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miércoles, 24 de agosto de 2022

El cuerpo tienes que ponerlo después del espíritu

En Sueño Profético decían:

Se van a decir las Palabras que el Maestro les decía a sus Discípulos:

“Si alguno os busca y os llama creyendo que tenéis el Poder que mi Padre me da a Mí y Yo a vosotros, que vuestra presencia no falte”. 

Ya sigue un Discípulo de Dios:

Estas Palabras que se han dicho son para que el Elegido, como el que hoy no hay otro igual, cuando lo llamen con Fe y Amor, haga presencia y hable al que la pida creyendo que sus Palabras no son de la Tierra.

Nosotros conocíamos a los que nos llamaban y nos paraban para que nuestra presencia un grande mal les quitara. Nosotros ya íbamos preparados para hablar del Maestro, con grande Fuerza y Enseñanza para dar las respuestas. Al que no creía que el Maestro era Dios Hijo, en poco tiempo lo conocíamos.

Ya dijo Santiago:

Vamos a contar lo que ocurrió un día que en la puerta de un mesón había unos esperando que pasáramos: Uno nos preguntó:

   —¿Vosotros tenéis Poder para curar los cuerpos enfermos? Porque yo sé que habéis estado viendo enfermos y no se han curado. Yo tengo enfermedad y os busco sin pediros curación, porque sé que decís que curáis para que más os busquen. Yo la enfermedad no me la siento quitada. Cuando me cure, ya hablaré de Dios Hijo, Maestro, como vosotros Le llamáis.

Estando terminando de decir estas palabras, se oyó un gran chillerío, y decían: “¡El Maestro viene!”.

Se presentó el Maestro y dijo estas Palabras:

   —Si el creer en Mí los vas a publicar porque tu cuerpo se cure, este publicar, para mi Gloria no sirve. El cuerpo tienes que ponerlo después del espíritu. Si tu espíritu tiene la Gloria despreciada, no cundas nada del cuerpo.

Siguió andando y dijo:

   —Cuando os llame para haceros preguntas, que vuestros pies se vayan con más prisa. Él no cree en nada Eterno. Y el que en Esto no crea, lleva el camino del que Yo no siento a mi Mesa.

Desperté, oí:

En este Mensaje hablaban los Discípulos de Dios Hombre, de cómo conocían al que los buscaba sólo para lo de la Tierra, pero no creían en la Gloria.

Han dicho que si pides por el cuerpo sin poner primero el pedir por el espíritu, no pones a Dios lo primero.

Y ya no puedes ser Elegido, para cundir la Vida Eterna que es la del espíritu.

Este Mensaje ha sido dictado y conocido cuando pasó, por Santiago, Discípulo de Dios.

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Libro 64 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo VIII - C4

viernes, 25 de marzo de 2022

Primero el Cielo y después la Tierra

En Sueño Profético decían:

Tiene que formar escándalo la cantidad de Libros que hay hechos. Pero más escandalizarán cuando digan la cantidad que hay por hacer, y que se están haciendo. Ya, con las cintas habladas o cantadas, tienen que ver que se dice poco para lo que aquí pasa.

Dijo uno:

Aquí se ve el Poder de Dios en los que van pregonando estos arrobos. Que tienen que decir en muchas cosas, “milagro”. Porque el Mando de Dios tienen que notarlo diferente al mando del hombre. Dios ilumina y acompaña a los que están al servicio del que Dios en él habla. Ellos tienen que sentir este Amor profundo. Y es que Dios, cuando Lo siguen, Él les da Amor para que busquen al que pueda más escándalo repartir.

Desperté, oí:

Ya están andando los pasos para que vean que como este Caso no hay otro igual.

El sueño quería llegar y la alegría lo retiraba.

Esto es oír hablar en la Gloria para que el hombre vea que la Tierra hay que servirse de ella, pero saber que engaña.

Pero, ¿cómo hacer que el hombre, contento, diga: “Primero el Cielo y después la Tierra”?

Que esto es lo que todos dijeron cuando quisieron ser Elegidos para hacer el Mando que Dios en la Tierra da.

Amando sin cansancio y sin medida, Dios te da premio.

Dios no obliga. Él quiere que tú digas: “Señor, no te enfades, porque yo Te voy a querer más que nadie”.   

“Señor, a veces soy un poco fiera de pensamiento, porque quisiera que tu Nombre en todas las bocas estuviera”.

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Libro 45 - Te Habla El Profeta - Tomo VI - C3

sábado, 28 de agosto de 2021

El desobediente pide castigo después de muerte

En Sueño Profético decían:

Si se publicaran las escenas del mal trato que le dan al que Dios en él actúa, harían pensar al que en Esto no cree, y puede que en el pensar cambiara de vida, porque el pensar le diría: “¿Tú haces la caridad en el enfermo de carne y en el enfermo de espíritu?”.

La mayoría respondería con mala cara o con insultos. Insultos que dicen por dentro y que le llegan a tu espíritu, porque el espíritu no necesita palabras, porque su diálogo es sentido.

Dijo uno:

Lo que sí justifica que no aman a Dios ni creen que después de su muerte tienen que entregar cuentas a Dios, es el que el Elegido dé unas Palabras y sean despreciadas, pisando la obediencia.

El que crea que ama a Dios, que haga un examen de conciencia, y verá que si no obedece al Elegido que Dios manda con sus Palabras, el día de su muerte Dios no oirá llamada.

En esto, los que están más cerca, deberían dar ejemplo y enseñanza, respondiendo y dando el sí a tus palabras, y pidiendo perdón por la desobediencia, porque la desobediencia puede a muchos perjudicar.

Desperté, oí:

Es letrero con grandes letras: que no ama ni cree el que conoce al Elegido y no cumple sus palabras.

El Elegido da la vida del cuerpo para salvar al espíritu.

Pídele a Dios Luz para que comprendas lo que es de Él o de Luzbel.

Si los que están cerca obedecieran, harían achicar el pecado a los que están lejos y Esto no creen.

Desobediencia al Elegido: lleva mal camino.

Dios Hombre buscó al pecador y apartó al que su obediencia no cumplió.

El desobediente pide castigo después de muerte.

Si tu desobediencia da sufrimiento, piensa que Dios te está viendo.

Dios no puede elegir para que tú le des sufrir.

Dios elige para que el hombre aprenda que después de esa vida está la Eterna.

Pero ya con muralla de la Palabra de Dios, porque Dios le da esta Vida al que ahí la pidió.

La pidió diciendo amén a la Palabra que el Elegido le dio.

Debería estar dando gracias a Dios todas las horas del día el que oyera mando del que Dios envía.

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Libro 40 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo VI - C3