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martes, 20 de mayo de 2025

Los ángeles

En Sueño Profético hablaban de lo poco que el hombre nombra a Dios y a su Gloria. Y es que el hombre no cree en esta Eterna Vida donde Dios está en Presencia Divina.

Dijo uno:

El hombre no cree en esta Gloria porque de niño no lo enseñan a que Dios está en el Cielo y también está en la Tierra.

Aquí voy a decir unas frases que mi mujer a los hijos les decía y hacía que las aprendieran. Tres teníamos, y los tres, antes de decir padre o madre, aprendieron a decir “Dios”.

Éstas eran sus palabras:

“Enseña al niño a que a Dios
hay que quererlo primero,
porque Dios quiere a los niños
aunque no sean niños buenos.

Pero si no son buenos,
Dios sufre porque los ángeles
ya no bajan a jugar con ellos”.

Cuando los levantaba, mientras a uno vestía y a otro le daba la ropa, les decía: “Que en el día de hoy más habléis de Dios y miréis al Cielo con esta oración:

Señor,
quiero ser hombre
y quiero ser niño,
quiero quererte más,
pero dime cómo lo digo.

Quiero mirar al Cielo
y ver los angelitos.

Hoy, Señor, voy a ser bueno
y así estoy contigo”.

Desperté, oí:

A los chiquillos entretenía hablándoles del Cielo y a la vez les daba algún juguete nuevo.

Cuando lo tenían en las manos miraban al Cielo y esto les oías:

“Niño Jesús,
Te quiero mucho.
Te voy a querer más
para que los niños
te quieran y te canten
antes de la calle pisar.

Te canten esta canción:

Los niños, los corderitos
y los pajaritos
no le hacen daño a Dios.

Los niños son angelitos.
Los pajaritos, con su trino,
alegran la Gloria.
Y al cordero,
cuando Dios baja a las manos
del que Lo representa,
lo nombran”.

Si eres madre como Dios tiene mandado, enseña a tus hijos a que a Dios tienen que adorarlo.

¡Es pena que la cultura haya quitado esta asignatura!

Cuando debería ser, cuanto más cultura, más de Dios aprender.

***

Libro 40 - Dios Manda En Su Gloria que Enseñen - Tomo VI - C4

sábado, 19 de agosto de 2023

Son los ángeles, que a Dios piden por los niños

En Sueño Profético decían:

Lo que a Dios Le pides, Él hace que se Lo pidas. Y ya pides con la fuerza que Dios quiere que esto pidas, y jamás te cansarás, aunque tarde en llegar lo que Le pidas.

Dijo uno:

Que esto se ve en tu petición. Pedías, sin cansarte, que Dios te mandara quien cantara estos Mensajes. Has tenido muchos desprecios, pero la confianza en Dios te hacía buscar y esperar, pero sin enfado, pensando: “Dios, un día, me mandará a uno que Le siga su Mando. Pues el que se ha ofrecido, algo ha notado, que pondrá todo lo que pueda, porque Esto le ha calado. ¡Qué pronto comprendió que Esto era camino distinto al camino del hombre!

Desperté, oí:

Ya, el que se ha presentado para en alta voz cantar estas Palabras, te decía caminos que ya no hay que dejarlos.

Estaba esperando con algo interior el querer hacer el mando.

Ya, cada día y cada hora, se verá esto, que está costando tanto trabajo, subir las Palabras de Dios por los montes y por los llanos.

En el Sueño de esta noche se oía como canto de niños, y una voz dijo: “Son los ángeles, que a Dios piden por los niños”.

Éstas eran las palabras que a coro se oían:

“Señor, que los niños lleguen a hombres, pero que por dentro sean niños. Que éstos defienden la Gloria y el pecado no lo admiten”.

Para cantar estos Mensajes hacen falta Amor de Dios, garganta y voz.

Pues si esto lo consigues, gran premio Dios les dará.

