En Sueño Profético decían:
Ésta es la Gloria; que la maldad del hombre lo deja sordo y ciego para que no vea ni oiga; que la maldad la presenta despreciando al que Dios Aquí trae. Si esto así no fuera, no necesitaría el Elegido buscar a nadie en la Tierra. Tan sólo presentarse, y presentando estas pruebas, antes de decir “yo quiero”, debería haber respuesta: “Si en mis manos está, cuenta con ello. Si yo se lo voy a servir al que da vida a mi cuerpo, y luego, si Él no quiere, no me da entrada en su Reino, ¿cómo negar y cerrar puertas al que coge de Instrumento?”.
Dijo uno:
A pesar de los siglos que hace que Dios bajó de Hombre a la Tierra, el hombre sigue igual. El hombre, a Dios, todo Le niega; y disfruta humillándolo, por pedir chico que sea; y no piensa ni se asusta. Se recoge en su materia y saca el listín de leyes, que siempre están mal hechas.
Si la ley es esperar, quita de la fila al que le falte la pierna y le veas la cara triste, apoyado en las muletas. Esto no lo hace el hombre, porque la ley la respeta.
Desperté, oí:
Piensa lo que Dios iba pidiendo
y lo que enseña a pedir.
Caridad es lo primero,
y justicia, a seguir.
Luego, las leyes las cumples,
cuando las leyes
sean cuchillos para ti.
Pero lo que el Elegido pide,
jamás te perjudicará a ti.
Porque si el pedir es malo,
Dios no le puede decir:
“Di que en mi Gloria Yo te hablo”.
Y es para hacer pensar sin olvido:
“yo negué y estoy negando”.
Al que un día me dirá:
“¿Qué has hecho con lo guardado?”.
No tiene disculpa el hombre
al humillar al que Dios le dice:
“Ve enseñando en mi Nombre”.
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Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - C5