En Sueño Profético hablaban del espíritu y del cuerpo. Decían:
Hay cosas en tu espíritu que no las sabe tu cuerpo, porque tú las detienes cuando llega el momento, que es fingir lo que no estás sintiendo. Que esto se puede hacer en lo malo y en lo bueno. Pero en las cosas de Dios no puedes fingir Amor si por dentro no lo sientes, porque el cuerpo te descubre en tu cara y en tus gestos. Esto es madre con hijo en brazos que quiere ocultar que lo quiere. No podría hacer el papel. En cambio, si no lo quería e iba a dejarlo, haría el papel apretando y acunando aquello que no sentía. Esto sí puede tu cuerpo demostrarlo. Pero si el espíritu es de Dios –cosa que a Dios agranda–, tú no puedes taparlo haciendo el papel de que no lo amas.
Desperté, oí:
Va el Mensaje a que cuando tú quieres, no puedes fingir que no quieres.
En cambio, en el no querer, sí puedes hacer el papel y engañar, aunque sea por poco tiempo.
Pero el Amor a Dios tú no puedes fingirlo por papel o por convenio, porque este Amor pide que lo vayan viendo.
Decían que una madre podía fingir, sin querer al hijo, que mucho lo quería.
Pero quererlo y hacer ver que no lo quiere, no hay quien pueda hacer este papel, porque el Amor busca ser descubierto.
Pues piensa amar a Dios y poder guardar silencio.
Es más fácil hacer ver que Lo quieres sin quererlo, que quererlo ocultando este queriendo.
No puedes querer a Dios y vivir como el que no Lo está queriendo.
En cambio, el que no Lo quiere, puede fingir en algunos momentos.
***
Libro 29 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo IV - C9
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miércoles, 7 de febrero de 2018
jueves, 2 de febrero de 2017
Cansa lo que no quieres
En Sueño Profético decían:
Cansa lo que no quieres, y pesa lo que no puedes levantar por su peso.
Si quieres, no te cansas, porque en hacer lo que quieres, ya descansas. El peso, pudiéndolo levantar y llevarlo, puedes ir descansando. Pero el peso, porque pese, no lo dejes, porque tú con el peso puedes. Lo que pasa es que tienes que ir descansando y al Cielo pedirle fuerzas sin duda y sin exigencias.
Dijo uno:
Hay quien ves que no lleva carga
y siempre te está diciendo:
“Yo no puedo con el peso”.
Y protestas le acompañan:
“¡Todo el día, y tantos días,
subo y bajo la montaña!”.
Cuando quieres la has subido
creyendo que la bajabas.
Éstos son los que a Dios sirven:
ni protestan ni se cansan.
Desperté, oí:
Hazte enemigo
de todo lo que puedas
que veas que te da cansancio
y te aparta del Cielo.
En la unión con Dios,
llega cansancio con satisfacción.
Y en este cansancio,
tú pides trabajo
y nunca dirás:
“Señor, yo me canso”.
Todo el que siguió a Dios
en la Tierra cuando bajó del Cielo,
ninguno estaba cansado,
ninguno dijo: “Maestro
me has dado más peso que puedo”.
El cansancio les venía,
y el querer les hacía descanso.
Al que le faltaba el querer,
allí acampaba el descanso.
***
Libro 23 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo IV - C5
Cansa lo que no quieres, y pesa lo que no puedes levantar por su peso.
Si quieres, no te cansas, porque en hacer lo que quieres, ya descansas. El peso, pudiéndolo levantar y llevarlo, puedes ir descansando. Pero el peso, porque pese, no lo dejes, porque tú con el peso puedes. Lo que pasa es que tienes que ir descansando y al Cielo pedirle fuerzas sin duda y sin exigencias.
Dijo uno:
Hay quien ves que no lleva carga
y siempre te está diciendo:
“Yo no puedo con el peso”.
Y protestas le acompañan:
“¡Todo el día, y tantos días,
subo y bajo la montaña!”.
Cuando quieres la has subido
creyendo que la bajabas.
Éstos son los que a Dios sirven:
ni protestan ni se cansan.
Desperté, oí:
Hazte enemigo
de todo lo que puedas
que veas que te da cansancio
y te aparta del Cielo.
En la unión con Dios,
llega cansancio con satisfacción.
Y en este cansancio,
tú pides trabajo
y nunca dirás:
“Señor, yo me canso”.
Todo el que siguió a Dios
en la Tierra cuando bajó del Cielo,
ninguno estaba cansado,
ninguno dijo: “Maestro
me has dado más peso que puedo”.
