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martes, 21 de julio de 2026

Quitad de pecar, pero cuidado que no crean que estáis pecando

En Sueño Profético hablaban del pecado. Decían:

El desnudismo es el emblema de la condenación. El desnudismo es vivir ahí separado de Dios. 

Dijo una:

Un día pasé yo por una calle donde había unas casas de amancebamiento y saliendo a la calle iba una escandalizando por ir falta de cubrir sus carnes. Pasó en el momento uno al que ella paró para preguntarle:

   –¿Puedo ir emparejada contigo hasta el sitio que me esperan? 

Contestó este santo varón:

   –No, porque así como vas haces más pecado que los que dentro has hecho. Dentro no escandalizas porque todos están agasajando el pecado, pero ya en público puede que arrastres al que nunca pecó.

Quedó ésta relatando –por el gran desprecio que este Discípulo de Dios Hijo le dio y al que ella conocía–, hasta que oyó a otros vocearle:

   –¡Santiago! Pedro te llama, que ha quedado atrás con el Maestro.

Cuando Santiago se puso delante del Maestro, el júbilo le hacía llorar a la vez que el Maestro le decía:

   –Santiago, ya estás preparado para caminar sin mí. Si acompañas al pecado, dejas de ser Discípulo mío. En ese momento el recato va en la Enseñanza de mi Padre. La carne debe ser cubierta: cierre que se hace al pecado.

Desperté, oí:

Santiago lloró de alegría porque honró a su Maestro.

Santiago no sabía que venían detrás. Su Amor le hizo retirarla.

Esta gran pecadora tenía estas palabras para todos y hacía que muchos pecaran.

Si el pecado no va pregonando, Santiago se empareja y la quita de pecar.

Santiago no podía decir: “no sé si es pecadora”.

El Maestro les tenía dicho: “Quitad de pecar, pero cuidado que no crean que estáis pecando”.   

Cuando a Él se acercaban para pedirle el Perdón, tenían que ir cubiertas.

Si practicas el desnudismo, piensa que estás condenada, y el que ame a este Dios no se puede a ti acercar.

***

Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I - C6 

martes, 15 de marzo de 2022

Ten cuidado con el que te pare

En Sueño Profético se vio una nave grande, más bien larga que ancha, y una mesa con la misma largura, si contabas el sitio que ocupaban las sillas, por estar unas de otras retiradas. Había una ventana con reja, y unos muros que servían como mesa para poner lo que no cabía en ésta y que de la calle llevaban.

Ya dijo uno:

“En esta mesa oímos a Dios Hombre y Maestro –que era como quería que Le llamáramos– Palabras de alegría, Palabras, que el oírlas nos hacía pensar que así tenían que ser, porque eran pocos los que Lo seguían”.

Dijo Santiago:

“A mí, una noche, me quitaron el sueño estas Palabras que aquí me mandan dictar”:

“Estando ya terminada la cena, se vino el Maestro hacia mí y me dijo”:

“Santiago, ten cuidado con el que te pare y no Me busque a Mí, que soy el que hago lo imposible, que el hombre no puede llegar a hacer, y lo fácil lo hago imposible, por ser Dios Padre Eterno el que actúa en Mí, que soy Dios Hijo, pero que Todo es un mismo Dios”.

Y siguió diciendo:

“Los que te esperan son espíritus con Mando de Satanás, y te invitan a cenar para que ensucies mis Palabras cuando te vean con ellos sentado en la misma mesa. Si tú caes en este ofrecimiento, luego, tu arrepentimiento te pondrá enfermo, y ya oirán que el Maestro no es Dios”.

Desperté, oí:

Estos que me esperaban, siempre me ofrecían el comer juntos, porque querían que yo me retirara un poco del Maestro.

Yo los tenía por buenos, porque no hablaban mal del Maestro.

Pero el Maestro sabía lo que ellos querían que yo hiciera, que era que me vieran con ellos, con la misma amistad que tenía con los Discípulos.

Cuando comprendí lo que me había dicho el Maestro, no podía dormir.

Cogí a Felipe, a Juan y a Pedro y les dije que me acompañaran a pasar por donde estaban esperando que yo pasara.

Me paré y oyeron estas palabras:

“Si algún día dije que comería junto con vosotros, olvidad esas palabras y recordad éstas que vais a oír”:

“Hasta que no os vea pisar el sitio que yo piso por oír al Maestro, no hacedme ofrecimientos que son de Satanás, para ensuciar lo que Dios está diciendo”.

Llevé a Juan, a Felipe y a Pedro para que aquello no quedara en secreto.

