En Sueño Profético decían:
No preguntes a Dios los “porqués”, que los “porqués” son de los hombres. Que el hombre da contestar, a la pregunta que haces, con mentira o con verdad. Porque el hombre si hoy no miente, mañana te mentirá; y si la verdad se esconde, mañana ya la dirá por la fuerza de otro hombre. Pero Dios actúa de Dios por encima de los hombres y no podrían comprender el porqué que Él consiente. Porque el hombre, para entender lo de Dios, tiene que hacerse niño, párvulo, y dejarse su poder como deja los zapatos cuando en la cama se mete. O hacerse hombre del campo, que la ciudad no conoce, y su inteligencia pone en el porqué, que a otro hombre le cuesta trabajo el comprender.
Dijo uno:
Entiende más la Palabra de Dios el que Le pide a Dios entenderla, que el que se tiene por sabio. Pues las cosas de la Tierra no se igualan con este “hablando”. Dios se comunica al hombre y títulos deja a un lado, porque si no sería un Dios con preferencia al valor que el hombre ha dado a las cosas de la Tierra.
Cuando Dios te da el Perdón, no te lo da por lo que tengas. Y al pobre que no Lo llama, al pobre no se presenta. ¿Cómo quieres tú saber los “porqués” que son de Dios, que Aquí en la Gloria se quedan?
Desperté, oí:
No habría papel ni tinta para escribir los “porqués” que en esta Gloria dictarían.
Pero el hombre no los podría comprender y su respuesta el pecado agrandaría.
¿Cómo pedirle al ave
que ande con cuatro patas,
si tiene dos y dos le faltan?
Y al elefante que vuele
y que remonte las casas.
A la hormiga que haga el canto
como lo hace la rana.
Y al niño recién nacido
que tenga conocimiento.
Pues compara todo esto
y verás qué torpeza
al que quiera proponerlo.
Pues más torpeza demuestra
el que los “porqués” de Dios
intenta querer saberlos.
Él, cuando vivió de Hombre,
los “porqués” los tenía en silencio.
Los Discípulos veían
lo que Él estaba diciendo.
Y si alguno le preguntaba
con Amor y con respeto,
Él más fuerte contestaba:
Es mi Padre el que sabe los “porqués”,
porque los tiene en el Cielo.
Vosotros, mientras estéis con materia,
no podréis comprenderlos.
Decid Amén al “porqué”
y ya estáis aprendiendo.
Cuando Yo no esté en la Tierra,
más “porqués” iréis viendo.
Y si el Amén os faltara,
os podría llegar el pensar
si Yo no sería el Maestro.
Cambiad el “porqué” por el Amén,
y juntos continuaremos.
***
Libro 74 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo IX - C7
No hay comentarios:
Publicar un comentario