El que esto así no vea, vive apartado de Dios, aunque en la iglesia lo veas.

***

Libro 45 - Te Habla El Profeta - Tomo VI - C5

viernes, 17 de febrero de 2023

Los ángeles y los niños

En Sueño Profético decían:

Dios Hombre decía en su Enseñanza, cuando hablaba a los Discípulos y al que Lo seguía:

“El que más horas dedique al Prójimo, más cree en mis Palabras y más quiere estar conmigo, porque Yo siempre estaré en el Prójimo y mi Presencia la notará más el que más crea que Yo soy Dios Hijo, enviado por mi Padre, que es el Padre Eterno”.

“Amaos. Y a los niños tratadlos como ángeles de mi Gloria hasta que sean hombres y conozcan el pecado”.

“El hombre que oiga mis Palabras como niño, no perderá mi Reino”.

“Si estas Palabras el hombre la practicara y las enseñara, no habría hombre malo”.

“Si el bueno fuera más bueno, el malo no sería tan malo”.

“Si el cuchillo no lo afilas, no corta y lo tiras”.

Y seguía diciendo:

“Aprended mis Palabras, enseñadlas y practicarlas”.

Desperté, oí:

Va el Mensaje al Amor que Dios quiere que se tenga al Prójimo.

Que hoy, si no hay Amor, no se emplean en él las horas que se han empleado.

Decían en la Gloria, que los niños son representantes de los ángeles del Cielo.

Porque el niño lleva estos guardianes sin nadie verlos.

Tan sólo lo sabe el que Dios trae a su Reino y Dios elige para que enseñe al que quiera aprenderlo.

Los ángeles y los niños son para Dios los primeros.

***

Libro 54 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo VII - C1

domingo, 21 de agosto de 2011

Los dos tenían despertar, viendo ángeles primero - Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo I - Pag. 137-138-139


En Sueño Profético decían:

No hay despertar con más gozo, que saber que ayer hiciste bien donde te necesitaban. Y no hay peso más grande, que despertar y tener que levantarte sabiendo que hiciste mal, un mal que pudiste remediar.

Dijo uno:

Si el que no se preocupa del que sufre, probara a preocuparse, le vería otro saber a la vida material y notaría descanso en su espíritu, porque el no querer ayudar a la cruz de otro, es grande peso en tus espaldas.

Si coges cruz con Dios
y sigues por donde Él te manda,
ya te mandará su ayuda,
y la cruz será de paja.

¡Pero qué gozo tan grande
cuando al despertar te digas:
“Hoy haré más que mañana”!

Cuentan Aquí, en la Gloria,
para que sirva de enseñanza,
que puedes hacer el bien
cualquier día de la semana.

Un repartidor de pan,
que con su bestia y serones
sacaba el pan a cargas,
dicen que hacía tanto bien,
que sin ser el dueño del horno,
a mucha gente alimentaba.

Le vendía tanto al horno
donde el trabajaba,
que una carga de pan diaria
el dueño le daba,
sabiendo el dueño que aquel pan
el repartidor no cobraba.
Todos los días le llevaba
una lista del hambriento
que jornal no ganaba.

Desperté, oí:

Uno que no tiene nada, da,
porque el que tenía le daba,
porque los dos,
la cruz de otros llevaban.

¡Qué tranquilos se acostaban:
el dueño, que era de Dios,
y el que le vendía las cargas,
que servía de recadero!

Él iba oyendo las penas,
y se las contaba al dueño.

Y la venta aumentaba,
y el negocio iba creciendo.

Los dos estaban de acuerdo.
El que repartía el pan
fue conocido en el pueblo:
¿Cómo vende tanto pan,
si no hay gente “pa” comerlo?

Los dos tenían despertar,
viendo ángeles primero.

Y nunca llegó el pesar,
pesar de remordimiento.

Si el hombre hiciera el bien,
siempre sentía un contento.


***