En Sueño Profético decían:
Ésta es la Gloria; que la maldad del hombre lo deja sordo y ciego para que no vea ni oiga; que la maldad la presenta despreciando al que Dios Aquí trae. Si esto así no fuera, no necesitaría el Elegido buscar a nadie en la Tierra. Tan sólo presentarse, y presentando estas pruebas, antes de decir “yo quiero”, debería haber respuesta: “Si en mis manos está, cuenta con ello. Si yo se lo voy a servir al que da vida a mi cuerpo, y luego, si Él no quiere, no me da entrada en su Reino, ¿cómo negar y cerrar puertas al que coge de Instrumento?”.
Dijo uno:
A pesar de los siglos que hace que Dios bajó de Hombre a la Tierra, el hombre sigue igual. El hombre, a Dios, todo Le niega; y disfruta humillándolo, por pedir chico que sea; y no piensa ni se asusta. Se recoge en su materia y saca el listín de leyes, que siempre están mal hechas.
Si la ley es esperar, quita de la fila al que le falte la pierna y le veas la cara triste, apoyado en las muletas. Esto no lo hace el hombre, porque la ley la respeta.
Desperté, oí:
Piensa lo que Dios iba pidiendo
y lo que enseña a pedir.
Caridad es lo primero,
y justicia, a seguir.
Luego, las leyes las cumples,
cuando las leyes
sean cuchillos para ti.
Pero lo que el Elegido pide,
jamás te perjudicará a ti.
Porque si el pedir es malo,
Dios no le puede decir:
“Di que en mi Gloria Yo te hablo”.
Y es para hacer pensar sin olvido:
“yo negué y estoy negando”.
Al que un día me dirá:
“¿Qué has hecho con lo guardado?”.
No tiene disculpa el hombre
al humillar al que Dios le dice:
“Ve enseñando en mi Nombre”.
***
Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - C5
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lunes, 13 de julio de 2020
miércoles, 25 de marzo de 2020
Hay cosas que se valoran cuando ya se fueron de tus manos
En Sueño Profético decían:
Todo lo que se quiere, se cuida y se valora poniéndole un precio tan alto, que no hay quien tenga para pagarlo, si de verdad esto quieres.
Pues si comparas lo que Dios manda en su Nombre, te avergüenzas del mal recibir y del mal trato que le da el hombre. Ponen las cosas al revés: que el Elegido valore al que su mando acepte y practique.
Dijo uno:
Si el hombre supiera el día de la despedida de su cuerpo, todavía trataría peor al que Dios manda (el que supiera que poca vida le quedaba a él o al que él quisiera). Pero esto no lo sabe nada más que el que da la vida y el que manda que la vida el cuerpo deje. Esto no se debería repetir tanto en estos tiempos de tanta cultura y adelanto, que no sabe el niño comer solo y ya quieren que escriba perfecto un dictado.
Desperté, oí:
No harían falta testigos, si hubiera que demostrarlo, para ver la indiferencia y el poco cuido que le dan al que Dios le da su Mando.
Para que diga, y no en secreto: “¡Qué es Dios el que está hablando, y no yo!”.
Tan sólo estas palabras deberían formar escándalo.
Hay cosas que se valoran cuando ya se fueron de tus manos.
Esto pasó cuando Dios hizo el mundo, y todavía está pasando.
***
Libro 30 - Investigaciones a la Verdad - Tomo IV - C6
Todo lo que se quiere, se cuida y se valora poniéndole un precio tan alto, que no hay quien tenga para pagarlo, si de verdad esto quieres.
Pues si comparas lo que Dios manda en su Nombre, te avergüenzas del mal recibir y del mal trato que le da el hombre. Ponen las cosas al revés: que el Elegido valore al que su mando acepte y practique.
Dijo uno:
Si el hombre supiera el día de la despedida de su cuerpo, todavía trataría peor al que Dios manda (el que supiera que poca vida le quedaba a él o al que él quisiera). Pero esto no lo sabe nada más que el que da la vida y el que manda que la vida el cuerpo deje. Esto no se debería repetir tanto en estos tiempos de tanta cultura y adelanto, que no sabe el niño comer solo y ya quieren que escriba perfecto un dictado.
Desperté, oí:
No harían falta testigos, si hubiera que demostrarlo, para ver la indiferencia y el poco cuido que le dan al que Dios le da su Mando.
Para que diga, y no en secreto: “¡Qué es Dios el que está hablando, y no yo!”.
Tan sólo estas palabras deberían formar escándalo.
Hay cosas que se valoran cuando ya se fueron de tus manos.
