Mostrando entradas con la etiqueta cambia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cambia. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de marzo de 2023

La vida te cambia

En Sueño Profético decían estas Palabras:

Di sin temor y sin miedo que, el conozca este Caso, debe pensar que es el Caso que más valor tiene en el mundo de la Tierra, porque sus Palabras vienen del Mundo Eterno, dichas por Dios, y con su Mando, a los espíritus que están en su Gloria.

Tan sólo con pensar que Dios está mandando Enseñanza, ya la vida te cambia, y en todos tus ratos libres estás en la compaña del Elegido.

Dijo un Discípulo de Dios Hombre, Maestro, como ellos Le decían:

“Es grande suerte el conocer al que dice Palabras que Dios le dice para que con su Mando sean publicadas”.

“Cuando más grande ves esto, es cuando ya no puedes estar a su lado y oír sus Palabras”.

“Todas las horas que nosotros teníamos al día eran para dar compaña a nuestro Maestro”.

“Si algún día no podíamos estar grande rato con Él, la alegría se retiraba y nos dejaba lágrimas”.

Estas Palabras que se están diciendo, Dios manda que se dicten, para que los que conozcan este contacto de Dios, su tiempo sea para oír al Elegido, y así aprender y cundir esta Enseñanza.

De todo el tiempo que pongas en otros caminos, tiene que llegarte pensar, culpándote tú del engaño que te hizo el pensar: ¡Esto no es malo, el estar hoy lejos del Maestro! ¡Mañana le pido Mando!

Un Discípulo de Dios Hombre.

Desperté, oí:

Todo es Enseñanza de Gloria, para que el hombre compare que todo lo de Dios no tiene cambio.

Quieren decir estas Palabras, que donde oyes Palabras de Dios, tu vida mejor la pasas.

Si en Esto crees, todo te parece triste cuando oyes que hablan de la vida temporal y la Eterna no la nombran.

Decían en la Gloria, que este Caso, hoy, no tiene compañero, y nadie puede decir que en otro sitio pasa igual y dicen Palabras como las que aquí se dicen.

Pues el no poder decirlo, es porque el Poder de Dios los para.

***

Libro 54 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo VII - C5

martes, 18 de agosto de 2020

El amar a Dios te cambia lo que ves

En Sueño Profético decían:

Si amas a Dios, tienes que decirlo en el Prójimo.

Si amas a Dios, tienes que levantar al caído y ponerte en su lugar:

Si tú fueras el caído y te dejaran en el suelo, y juzgaran al pasar…

Si tú amas a Dios, eres distinto del que no vive este amar.

Dijo uno:

El amar a Dios te cambia lo que ves, y te hace pensar:

“Si yo lo veo así, puede que sea mi mirar. Yo voy a responder haciendo el bien, y Dios me lo pagará. Cuando me llegue el pedir, Dios me responderá. Y cuando dé una caída, si yo no la quise dar, Él me pondrá en mi camino a alguien que me levantará”.

No hay Paz más grande que hacer el bien sin juzgar.

Desperté, oí:

Antes de juzgar,
tráete a tu memoria
pasos que diste
o pasos que dando estás.

Si a Dios amas,
tú tienes que ayudar
en aquello que Dios manda,
que Él bajó a la Tierra a enseñar.

El Amor a Dios
no lo oculta el que lo tiene,
porque Dios no se lo deja ocultar.

Él no obliga,
pero cuando tú te ofreces
en aceptar lo que venga
y en repartir caridad,
cuenta ya con este Mando,
aunque no oigas mandar.

No oyes, pero lo sientes,
y el sentir te lleva a actuar.

Si a Dios amas de verdad,
te acompaña el personaje
que su nombre es Caridad.


***

Libro 21 - Te Habla El Profeta - Tomo III - C5

viernes, 29 de diciembre de 2017

La Confianza te cambia el vivir

En Sueño Profético hablaban de la Confianza en Dios. Decían que la Confianza en Dios le hacia desprecio a la confianza del hombre. Que el hombre confiado en Dios, siempre tendría premio. Y hombre confiado en el hombre, le traería sufrimientos, porque el hombre ofrece lo que Dios manda del Cielo.

El hombre se da más importancia cuando está de Aquí más lejos. El contacto de esta Gloria te pone cerca lo lejos, lo duro lo pone tierno, y ya lo ves todo normal, lo que salga de este Camino que lleva a la Eternidad.

Hay quien piensa en el entierro sin tener enfermedad. Y otros que la tienen incurable –para el hombre–, pueden, en el tiempo de vida que les quede, ver el entierro del que creía que poca vida tenía ya.

Todo es poner la Confianza en lo que a Dios Le pidas, y tú ofrecerte, en todo, a aceptar.

