En Sueño Profético decían:
Sin Amor a Dios se hará la vida material dura, no tendrás el sufrimiento en silencio, te faltará caridad en el momento del perdón y puede que el sufrir te hiciera pecar.
Sin Amor a Dios no harás vida de ejemplo, ni tus palabras cerrarán heridas, ni curarán llagas.
Sin Amor a Dios no oirás el lamento del necesitado, ni sufrirás por el que a Dios no ame.
Sin Amor a Dios eres fiera domada que conoce al domador, y conociéndolo lo mata en el momento de la riña o cuando vuelva la espalda.
Este es el hombre sin Amor a Dios.
Dijo uno:
El Amor a Dios es el que lleva al hombre a la Paz, le cierra las puertas a la ira y acapara el sufrimiento hasta que Dios lo retira. El que ama a Dios tiene sufrir y aceptación sin admitir un consejo que no sea de Dios. Dios, cuando vivió de Hombre, lo primero que quería que se aprendiera y se practicara era el Amor, pero un Amor que se pasara de mano en mano, con grandes y chicos, y en mitad una columna de fuego Divino, Eterno, que lo forme el Amor del hombre a Dios, y ya viviría su Mandato, que es éste:
“Amaros como Yo os he amado”.
Desperté, oí:
Al hombre le es imprescindible vivir amando a otros para que no decaigan las ansias de llegar a la Gloria.
Para derrotar al pecado.
Para buscar al que anda perdido del rebaño de Dios.
Para compadecer al más débil.
Para sentirse llamado por el Prójimo.
Para tener caridad con el que pecó y ya no está pecando.
El que ama a Dios no puede nunca ser malo.
Ama al hombre como Él dijo y ya estás a Dios amando.
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Libro 66 - Investigaciones a la Verdad - Tomo XI
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