Esto pasó cuando Dios hizo el mundo, y todavía está pasando.
***
Libro 30 - Investigaciones a la Verdad - Tomo IV - C6
lunes, 16 de diciembre de 2019
Haz que te sirvan tus manos pensando en Dios
En Sueño Profético decían:
No creas que está más cerca de Dios el que nada necesita. Tan sólo con este pensar, ya se retira.
Estar cerca de Dios es necesitar y que tú sirvas. Si necesitas, Dios ya te pone a alguien que te sirva. Y a este que te sirve, Dios lo ilumina.
Dijo uno:
El pedir es de Dios. Dios dijo en la Tierra: “Pedid y recibiréis”.
Si pides, obedeces a Dios. Y si recibes, Dios lo ha dado. Pero esto tiene que ser sabiendo que es Dios el que está mediando.
Cuando media Dios, piensa que son dos manos. Una va cogiendo. Otra va soltando.
Cuando no es de Dios, cogen las dos manos.
Yo Le pedía a Dios que lo que me diera no quedara en mí, si de sobra era. Si eran palabras o era cosecha.
Desperté, oí:
Hay palabras dichas,
tan llenas de Dios,
que quitan dolores
y acercan a Dios.
Al que tiene y guarda,
no le manda Dios.
Él solo se guarda
para el panteón.
Y deja en la Tierra
alegrías y risas,
porque de hucha sirvió.
No hay alegría mayor,
que le sirvas al Prójimo,
porque Prójimo es Dios.
Haz que te sirvan tus manos
pensando en Dios.
Y una irá recogiendo,
la otra, soltando.
Que esto da alegría al vivir
y estar a Dios contentando.
***
Libro 24 - Dios No Quiere, Permite - Tomo IV - C7
No creas que está más cerca de Dios el que nada necesita. Tan sólo con este pensar, ya se retira.
Estar cerca de Dios es necesitar y que tú sirvas. Si necesitas, Dios ya te pone a alguien que te sirva. Y a este que te sirve, Dios lo ilumina.
Dijo uno:
El pedir es de Dios. Dios dijo en la Tierra: “Pedid y recibiréis”.
Si pides, obedeces a Dios. Y si recibes, Dios lo ha dado. Pero esto tiene que ser sabiendo que es Dios el que está mediando.
Cuando media Dios, piensa que son dos manos. Una va cogiendo. Otra va soltando.
Cuando no es de Dios, cogen las dos manos.
Yo Le pedía a Dios que lo que me diera no quedara en mí, si de sobra era. Si eran palabras o era cosecha.
Desperté, oí:
Hay palabras dichas,
tan llenas de Dios,
que quitan dolores
y acercan a Dios.
Al que tiene y guarda,
no le manda Dios.
Él solo se guarda
para el panteón.
Y deja en la Tierra
alegrías y risas,
porque de hucha sirvió.
No hay alegría mayor,
que le sirvas al Prójimo,
porque Prójimo es Dios.
Haz que te sirvan tus manos
pensando en Dios.
Y una irá recogiendo,
la otra, soltando.
Que esto da alegría al vivir
y estar a Dios contentando.
***
Libro 24 - Dios No Quiere, Permite - Tomo IV - C7
jueves, 5 de marzo de 2015
¡Cuántos golpes, sin ver manos!
En Sueño Profético decían:
No hay quien le corte el camino al que Dios manda en su Gloria.
Si esto pensara el hombre, tres cosas traería a su memoria: Amor a Dios, remordimiento y vergüenza.
No hay quien le corte el camino, y no porque sea camino llano, que el camino es de pinchos, con fuerza pinchos pinchando.
No tiene el hombre derecho a vivir con todo lo que es de Dios y a Dios estar siempre él negándole. Le niega en dos maneras: primero su Existencia, y luego Le niega lo que Él le deja.
Dijo uno:
Si en Esto no fuera Dios el que le da el “Ve”,
no habría fuerza para llevar este “Ve”.
Este “Ve” hay que mirarlo
queriendo o sin querer,
con una altura tan alta,
que ya ves que es “Ve” de Él.
Pero para que Él te mande
tienes que Mando querer.
Luego está el otro Mando
que tú no quieres hacer,
porque no es mando del hombre
y ganancias no le ves.
Desperté, oí:
¡Cuántos golpes, sin ver manos,
al que Dios manda le dan
los que no quieren que sea,
esta gran Verdad, verdad!
Y por éstos que no quieren,
hacen duro el caminar.
Y quisieran que el camino
se fuera estrechando más.
Queriendo que el caminante
se volviera para atrás.
Y el caminante,
la cruz la lleva hasta el final.