Desperté, oí:

Lo que te hace vivir más que el alimento del cuerpo es la Confianza que pongas en lo que pidas al Cielo.

La Confianza te cambia el vivir esos malos pensamientos, que te retiran la Paz y es camino con tropiezos.

Pon el Nombre de Dios en tu boca, pero que antes esté dentro de tu cuerpo.

Y esto ya transformará tu vida y te acortará los sufrimientos.


***

Libro 30 - Investigaciones a la Verdad - Tomo IV - C6

sábado, 22 de febrero de 2014

Cuando la vida te cambia

En Sueño Profético decían:

Hay más que ofendan a Dios diciendo que en Dios creen, que Lo ofendan diciendo: no creo.

Hay más que buscan a Dios para pedirle, que para darle Amor.

Hay menos que digan, Tú Lo has hecho, pues bien hecho está, que esto: “¿Por qué has hecho esto ¡Dios mío!? Yo esto no me lo merezco, yo cumplo con la Iglesia, y Tú parece que premias al que peor se porta”.

Dijo uno:

El hombre siempre está pidiendo cuentas a Dios, y Dios por ser Dios no las da.

El hombre cree que Dios quiere que el hombre cumpla con Dios: mala interpretación del hombre.

Dios sólo pide Amor, Amor de hombre a Dios, y ya si el hombre ama, ¿cómo Dios pagará este Amor? Te pagará en monedas que siempre tendrán valor, te pagará una renta que irá subiendo valor, te lo pagará en tus hijos, y esta es la recolección.

Desperta, oí:

¿De cuántas maneras a Dios
llegarán las peticiones?

¿Cuántos creen querer a Dios,
por no pensar las razones?

El que cree, no lo cree,
siempre ve chico el Amor.

El que ama, siempre dice:
¡Qué poco Te hago yo!

El que ama, sufre y llora,
por quitar penas a Dios.

El que ama nunca dice:
¡Dios mío!, ¿qué te he hecho yo?

El grande Amor se demuestra
alabando siempre a Dios.

No hay dicho más verdadero,
que éste que le oí a un pastor:

“No digas que amas a Dios,
cuando “to” venga de cara;
el Amor, más fuerte es,
cuando la vida te cambia”.

“Cuando la vida te cambia,
y no dejas de querer”.


***

Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con el Padre Eterno - Tomo II - Pag. 85-86

miércoles, 27 de febrero de 2013

No es la ciudad la que cambia, es el hombre a la ciudad

En Sueño Profético se vio el campo. Era sin camino y nada sembrado, que hubieran sembrado las manos del hombre.

Llegaron dos hombres, sin verse a distancia ni tampoco cerca. Es que Dios los pone como si estuvieran. Que un día estuvieron, cuando con el cuerpo vivían en la Tierra. Ninguno era viejo. Uno llegaba a los 40. Y el otro, dos más de los 60.

Dijo el mayor al más joven:

¡No es la ciudad la que cambia, es el hombre a la ciudad! Unas veces la mejora, y otras se equivoca al mejorar. Casi siempre en la mejora va dejando a Dios atrás. Esto es lo que no me gusta del hombre de la ciudad. Yo la visito poco, y menos la voy a visitar.

Cuando llego a mi campo, miro al Cielo, miro al monte, miro donde tengo los pies. ¡Que hay tantas plantas y tantas flores...! ¡Tantas hierbas que el ganado se las discute por sus exquisitos sabores...!

Aquí nada tiene cambio con el Cielo, con lo que nace sin manos y con el monte. ¡Si viera con la alegría que, cuando Dios manda el agua, baja por ese monte...! Porque sabe el bien que trae aquí y a la trepa del monte.

Yo no me siento viejo. ¡Es que llevo a Dios en mi mente igual que lo tuve de niño! Y la muerte, que me llegue antes de sentir el vacío, como el hombre de la ciudad, que hoy tiene.

Desperté, oí:

No podía contestarle
a aquel hombre
que cátedras llevaba
dentro de su misma sangre.

¡Era a Dios y a otra Vida
a lo que daba importancia!

Yo llegué a la ciudad
refiriendo sus palabras.

Y lo mismo que yo sentí,
sentía el que le hablaba.

“¡No es la ciudad la que cambia,
es el hombre a la ciudad!”.
Esto le salía con pena.

Este hombre culpaba al hombre
de que el hombre a Dios no quisiera.

Despreciaba a la ciudad
y amaba la Naturaleza.

Aquí, el cambio que había
es tener a Dios más cerca.

Me despidió diciéndome:
“Si yo fuera nube,
¡yo no bajaría a la Tierra!”.


***

Libro 19 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo III - Pág. 106-107-108