El cansancio les venía,
y el querer les hacía descanso.
Al que le faltaba el querer,
allí acampaba el descanso.
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Libro 23 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo IV - C5
martes, 3 de septiembre de 2013
Arrepentimiento llega cuando no quieres pecado
En Sueño Profético hablaba Agustín del que pecó y después vio el pecado, del que pecó porque vivió entre el pecado, del que pecó porque a pecar lo enseñaron:
A éstos, más les hablaba yo. En éstos había hombres buenos que me seguían mis pasos. Sabían mi vida anterior, y que Dios no me dio desprecio por ser grande pecador. Daban consuelo mis palabras al dar mi contestación. Nunca veía imposible el mandar Dios el Perdón, pero antes de pedirlo, yo les decía que se probaran a vivir sin pecar, y cuando hicieran vida de reposo en conciencia y despreciaran lo que les hacía pecar, entonces les vendría lucha para empezar a pecar. Pero ya está la defensa de querer a alguien buscar, a alguien que su vivir te retira a ti del mal. Ya, cuando todo lo nombrado practicaban, servían para enseñar a quitar de pecar a otros que ellos dejaron pecando y viviendo vida de desesperación cuando pensaban: “Yo ya no tengo remedio. Yo ya estoy “condenao”. Yo ya he hecho tanto mal que a Dios llamar no me atrevo”. Este pensar tuve yo antes de llamar al Cielo, y este pensar tendrá el que sienta arrepentimiento. No me cansaba el hablar lo que Dios me hacía en el Cielo. No sé si subía la Tierra a Gloria, o Gloria bajaba a suelo. No sé si yo veía Gloria, o Gloria me estaba viendo. No sé, si vivo estuve muerto. No sé lo que me pasaba, hasta que fui comprendiendo que el Perdón me había llegado a ocupar arrepentimiento.
Desperté, oí:
Arrepentimiento llega
cuando no quieres pecado.
Entonces viene la lucha
de querer dejar pecado.
Pero el pecado acecha
con tentaciones y agrado.
Agustín recomendaba
una pausa a tu conciencia.
Una busca al que vivía
día y noche vida buena.
Vida de adorar a Dios
y despreciar en la Tierra
pecado, condenación.
Los pecados los aparta,
vivir Camino de Dios.
Y el que está haciendo pecados,
no puede vivir con Dios.
Si llega arrepentimiento
y odias haber pecado,
puede que un día te veas
en la fila de los Santos.
AGUSTÍN DE MÓNICA
***
Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pág. 24-25-26
A éstos, más les hablaba yo. En éstos había hombres buenos que me seguían mis pasos. Sabían mi vida anterior, y que Dios no me dio desprecio por ser grande pecador. Daban consuelo mis palabras al dar mi contestación. Nunca veía imposible el mandar Dios el Perdón, pero antes de pedirlo, yo les decía que se probaran a vivir sin pecar, y cuando hicieran vida de reposo en conciencia y despreciaran lo que les hacía pecar, entonces les vendría lucha para empezar a pecar. Pero ya está la defensa de querer a alguien buscar, a alguien que su vivir te retira a ti del mal. Ya, cuando todo lo nombrado practicaban, servían para enseñar a quitar de pecar a otros que ellos dejaron pecando y viviendo vida de desesperación cuando pensaban: “Yo ya no tengo remedio. Yo ya estoy “condenao”. Yo ya he hecho tanto mal que a Dios llamar no me atrevo”. Este pensar tuve yo antes de llamar al Cielo, y este pensar tendrá el que sienta arrepentimiento. No me cansaba el hablar lo que Dios me hacía en el Cielo. No sé si subía la Tierra a Gloria, o Gloria bajaba a suelo. No sé si yo veía Gloria, o Gloria me estaba viendo. No sé, si vivo estuve muerto. No sé lo que me pasaba, hasta que fui comprendiendo que el Perdón me había llegado a ocupar arrepentimiento.
Desperté, oí:
Arrepentimiento llega
cuando no quieres pecado.
Entonces viene la lucha
de querer dejar pecado.
Pero el pecado acecha
con tentaciones y agrado.
Agustín recomendaba
una pausa a tu conciencia.
Una busca al que vivía
día y noche vida buena.
Vida de adorar a Dios
y despreciar en la Tierra
pecado, condenación.
Los pecados los aparta,
vivir Camino de Dios.
Y el que está haciendo pecados,
no puede vivir con Dios.
Si llega arrepentimiento
y odias haber pecado,
puede que un día te veas
en la fila de los Santos.
AGUSTÍN DE MÓNICA
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Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pág. 24-25-26
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