Luego, que entregue las cuentas
el que la pudo quitar.
Tráete a tu memoria
el Amor a Dios,
y así, el camino acortarás.
***
Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II - Cierre del libro
No hay quien le corte el camino al que Dios manda en su Gloria.
Si esto pensara el hombre, tres cosas traería a su memoria: Amor a Dios, remordimiento y vergüenza.
No hay quien le corte el camino, y no porque sea camino llano, que el camino es de pinchos, con fuerza pinchos pinchando.
No tiene el hombre derecho a vivir con todo lo que es de Dios y a Dios estar siempre él negándole. Le niega en dos maneras: primero su Existencia, y luego Le niega lo que Él le deja.
Dijo uno:
Si en Esto no fuera Dios el que le da el “Ve”,
no habría fuerza para llevar este “Ve”.
Este “Ve” hay que mirarlo
queriendo o sin querer,
con una altura tan alta,
que ya ves que es “Ve” de Él.
Pero para que Él te mande
tienes que Mando querer.
Luego está el otro Mando
que tú no quieres hacer,
porque no es mando del hombre
y ganancias no le ves.
Desperté, oí:
¡Cuántos golpes, sin ver manos,
al que Dios manda le dan
los que no quieren que sea,
esta gran Verdad, verdad!
Y por éstos que no quieren,
hacen duro el caminar.
Y quisieran que el camino
se fuera estrechando más.
Queriendo que el caminante
se volviera para atrás.
Y el caminante,
la cruz la lleva hasta el final.
Luego, que entregue las cuentas
el que la pudo quitar.
Tráete a tu memoria
el Amor a Dios,
y así, el camino acortarás.
***
Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II - Cierre del libro
domingo, 2 de febrero de 2014
Hazte barro en manos del alfarero
En Sueño Profético decían:
Hazte barro en manos del alfarero, y ya entiendes lo de Dios.
Que el alfarero trabaja siempre haciéndolo mejor.
Cuando empieza de zagal, si le gusta, siempre lo verás contento y nunca le dirá “no” al mando del alfarero.
Hazte barro para Dios, Creador del Universo.
Dijo uno:
El hombre quiere poner a este barro el adelanto, y el alfarero moldea sólo en Dios pensando.
¡Ya le llevarán las manos donde más se luzca el barro!
Esto, para entenderlo, tienes que querer ser barro. Que el barro, en el hombre, es el amén que a Dios Le has dado.
Cuando aceptas contento el “Ve” que Dios ha mandado, es difícil y es sencillo cuando tú has superado el subir el cerro arriba y contento lo has bajado.
Desperté, oí:
No hay Mensaje que Dios dicte,
que no sea de grande Enseñanza.
Te pone al alfarero
como si fuera una cátedra,
sirviendo al mundo entero.
¡Que cierto que si el hombre
se ofreciera a Dios
como el barro al alfarero,
sería vivir en la Tierra
con muy pocos sufrimientos!
El hombre quiere que Dios
se haga barro en sus inventos.
Y ya se aparta de Él
y practica lo mal hecho.
***
Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II - Pág. 232-233-234
Hazte barro en manos del alfarero, y ya entiendes lo de Dios.
Que el alfarero trabaja siempre haciéndolo mejor.
Cuando empieza de zagal, si le gusta, siempre lo verás contento y nunca le dirá “no” al mando del alfarero.
Hazte barro para Dios, Creador del Universo.
Dijo uno:
El hombre quiere poner a este barro el adelanto, y el alfarero moldea sólo en Dios pensando.
¡Ya le llevarán las manos donde más se luzca el barro!
Esto, para entenderlo, tienes que querer ser barro. Que el barro, en el hombre, es el amén que a Dios Le has dado.
Cuando aceptas contento el “Ve” que Dios ha mandado, es difícil y es sencillo cuando tú has superado el subir el cerro arriba y contento lo has bajado.
Desperté, oí:
No hay Mensaje que Dios dicte,
que no sea de grande Enseñanza.
Te pone al alfarero
como si fuera una cátedra,
sirviendo al mundo entero.
¡Que cierto que si el hombre
se ofreciera a Dios
como el barro al alfarero,
sería vivir en la Tierra
con muy pocos sufrimientos!
El hombre quiere que Dios
se haga barro en sus inventos.
Y ya se aparta de Él
y practica lo mal hecho.
