sábado, 26 de agosto de 2017

Levanta al que esté en el suelo, con alegría y deseos

En Sueño Profético hablaban de la Caridad. Decían:

Si la llaga de otra carne, a tu carne se pasara, ya podrías comprender el dolor que producía la llaga y buscarías el bálsamo para que el dolor calmara. Esto, ya, te pondría Caridad donde vieras otras llagas. Los caminos, si los cuentan, no son iguales que si tú los pasas. Si los cuentan, tú los achicas a los agrandas. Pero si tú los has pasado con la mirada en el Cielo, ya sientes la Caridad y ofreces ayuda y consejo.

La Caridad practicada es el mejor documento para la Tierra y para el Cielo. La Caridad no puedes practicarla si a Dios no amas de verdad, porque en vez de Caridad, llamas a los espíritus del mal, con la falta de compasión o con el pecado abrazar.

Desperté, oí:

Si te traes a tu espíritu o a tu cuerpo
el sufrir que estás viendo,
ya sirves para quitar sufrimientos.

¡Pero es tan difícil
practicar este Evangelio!

Que aquel que lo practica,
no encuentra compañeros
que se ofrezcan a quitar cruz
que el que no ama a Dios ha puesto.

La Caridad puedes darla
poniéndote tú en el sitio
de aquel que le ves la llaga.

Y si vieras un defecto
y tú pudieras quitarlo,
Dios te manda doble pago.

Levanta al que esté en el suelo,
con alegría y deseos,
como si fuera algo tuyo.

Que este es el Mandamiento
que Dios le dejó al hombre
cuando Él se trajo el Cuerpo.

Si la Caridad es sin Dios,
ya no sirve Aquí en el Cielo.


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Libro 32 - La Palabra del Creador - Tomo III - C3