sábado, 8 de marzo de 2014

El Pecado que el hombre no lo tiene por pecado

En Sueño Profético hablaban del pecado que el hombre no lo tiene por pecado. No lo tiene porque no lo enseña diciendo: “esto hay que aprender y practicar, y el que no lo haga está pecando”.

Esto sería creer que no enseñar la Palabra de Dios y hacer practicarla, es grande pecado. Luego ya, cuando tú seas responsable de tu espíritu y cuerpo, tu Libertad te lleva a seguir a Dios o a condenarte.

Esto, el hombre que pisa Tierra, no le llama pecado. Esto lo deja libre para que el que quiera lo aprenda y lo practique; y el que no quiera, que no lo aprenda.

Dijo uno:

Al hombre no puedes quitarle que el cuchillo se esconda, pero de niño sí puedes prohibir y castigar que el cuchillo no coja.

El hombre siempre interpreta mal lo de Dios.

Dios Hombre daba y dejaba Libertad para que Lo quisieran cuando eran hombres. Pero a los niños los llamaba, y reprendía a los mayores que quitaban que a Él se acercaran.

Dios Hombre nunca dijo: “Si vosotros no Me queréis, enseñad a los niños a que no Me quieran”. Pues si esto no lo dijo Dios y el hombre lo hace, ya hace pecado más grave que el pecado que hace el hombre que lo condenan las leyes.

Desperté, oí:

Le pone el hombre castigo
a lo que ve que hace mal el cuerpo.

Le llama el hombre pecado
al hombre que no cumple los Mandamientos.

Y no le llama pecado
a que no enseñe ni obligue al niño
a que el Nombre de Dios es Sagrado.

Que la inocencia del niño
la Gloria la va agrandando.

Si Dios le pide a los hombres:

“Haceos niños
y entraréis en mi Reino”.


¿Cómo querer el hombre que el niño
llegue a hombre sin quererlo?

Es el pecado mayor
que hoy tiene el hombre,
el no enseñar al niño
de la Gloria y de Dios Hombre.

De cuando baja a la Tierra
para enseñar a los hombres
a que se amen como Él ama.

El niño debe ser
enseñado y mandado.

Y cuando llegue a hombre,
que se retire de Dios
o que siga con más fuerza enseñando
lo que a él le enseñaron.

Si esto así se cumpliera,
habría pocos retirados.


***

Libro 19 - Dios Manda en Su Gloria Que Enseñen - Tomo III - Pág. 140-141-142