***
Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II - Pág. 232-233-234
miércoles, 30 de enero de 2013
Es la Iglesia la que tendría que tener esto en sus manos
En Sueño Profético decían:
El hombre está tan lejos de Dios, como el niño cuando nace, del andar y el masticar, del accionar y coger, de sujetar y apretar. Por eso, esta Enseñanza tiene que ser presentada por la máxima jerarquía, para dejar al descubierto a los que continúan tapados, arropándose con: ¡Bueno...!, y ¿qué dice la Iglesia...?
A éstos no les agradaría, por razón de tener que abandonar muchas cosas que pertenecen a la Tierra y perjudican al Cielo, y dan tan mala enseñanza, que te llevan al Infierno.
Dijo uno:
¡Qué cierto que es la Iglesia la que tendría que tener esto en sus manos, y gritarlo a cuatro vientos sin poder nadie pararlo, por ser mandato del Cielo, y así el hombre vería que la Iglesia es Dios, y el Cielo manda a la Iglesia, y la Iglesia habla al hombre, y ya el hombre es Iglesia!
Si el hombre no tiene Amor, aunque crea que no es Iglesia porque Iglesia es Dios, sitio donde reverencias sus Palabras y a tu espíritu alimentas con el Cuerpo de Cristo, y recuerdas las Palabras que dijo a sus Discípulos: “Éste es mi Cuerpo. Al que Me quiera, Yo nunca Me negaré”.
Desperté, oí:
¿Qué hubiera hecho Dios Hombre
si los Discípulos callan
y no dicen que era Dios,
y al cabo de otros siglos
cuentan otros hombres
lo que a éstos encomendó?
Dios, cuando le habla al hombre,
si Le guardara silencio,
ya sabría que no era de Él.
Esto sería saber del hombre
y engañar a Dios.
¿Cabe este pensar
en cabeza de hombre
que no sea subnormal,
que esté defendiendo un cargo
y el “don” le den al llamarlo?
El que Dios le dice:
“Ve delante”, lleva el agrado
del Amor que le ha mandado.
Y detrás lleva Poder,
que aparta y grita la fuerza,
y no se puede esconder
lo que ya del Cielo lleva.
¡Qué cosa tan infantil sería
que Dios te hablara a ti,
para que tú te callaras,
y después otro dijera
el mandar que Dios te daba!
***
Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - Pag. 79-80-81
El hombre está tan lejos de Dios, como el niño cuando nace, del andar y el masticar, del accionar y coger, de sujetar y apretar. Por eso, esta Enseñanza tiene que ser presentada por la máxima jerarquía, para dejar al descubierto a los que continúan tapados, arropándose con: ¡Bueno...!, y ¿qué dice la Iglesia...?
A éstos no les agradaría, por razón de tener que abandonar muchas cosas que pertenecen a la Tierra y perjudican al Cielo, y dan tan mala enseñanza, que te llevan al Infierno.
Dijo uno:
¡Qué cierto que es la Iglesia la que tendría que tener esto en sus manos, y gritarlo a cuatro vientos sin poder nadie pararlo, por ser mandato del Cielo, y así el hombre vería que la Iglesia es Dios, y el Cielo manda a la Iglesia, y la Iglesia habla al hombre, y ya el hombre es Iglesia!
Si el hombre no tiene Amor, aunque crea que no es Iglesia porque Iglesia es Dios, sitio donde reverencias sus Palabras y a tu espíritu alimentas con el Cuerpo de Cristo, y recuerdas las Palabras que dijo a sus Discípulos: “Éste es mi Cuerpo. Al que Me quiera, Yo nunca Me negaré”.
Desperté, oí:
¿Qué hubiera hecho Dios Hombre
si los Discípulos callan
y no dicen que era Dios,
y al cabo de otros siglos
cuentan otros hombres
lo que a éstos encomendó?
Dios, cuando le habla al hombre,
si Le guardara silencio,
ya sabría que no era de Él.
Esto sería saber del hombre
y engañar a Dios.
¿Cabe este pensar
en cabeza de hombre
que no sea subnormal,
que esté defendiendo un cargo
y el “don” le den al llamarlo?
El que Dios le dice:
“Ve delante”, lleva el agrado
del Amor que le ha mandado.
Y detrás lleva Poder,
que aparta y grita la fuerza,
y no se puede esconder
lo que ya del Cielo lleva.
¡Qué cosa tan infantil sería
que Dios te hablara a ti,
para que tú te callaras,
y después otro dijera
el mandar que Dios te daba!
