domingo, 19 de abril de 2026

El que ensucia sus Palabras, no es suyo

En Sueño Profético decían:

Un día, yendo el Maestro de Cielos y Tierra enseñando de su Sabiduría, al hombre, dijo: 

Creerá más en Mí, el que no ensucie mi Enseñanza y el que no intente reformarla aunque creyera mejorarla. El que la ensuciara, estaría pecando en contra de mi Padre, por ser Él el que Me ha enviado a Mí. Y el que quisiera reformarla, ya dudaría de quién soy. Unos son pecadores. Y los que quieren reformar las Palabras y Acción de mi Padre, si no obedecen, no Me sirven. Yo soy el mismo Dios, y por ser el Hijo, obedezco a mi Padre. Si Yo creo quién es mi Padre y no cumplo lo que dice en Mí, mi Padre no se hubiera hecho Hijo, y hoy no veríais a Dios y no tendríais quien os enseñara el Camino de la Salvación. Hubiera seguido la Enseñanza dicha por mi Padre, en otra carne, como seguirá cuando ya no Me veáis de Carne”.     

Desperté, oí:

¡Qué razón tan poderosa 
expone el Maestro a sus Discípulos 
y a todos los que allí estaban aprendiendo!

El que ensucia sus Palabras, 
no es suyo.

Y el que intenta reformarlas, 
le falta creencia.

A unos aparta 
y a otros enseña.

Pero los que le sirven
son los que usan su Obediencia.

El que reforma, puede que sea
idea del que la ensucia.

***

Libro 13 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo II - Cierre del Libro 

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