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miércoles, 4 de junio de 2025

Señor, que mi cuerpo esté sano para seguir tus Pasos

En Sueño Profético decían:

Tu pensamiento, antes de dormirte, ya era hablando del Cielo. Y ésta es la contestación, en el arrobo, al pensamiento del Elegido:

Si el cuerpo se enferma, el arrobo es corto, y a veces no hay arrobo. Porque el cuerpo tiene que escribir y tiene que buscar para que el escándalo vaya creciendo, y tienes que estar dispuesta para las llamadas que vayan haciendo.

Si el cuerpo está enfermo, ¿cómo va a hacer lo que el espíritu le mande? Pero esto es corto.

Desperté, oí:

No temas en estas paradas por estar el cuerpo enfermo.

Pronto llegarán alegrías.

El Elegido sufre cuando está enfermo, porque tiene que abandonar la obra que está haciendo.

Que su pedir en estos momentos es: “Señor, que mi cuerpo esté sano para seguir tus Pasos”.

Decían en la Gloria, que cuando el cuerpo está enfermo, no puede durar mucho el arrobo.
  
***

Libro 45 - Te Habla El Profeta - Tomo VI - C4 

martes, 24 de agosto de 2021

Si estás sano, busca al enfermo, si estás enfermo, busca al sano

En Sueño Profético decían:

Si estás sano, busca al enfermo. Y si estás enfermo, busca al sano.

Es más fácil que te caigas si estás cojo, si a otro cojo vas enganchado. Pues si cojo no eres, busca al cojo para ayudarle en los obstáculos. Esto en la vida del cuerpo.

En la Vida del espíritu, si conoces el pecado, debes ir a buscar a aquél que veas pecando. Y si haces vida en contra del pecado, entonces debes ir buscando al equivocado, para hacerle comprender que vive vida de engaño, y puede que con razones lo metas en el rebaño donde a Dios de Pastor tiene. Pero si vives pecado, ¿qué palabras le vas a decir al que esté pecando?

Es de sentido normal, que si tú retienes llanto, no te vayas a oír a otros que estén llorando, porque en vez de dar razones para achicar el sufrir, tus palabras y tu actuación harán el llanto más largo.

El manco le ayuda al cojo, y el cojo le ayuda al manco, pero es uno de pierna y otro de brazo.

Desperté, oí:

Busca ayuda para tu sufrir

nombrando a Dios del Cielo.

Quítale sufrir al que puedas

y de Aquí te llegará Premio.

Porque la ayuda en el Prójimo

es cumplir un Mandamiento.

Si estás sano, busca al enfermo,

y ya estarás a Dios sirviendo.

Y si enfermedad tuvieras,

de espíritu o de cuerpo,

busca al sano

que su espíritu a Dios sirva.

Dando de comer al hambriento

y al desnudo vistiendo.

Pero si tú estás descalzo

y vas, para que te dé zapatos,

al que descalzo ves,

ni recibes ni estás dando.

Esto es buscar al enfermo

cuando tú has enfermado.

Y ocuparte del que vive

bastante adinerado,

cuando tú tienes lo mismo.

No hay peso si la balanza

queda sin movimiento.

Tiene que bajar un plato

cuando otro está subiendo.

***

Libro 75 - Meditaciones y Palabras Directas con el Padre Eterno - Tomo VIII - C4

sábado, 6 de marzo de 2021

No hay mejor guardián para el espíritu sano, que la Paz

En Sueño Profético hablaban de morir con Paz o morir sin ella; de vivir la vida dando gracias a Dios o siempre pidiendo cuentas por querer llegar a sitio aunque tú feliz no te veas, por querer lo que no sabes, que luego tú mismo desprecias.

Dijo uno:

¡Es tan distinto vivir siempre dando gracias a Dios y mirar al Cielo con Paz…!, que el que así viva, no le llegarán las muchas enfermedades que el espíritu puede tener. Yo siempre oí a mi padre estas palabras:

“No hay mejor guardián para el espíritu tenerlo siempre sano, que la Paz. Si tienes alguna inquietud, puede tu espíritu enfermar. Y si tu carne se enferma estando tu espíritu enfermo, es mala cuenta, porque puede llegar muerte, y será con desesperación. Dale Paz a la vida, y Dios no faltará en tu compañía. No desees con inquietud lo que podría robarte el sitio que da Jesús, Pastor de los caminantes”.

Esto ya lo decía mi padre como romance que a Dios agrada:

“Yo vi siempre vivir contento, sin avaricia, al que pensaba: tengo que dejar todo, hasta mi mismo cuerpo”.

Desperté, oí:

El que tenga este pensar,

vive en la Tierra y en el Cielo.

El que sólo piense en Tierra

y avaricia a lo del suelo,

puede que le llegue muerte

sin poder entrar al Cielo.

La enfermedad del espíritu

no la curan los médicos.