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Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - Pag. 79-80-81
domingo, 2 de octubre de 2011
Cuando ya quedó el Saber dibujado por las manos - Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pag. 101-102
En Sueño Profético hablaban de la Gloria, en la Gloria. Decían:
Dios da el Premio al que trae, pero este Premio es para todo el que lo quiera. A Dios Lo ve el que Dios Aquí trae, que Dios luego dicta para que el hombre sepa cómo es Dios en su Gloria. Dios quiere que el Comunicante hable lo que en esta Gloria dicen. Dios quiere que hagan preguntas con Amor, para hablar con firmeza de la Existencia de Dios. Dios quiere que su Voz y Palabra sea oída por el hombre, oyendo al que Aquí viene, y preguntándole: “¿Ya sabes cómo es el Vivir de este Mundo sin carne?”; Vivir sin Poder entender. El que no crea el Misterio del Reino de Dios, no comprende al que Aquí traen.
Dijo uno:
El hombre estudia las cosas materiales, y no estudia las del espíritu, que las reacciones, movimientos, fuerzas y decaimiento, todo es interior del espíritu actuando en la materia, que es lo que ve el hombre.
El hombre está siempre queriendo pasar sin Dios. Al hombre le cuesta trabajo decir que hay Dios. El hombre demuestra ira cuando Dios habla. Dios nunca calló al silencio que quiso el hombre. Dios sí deja que el hombre le grite al Mensaje, por no pertenecer ya a su Reino. Todo el que a Dios le manda, Dios lo retira. Todo el que a Dios ame, Dios Hijo lo lleva al Padre para que viva con Dios Hijo y con Dios Padre.
Y ya a muchos se oía:
Dios Hijo es sólo Padre, hasta que el Padre fue Hijo, y luego ya quedó en Padre. Esta Gloria tiene Tres, pero Uno sólo hay.
Para que el hombre comprenda, de Gloria tiene que hablarle el que no puede saber el por qué Dios a él lo trae.
Desperté, oí:
Este Mensaje es de Gloria,
y en la Gloria ya fue dicho.
¿Qué hombre puede dictar
y engañar falsificando,
si cada frase que lees
ves que el hombre está apartado,
apartado su saber,
para que no sea ensuciado?
No verás tenga reforma,
cuando ya llegó el Dictado.
Cuando ya quedó el Saber
dibujado por las manos.
Cuando Dios manda que dicten,
no hay quien reforme el Mandato.
Porque no sería Dios
el que mandara las manos.
***
domingo, 25 de septiembre de 2011
Las manos del alfarero - Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag. 6-7-8
En Sueño Profético decían:
Donde Dios deja su Palabra, el que quiere ve a Dios. Su actuación y palabras te confirman su convivencia con Dios. Ésta es la Huella de Dios: Palabras tan firmes, que su firmeza te frenan; Palabras tan seguras, que si las pones en el centro, les verás la perfección.
Dijo uno de sus Discípulos:
Estas Palabras de Dios fueron dichas por Dios Hijo delante de varios letrados:
–El que Yo hable en él, sus Palabras siempre quedarán en el centro, para que el hombre que quiera, vea la perfección de mis Palabras.
Fue decir esto, y quedar algunos titubeando, sin entenderlo. Rápido dijo el Maestro a Juan:
–Juan, trae dos jarras grandes, pero una, que tenga falta y que el alfarero quiera venderla. Dile al alfarero que venga y que me traiga a otros alfareros. Que no teman pensando en las pérdidas, que se les doblaran las ganancias.
Llegaron tres alfareros con Juan, y dijo el Maestro:
–Como mi tiempo se acaba y mi Enseñanza es grande, con pocas Palabras y poco tiempo comprenderéis.
Cogió el Maestro la jarra que su perfección llegaba a tener los poros iguales, y la puso en la mesa, en el centro; mientras que la que tenía defecto mandó colocarla en una cornisa, donde sólo se le veía el frente. Dijo el Maestro:
–Ésta es, mis Palabras en centro.
Y ofreciéndole a los alfareros dar la vuelta alrededor de la mesa, dijo:
–Por más vueltas que deis, si tuvierais que comprarla, nunca le veríais defecto, porque ya así la hizo el alfarero mandado por Mí. La que está en la cornisa, tiene que estar cubriendo su falta; ésa, nunca puede estar en el centro, ni se puede vender, porque todos verían sus faltas. Pues aún más perfección tiene el Lugar que Yo le doy mi Palabra.
Desperté, oí:
¡Qué aclaración da Dios,
aunque ellos veían a un Hombre!
Una de las muchas jarras
que había hecho el alfarero,
fue la que Dios moldeó
sin que nadie estuviera viendo.
Por eso manda que pongan,
la que Él hizo, en el centro.
Y alrededor de la mesa,
andaban los alfareros.
No pudieron verle falta,
y ellos no eran dueños.
Porque Dios mandó del Cielo
las manos del alfarero.
***
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