viernes, 9 de agosto de 2013

Sufrir con Paz

En Sueño Profético decían:

Hay sufrir con tanta Paz, que desmiente al sufrimiento –estas frases fueron muchas veces dichas por Teresa de Ávila– Y hay contento tan contento, que se esconde el sufrimiento. Esto tiene poco estudio –seguía Teresa diciendo–, que si de Dios no te apartas, dominas el sufrimiento. Los más pegados a Dios, van cargados de sufrir. ¡Pero con qué ligereza van llevando este sufrir!

Ya es la misma Teresa la que Aquí empieza a decir:

El que sufra no apartando,
que le llame a esto sufrir.

Yo sufrí tanto en el convento,
como después de salir,
que si no le doy salida,
era sufrir de morir.

No hay sufrir mayor,
que vayas calle arriba,
que ya lleves tu dolor,
y veas en una esquina
risas y gestos de odio,
de quererte confundir,
de querer que tú ya digas:
“es mentira
que Dios me habló a mí”.

Esto, subiendo la calle,
y ya cuando tu alegría
baja por esta calle simbólica,
quieren quitar la alegría
de lo que te han dicho en Gloria.

Este sufrir es de Amor de este Dios,
que no comprende aquel que piensa:
Si Dios la lleva a su misma Gloria,
cómo Dios no obliga al hombre,
cómo dice “yo veo Gloria”,
y nadie cree y comprende.

Éste es el más sufrir
que pueden tener los hombres.
Pero yo, sin este sufrir,
mil veces pido la muerte,
si con Dios podía vivir.

Desperté, oí:

Es de tan sí y de no,
el que comprendan sufrir
cuando sufrir es de Dios.

El que tú sigas diciendo:
“yo repito lo de Dios”,
y ya se queden parados
con insulto para Dios.

No creyendo su Existencia,
y que nadie oiga su Voz.

Este sufrir es sin cambio,
porque es insulto hacia Dios.

Yo me quitaba el sufrir
acercándome más a Dios.

Aunque a veces me dijeran:
“déjate ya tu sufrir,
vive como otra Teresa
que tanto no hable de Allí,
que tienes la recompensa
en sufrir y más sufrir”.

Ya me venía alegría,
que abrazaba con mis brazos,
de sentirme Dios Allí.

Este sufrir, el que no ama,
no puede llamar sufrir.
Y el que ama, ya te sigue,
abrazando este sufrir.

TERESA DE ÁVILA


***

Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pág. 182-183-184