él viera,
y que no lo vieran a él.
Pudo hacer que el mar se lo llevara
y nadie supiera de él.
Dios hizo su aparición
viendo tan sólo a Él.
Y dejó que todos vieran
el Mando de su Poder.
El mar obedece a Dios
por no tener Libertad,
y el hombre no obedece
por la mucha que Él da.
Cuando el hombre no obedece,
siempre es por falta de amar;
debía de hacer desprecio
a la mucha Libertad.
***
Libro 6 - Dios Manda En Su Gloria Que Enseñen - Tomo I - Pag. 202-203
Dijo uno:
Aquí, en este sitio, me contó mi padre, que vio convertirse un incrédulo que siempre se aferraba a que no había Dios. Nos contó mi padre, porque éramos dos hermanos, y nos juntó a los dos y a mi madre para contárnoslo, que estaban unos amigos con este incrédulo y que todos trataban el hacerle comprender que Dios había y que estaba Vivo. Viendo los amigos que seguía tan testarudo, le dijo uno:
–No sé si me das miedo o compasión.
Se quedó el testarudo mirando la Grandeza de Dios hecha en la Tierra, y dijo estas palabras:
–Para que yo dijera que había Dios, tendría que ver moverse el mar.
Dicen que se puso pálido, y de pronto vieron el mar que lo seguía, quedando mojado hasta la cintura. Estaban a dos metros escasos del mar, y todos los que con él estaban quedaron secos. Dicen que todos vieron correrse el mar y, de momento, volverse a su sitio. Quedó como una columna de arena en el sitio que estaba él. Acudió la gente que por allí andaba, y todos pudieron comprobar que la columna sola seguía creciendo, durando su crecimiento hasta la puesta del Sol, derrumbándose sola y presenciado por varios.
Desperté, oí:
Él no creía, pero quería ver.
Dios pudo hacer que él viera,
y que no lo vieran a él.
Pudo hacer que el mar se lo llevara
y nadie supiera de él.
Dios hizo su aparición
viendo tan sólo a Él.
Y dejó que todos vieran
el Mando de su Poder.
El mar obedece a Dios
por no tener Libertad,
y el hombre no obedece
por la mucha que Él da.
Cuando el hombre no obedece,
siempre es por falta de amar;
debía de hacer desprecio
a la mucha Libertad.
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Libro 6 - Dios Manda En Su Gloria Que Enseñen - Tomo I - Pag. 202-203
martes, 31 de julio de 2012
La aparición del mar
En Sueño Profético hablaban de las mil formas que tiene el espíritu de Dios para comunicarse al hombre, y de lo poco que el hombre conocía estas Comunicaciones de Dios.
Apareció el mar y dijo uno:
De esta abundancia de agua salió la Voz de Dios hablando a un amigo mío que pescando estaba. Este amigo era familia para mis padres, ya que era de mis años y padre no tenía. Vivía con los abuelos por parte del padre, que éstos vivían de la pesca. Un día llegó a mi casa contento, llorando e impresionado porque vio a Dios Hijo, y cuando desapareció le hablaba su padre. A Dios, dice que lo vio en el mar, que venía hacia él como si andara por un camino, y la voz del padre como si saliera de su mismo cuerpo. Ya nos dijo, que cuando se ponía delante del mar, se santiguaba y hacía una reverencia, ya que para él, aquella abundancia de agua era Dios. Al llegar reverenciaba y pedía el jornal preciso para su casa; y cuando hacía la pesca, siempre había más ganancia que en su casa necesitaban, y con estas palabras se despedía: “Gracias obediencia de Dios, que Dios manda que me des el sustento. Si Dios no manda, tú, mar, estarías parado y estarías muerto. A Dios a todo el que me ayude, que esté rogando en su Reino”. Cuando oyó al padre, dice que fue el mismo eco de cuando vivía con él. Justas dice que oyó estas palabras varias veces repetidas: “Siempre tendrás esta estampa aunque ya no la vuelvas a ver. Tú sigue siempre orando a lo que no es del hombre, y allí verás a Dios”.
Desperté, oí:
Esta aparición del mar,
bien pocos se la creyeron.
Si el mar es Mando de Dios,
¿por qué no ver a Dios de Hombre?
¡Si esta familia eran santos
las mujeres y los hombres!
14 años tenía cuando
se quedó sin padre,
pero no tenía ni dos
cuando le falto la madre.
Nunca hubo maldición,
ni mal mirar a este Cielo.
Él se quedó con su hijo,
sus padres y su recuerdo,
de aquella santa mujer
que rogaba desde el Cielo.
Para que nunca pecaran
los que a ella conocieron.
***
Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria Que Enseñen - Tomo I - Pag. 182-183-184
Apareció el mar y dijo uno:
De esta abundancia de agua salió la Voz de Dios hablando a un amigo mío que pescando estaba. Este amigo era familia para mis padres, ya que era de mis años y padre no tenía. Vivía con los abuelos por parte del padre, que éstos vivían de la pesca. Un día llegó a mi casa contento, llorando e impresionado porque vio a Dios Hijo, y cuando desapareció le hablaba su padre. A Dios, dice que lo vio en el mar, que venía hacia él como si andara por un camino, y la voz del padre como si saliera de su mismo cuerpo. Ya nos dijo, que cuando se ponía delante del mar, se santiguaba y hacía una reverencia, ya que para él, aquella abundancia de agua era Dios. Al llegar reverenciaba y pedía el jornal preciso para su casa; y cuando hacía la pesca, siempre había más ganancia que en su casa necesitaban, y con estas palabras se despedía: “Gracias obediencia de Dios, que Dios manda que me des el sustento. Si Dios no manda, tú, mar, estarías parado y estarías muerto. A Dios a todo el que me ayude, que esté rogando en su Reino”. Cuando oyó al padre, dice que fue el mismo eco de cuando vivía con él. Justas dice que oyó estas palabras varias veces repetidas: “Siempre tendrás esta estampa aunque ya no la vuelvas a ver. Tú sigue siempre orando a lo que no es del hombre, y allí verás a Dios”.
Desperté, oí:
Esta aparición del mar,
bien pocos se la creyeron.
Si el mar es Mando de Dios,
¿por qué no ver a Dios de Hombre?
¡Si esta familia eran santos
las mujeres y los hombres!
14 años tenía cuando
se quedó sin padre,
pero no tenía ni dos
cuando le falto la madre.
Nunca hubo maldición,
ni mal mirar a este Cielo.
Él se quedó con su hijo,
sus padres y su recuerdo,
de aquella santa mujer
que rogaba desde el Cielo.
Para que nunca pecaran
los que a ella conocieron.
***
Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria Que Enseñen - Tomo I - Pag. 182-183-184
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