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jueves, 31 de enero de 2013

El tiempo que dedicas a Dios, es salario que a la Gloria mandas

En Sueño Profético decían:

El hombre le llama perder el tiempo a las cosas del espíritu, a las cosas que no ves, sientes y Dios premia, sin pensar que al espíritu tienes que dedicarle el mejor tiempo.

Dijo uno:

El espíritu tiene sus deseos y te empuja a que a él le sirvas. Si el espíritu es de Dios, siempre te tendrá preparado trabajo para acarrear al Cielo. Y si el espíritu no está con Dios, siempre estará, según él, aprovechando su tiempo, un tiempo que no sirvió ni para dar un consejo. Porque para aconsejar, tú tienes que ir, primero, siempre apartando el mal, siempre enseñando del Cielo, siempre partiendo tu pan y dándolo al pordiosero, siempre el mismo caminar, por pertenecer al Cielo.

Dijo otro:

Mi padre decía que debería el hombre estudiar la carrera del buen consejo; que un consejo dado con Amor de Dios y a tiempo, enseñaba a vivir Paz, que era ir podando, y el espíritu daría brotes con el abono de tus palabras, que iban detrás de tus hechos. A esto, el que Aquí no piensa, le llama perder el tiempo.

Desperté, oí:

Todo el tiempo que ahí “pierdes”
por hacer servicio a Dios,
es salario que Aquí mandas,
que te lo administra Dios.

En cambio, el que se cree
que todo el tiempo ganó,
luego Aquí se presenta 
sin conocer lo de Dios.

Luego, ya se queda el tiempo
como castillo o muralla,
sin conocer a su dueño.

Sin importarle quién fue
el que hizo los cimientos.

El tiempo que es para Dios,
luego, Aquí entra, en la Gloria,
contando lo que pasó.

Luego se vuelve a la Tierra,
para acarrear al Cielo,
y nunca es tiempo perdido
el tiempo del buen consejo.

Si esta carrera se hiciera,
se daba valor al tiempo.


***

Libro 14 - Dios Manda en Su Gloria Que Enseñen - Tomo II - Pag. 37-38

miércoles, 23 de enero de 2013

Salario que ningún hombre te podría pagar

En Sueño Profético decían:

Si ella no hiciera Caridad, sería admitido dudar de la Revelación. La Caridad que ella vive es directa de Dios, es Caridad con alegría, Caridad sin descanso, Caridad que ella quisiera que todos practicaran. La Caridad es un deber que todos tienen. Éstos son los que para Dios no tienen deber, o sea, no son responsables –y vi a muchos niños, y el mayor tendría unos 10 años.

Dijo uno:

Estos niños deben ser enseñados a tener Caridad y a que la practiquen, pero estos niños no pueden ser responsables. Son responsables cuando tienen edad de ganar un salario, cuando ya no son niños, cuando ya son hombres. Entonces son responsables si faltan a la Caridad.

Si acudes a donde de ti necesitan, ya estás visitando a Dios, y Dios te lo paga.

Desperté, oí:

Te lo paga con el salario que ningún hombre te podría pagar, y es dándote sitio en su Gloria.

Si a Dios amas, tú en Dios confías. Si Lo amas, buscas donde esté. Y si en Él confías, cuéntate como uno más en su Gloria.

Si acudes al necesitado y acudes por Dios, a Dios sentirás.

Porque peso te quita y palabras que confortan te dará.

Yo, a veces, cogía en brazos 
a quien mis brazos no podían, 
y no puedo decir cómo, 
pero en mis brazos seguía.

Seguía yo caminando, 
caminando noche y día, 
hasta llegar a dejarlo 
en la cama y con comida.

E iba en busca de otro, 
y más fuerza ya tenía.

¿Qué duda puede tener,
que no era Dios 
aquel que a mí me venía?

Pues se cundió y se cundió, 
que no era Juan, 
que era Dios.

JUAN DE DIOS


***

Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pag. 100-101-102

domingo, 3 de julio de 2011

Ten y da - Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I - Pag. 141-142-143


En Sueño Profético decían:

El que Dios habla en él, todo lo hace distinto a como lo hace el hombre. En la Caridad es donde mejor lo ves. Esta Caridad es pura actuación de Dios, es dar por Amor a Dios, dar con tanto Amor, que te sientes avergonzado y engrandeces al que recibe. El que recibe espera con alegría, no el salario, más la Palabra, Palabra repetida por el Comunicante y ya dicha por Dios.

Dijo uno:

Yo vi dar una limosna uno que Dios ya le hablaba, que la dio con tanto Amor, que tuvieron que detenerse todos los que por allí pasaban. No se pararon al ver cuando la limosna daba, se pararon al oír lo que el que recibió hablaba.

Esto lo refería el necesitado con el que se paró:

Aquel hombre que va allí me ha preguntado:

–Tú no tienes jornal porque tu cuerpo no puede trabajar, ¿verdad?” –éste tenía los pies doblados para adentro, y una mano, igual.

–No, vivo de lo que recojo.

–Pues ya no vivirás dando lástima a los que a Dios no aman. Toma esta carta, que más es documento, y siempre tendrás tu salario.

Esta carta decía estas palabras: “Por los servicios que en tiempos me hiciste, tengo que pagarte tal cantidad mientras vivas. Si yo muriera, ya te pagará el que me sigue”. Éste confiaba en que ya Dios le hablaría a otro, y seguiría dándole el salario que Dios le mandaba.

Despierta, oí:

Él sabía que Dios mandaría a otro, pero que amara.

Dios cogería otro Lugar que obedeciera a su Mando.

Dios le diría: “Ten y da”.

Y lo diría de forma que Lo vieran a Él.

Dios manda el salario con su Lugar, pero también con sus Palabras.

En la mayoría son más deseadas las Palabras que el salario.

El salario lo da cualquiera; las Palabras sólo Dios.

La caridad que hace el hombre no tiene comparación con la Caridad que hace el que Aquí trae Dios.


***