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domingo, 27 de enero de 2013

El hombre obedece al hombre y desobedece a Dios

En Sueño Profético decían:

En lo material no te extraña nada de lo que el hombre exige. Todo lo que el hombre quiere, tiene que hacerlo el hombre.

En lo espiritual todo se hace pesado, tan pesado, que muy pocos lo cumplen.

Haremos unas cuantas comparaciones:

¿Qué malo sería en un colegio de niños, que exigen uniforme, que dos o tres no lo llevaran? Pronto diría el profesor: “que el niño quede en casa hasta que se presente como todos”. Esto es aceptado, y viéndolo normal.

¿Qué más daría ser más alto o más bajo, año más o menos, para ingresar en el ejército, o ir vestido de distinto color? ¿O en la estación de invierno llevar zapatos blancos de lona, aquel señor que tuviera un cargo importante? ¿Y la reina, que su corona diera a su servidumbre, haciendo ella el servicio que ésta le hacía a ella? Aquí no sería permitido que la reina sirviera a su servidumbre. Esto no es malo, pero el hombre no permite, el hombre obedece y hace todo lo que el hombre quiere. El hombre es esclavo del hombre e insubordinado de Dios. Hacer lo que a Dios agrada cuesta trabajo. Hacer lo que el hombre quiere, agrada.

Desperté, oí:

El hombre obedece al hombre, y cuida su materia como objeto eterno.

El hombre desobedece a Dios, y se cuadra ante el hombre.

Dios habla, y no es oído. El hombre manda, y es cumplido.

Dios quisiera que Lo oyeran; y lo que oyeran, con Amor lo cumplieran.

Dios sufre más cuando no Lo quieren oír, que cuando no Lo oyeron.

Si no quieres oír a Dios, no Lo llames para que Él te oiga.


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Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pag. 56-57-58

lunes, 17 de diciembre de 2012

Cuando el pecado te deja y cuando tú dejas pecado

En Sueño Profético hablaba Agustín de Mónica. Hablaba del pecado, de la gravedad que tiene el que peca y sigue pecando.

Dijo Agustín:

Yo quité a muchos de pecar con contar mi arrepentimiento. Y otros que iban a pecar, no pecaron.

¡Cuántos me confesaron sus tentaciones! ¡Cuántos me abrazaban llorando! Yo me quería hacer el fuerte, pero cada vez que oía: 

Agustín, el Perdón yo no merezco.
¡He hecho tanto mal a mi alma...!
¡He hecho tanto mal a mi cuerpo...!  
¡He dejado tantas veces 
a mis hijos sin alimento...,
que no debería buscarte,
pero si me mato el cuerpo,
ya nunca podré salvarme.

Esto oía de unos.

Otras veces me buscaban,
mujeres que vivían amancebadas,
para oír estos consejos:

¿Tú crees que Dios desde Allí,
tan alto como está el Cielo,
Él va a saber quién es el malo o el bueno? 

¡El dinero no lo gasta 
el que no tiene dinero!
¡Y la belleza, que sea
“pa” el que la pague a buen precio!

Esto me lo contaban
entre sollozos y tapándose la cara.
Avergonzadas, esperaban mis consejos.

Yo creo que a mí me venían
para que este sufrimiento
me recordara mi vida,
y más llamara yo al Cielo,
y más pidiera el Perdón,
y a más malos hiciera buenos.

Cuando ellos terminaban,
yo les hablaba de este Reino,
al que ellos pidieron Perdón,
sabiendo que Dios perdona
cuando tú dejas pecado,
no que el pecado abandona.

Desperté, oí:

No sé si debo aclarar
estas palabras ya dichas,
que son de esta Gloria:

Es más grave en el pecado,
cuando el pecado te deja,
que cuando tú dejas pecado.

Cuando tú dejas pecado,
buscándote a ti el pecado,
es cuando sientes a Dios
y te sientes perdonado.

No es la misma gravedad,
habiendo los dos pecado,
que el pecado a ti te deje,
a que tú dejes pecado.

Hay quien cuando ya no puede pecar,
por falta de la materia,
pide Perdón y exigencia.

Esto no tiene el valor 
de aquel que pecando igual,
se despoja de sus bienes
y a Dios se pone a buscar
sin que lo demás le importe.

Yo diré de Magdalena.
Y otro, que diga de mí.

AGUSTÍN DE MÓNICA


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Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 81-82-83-84

jueves, 21 de octubre de 2010

Aceptación a todo lo que te llegase - Libro 57 - La Palabra del Creador - Tomo VI - Pag. 199-200


En Sueño Profético se vio una nube grande. De ella salían rayos de luz de color oro, que iban del Cielo a la Tierra. Desapareció la nube y apareció la Imagen de Dios Hijo, con un manto que le cubría todo el Cuerpo. Y éstas fueron sus Palabras:

“Piensa que mi Presencia no te falta, aunque mi Cuerpo no lo veas como ahora lo estás viendo. Si algún día te llegara la duda, mira al Cielo, y el Poder de mi Padre llegará a tu cuerpo. Mientras recibas con Paz lo que tu espíritu no merece, no te faltarán de mi Gloria las Fuerzas, para que vean mi Poder en el que Yo elijo”.

Desapareció la Presencia de Dios Hijo, y el cielo, como de noche quedó.

Ya dijo un espíritu con Mando de Dios:

Ha sido una Visión con la presencia de Dios Hijo. Esta Visión es difícil explicarla como no creas primero en Dios y después en el que está contando lo que Dios le ha dicho a su espíritu en el ArroboDesprendimiento del espíritu por la Fuerza del Mando de Dios y obediencia en la carne esperando el retorno del Mando (L.76-Pag.73-74-75) para que quede escrito y publicado y sirva de Enseñanza en la Tierra.

Decían que, para ser Elegido, lo primero que tenías que tener era aceptación a todo lo que te llegase, y en el enfado, seguir y querer más a Dios. Esto es lo que el Elegido siempre ha pregonado, antes y después de ser Elegido. El que tenga dudas, que lo siga y verá que su consejo es que todos lo pasen bien, pero recordando las Palabras de estos Mensajes.

Desperté, oí:

El Sueño que ha traído a este día, da grande alegría el recordarlo.

¿Cómo decir la alegría que da el ver la Imagen de Dios, diciendo las Palabras que están escritas?

El principio de este Mensaje es para no olvidarlo.


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