Porque Dios da Libertad

para que el que quiera esté enfermo.

Si el hombre curara espíritu,

sería con medicamento.

Y ya entraría a la fuerza

el que no quisiera el Reino.

Dios, Sabiduría Infinita,

deja que la curación

la haga el mismo dueño.

Porque ya no es Libertad

si Dios prohíbe que el hombre

quiera espíritu enfermar.

***

Libro 14 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo II - C8

martes, 2 de octubre de 2012

El que tiene su espíritu sano, no tiene enfermedad, aunque la carne le duela

En Sueño Profético decían:

La enfermedad del espíritu puede poner enferma la carne. Hay enfermos de espíritu que contagian su enfermedad. Estos enfermos dan dolor de cabeza al que trato tenga con ellos; dan malestar; dan impaciencia a tu vivir; ven todo siempre en un lío, sin reposar el vivir; siempre les faltará el decir: “Yo soy feliz, yo tengo más que tenía, y más que a Dios le pedí”.

Dijo uno:

El que tiene su espíritu sano, no tiene enfermedad, aunque la carne le duela.

Estas frases eran de un médico que yo tenía amistad con él, y con el que me gustaba pasar las horas fuera de la consulta, cuando ya estaba en familia. Él adoraba la medicina y yo la literatura. Aunque parezcan éstos, caminos opuestos, los dos componíamos el diagnóstico. Había enfermos que él los curaba con mis cuartillas, que sus frases literatas te acercaban a Dios. Había días que cuando le enseñaba el trabajo, ya él le aplicaba el medicamento. Le tuvieron envidia algunos compañeros que vivían bastante lejos de Dios. Éstos creían ser ellos el oxígeno, ser los que mantenían la materia, los que sus laboratorios nunca mentían, los que creían que Dios no era Dueño de la materia, los que nunca creían ser los equivocados, los que les molestaba oír esta frase: “Dios lo ha curado”.

Desperté, oí:

Pocas veces se le oye
esta hermosa frase al hombre:

“Ha sido Dios quien lo ha curado”.

Ni esta otra:

“Mientras no sane su espíritu,
no sanará su carne”.

“Sus síntomas son sin duda
de enfermedad no de carne”.

Aquí tiene ya el conflicto
el médico con la carne.

Que manda medicamento
porque algo hay que mandarle.

Sin ocuparse de Dios,
si no es enfermedad de carne.

El médico que es de Dios,
sabe que él no lo cura,
si no manda curar Dios.

Un literato y un médico
hacen gran servicio a Dios.

El médico, “pa” la carne,
y el literato te escribe
Amor de Dios “pa” salvarte.

Si siempre el Amor de Dios
lleva el médico delante,
verá que las curaciones
es Dios el que se las hace.


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Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I - Pag. 119-120-121

lunes, 6 de febrero de 2012

"Si tu espíritu está sano, tu carne nunca está mala"


En Sueño Profético hablan dos doctores. Uno, el Doctor del espíritu, y otro, el doctor de la materia.

Dijo el doctor de la materia, que antes de soltar la materia, ya vivía Gloria, y a sus pacientes impregnaba.

No hay desacierto mayor, que poner atención antes a la materia que al espíritu; que querer tener el cuerpo sin un rocecito de dolor, y no preocuparte de la gran epidemia del espíritu, epidemia que el mismo hombre contagia.

Ya habló el grande Doctor del espíritu:

Dios se comunica para llevar el medicamento, para sanarlo, quitar el contagio y apartar al infeccioso que su curación no quiera, para llevar la Salud Eterna, Salud sin final y sin vejez, medicamento que llega sin que la materia pueda detener, sin que le prohíban sus tomas, sin que le cobren dinero, sin que intervenga la cirugía, que también es por dinero.

Dijo el doctor de la Tierra:

Ya, oyendo al Doctor del Cielo, debía el de la Tierra dejar su medicamento, y aconsejar al paciente que se curara primero lo que no daba dolores, ni le costaba dinero, y ya su receta era legalizada en el Cielo.

¿No te parece cristiano, éste, un buen medicamento?

Desperté, oí:

Los dos doctores eran santos,
por la Presencia de Dios.

Uno hablaba de materia.
Otro el Doctor de Dios.

¡Qué sencillo se comprende
cuando habla la razón!

El hombre debía al nacer,
tener el primer Doctor,
hecha ya por los mayores
una receta de Dios.

Y en esta receta escrito,
con unas letras bien claras:
“Si tu espíritu está sano,
tu carne nunca está mala”.

Si el espíritu está sano,
la Vida no se te acaba.

Y cuando la carne enferme,
Dios el médico te manda.

Un médico que es de Dios,
que conserva los espíritus,
porque sabe son de Dios.

Conserva sano tu espíritu,
y ya di: “Yo amo a Dios”.

Y coge por medicina,
Los Mandamientos de Dios.


***

Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo II - Pag. 255-256-257