Tiene que tener cuidado, el que Dios trae a su Gloria, con los espíritus malos.

Santiago

Un Discípulo de Dios

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Libro 54 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo VII - C1

domingo, 7 de noviembre de 2021

Tened cuidado con los que se presenten para hacer daño

En Sueño Profético decían en la Gloria los Discípulos de Dios, Maestro, como le decían con su Mando:

Este Caso, que siempre lo tengan en el pensamiento los que están unidos al Elegido, como nosotros los Discípulos lo teníamos y aquí mandan que quede dictado.

Por mucho que nos llegó para apartarnos de Dios Hombre, Maestro para nosotros, más seguimos sus Pasos con su Mando. Él, cuando nos juntábamos todos, nos sentaba a su Mesa y nos daba la misma comida que tenía su plato. Lo que nos hacía sufrir era los pocos que nos juntábamos, que éramos once, porque el número que sigue fue mando de Satanás. Esto, el Maestro lo sabía, pero Dios Padre dejó Permitir para que cuando vieran su Resurrección, quedara Satanás en la Profundidad para siempre, que allí es donde van todos los que en Dios no creen o creen y no aman. Estos que creen y no aman son los que buscan a los que a Dios siguen, siendo su busca con engaño.

A nosotros, sus Discípulos, cuando salíamos con su Mando, éstas eran sus últimas palabras:

“Si os buscan pecadores que ya dejaron pecado y quieren seguiros, la primera frase que tenéis que decirles es: “Vente con nosotros, que el Maestro sabe tu vivir, el de antes y el de estos momentos que estás con nosotros. Cuando con nosotros te vea, ya serás su Discípulo”.

Desperté, oí:

¡Qué Enseñanza daban en la Gloria los Discípulos de Dios Hombre!

Decían, que el grande sufrir era el ver a tan pocos pidiendo al Maestro Mando.

La despedida siempre era:

“Tened cuidado con los que se presenten para hacer daño, como lo está haciendo y más lo hará el número doce”.

“Los espíritus que no son de Dios se conocen: unas veces haciendo mal; otras con engaño y haciendo regalos”.

A nosotros nos conocían porque las Palabras de Dios Hijo y Maestro, en los mesones siempre las estábamos contando.

Sigue el Mensaje el Mando de Dios en un espíritu de su Gloria:

¡Es lástima que los Ministros de Dios, cuando muera su cuerpo, no puedan decir: “Señor, en la Tierra creí tu Existencia”!

A los Obispos que sus nombres están en los prólogos de estos Libros, a éstos son a los que Dios espera en su Gloria.

Termina el Mensaje diciendo que todos los Libros sean pronto presentados, y que a esta presentación acudan Obispos y Jerarquías de la Iglesia.

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Libro 64 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo VIII - C3

viernes, 30 de diciembre de 2016

Cuerpo bien cuidado: espíritu abandonado

En Sueño Profético hablaban del cuido que el hombre le tiene a su cuerpo, y del desprecio tan grande y abandono que le tiene al espíritu. Decían:

Cuerpo bien cuidado: espíritu abandonado.

Si quieres tener a Dios contento, dale preferencia a tu espíritu y después a tu cuerpo. El cuerpo es el ramaje de un espíritu eterno, y por el cuido que le da el hombre, el cuerpo coge importancia, que es la perdición del hombre.

Si al cuerpo nada le niegas y le das todo lo que va pidiendo, haz un stop en tu acción y verás que no es cuerpo bueno. El cuerpo bueno es el que es mandado por un espíritu del Cielo. Que esto lo sabes tú cuando tu cuerpo está contento, quitando las exigencias que le exigen los espíritus que no son del Cielo.

Estos espíritus te roban la Paz y ya te ponen inquieto. Te hacen que no veas bien las Palabras que mandan del Cielo. Te ponen tantos obstáculos en esa vida tan corta, que ya no hay tiempo para nada. Es carretero en camino, él mismo poniendo obstáculos y él mismo teniendo que quitarlos. Que los pone sin tener que ponerlos, para que después le sirvan de ladrones para ir robándole el tiempo y que nunca llegue a tiempo, y esté siempre con coraje, sin Paz y de espaldas al Cielo.

Desperté, oí:

Pon el cuerpo como traje que tu espíritu tiene que llevar un tiempo.

Y mándale con dureza en lo que no sea bien hecho.

Cuando tenga una rotura, ésta que la cure el médico, pero que a Dios se lo pida.

Si el médico es de Dios, curará muchas roturas.

Porque Dios cura con su Mando.

Pero si no hay rotura, mándale a tu cuerpo sin compasión y que sea él el que te sirva.

No le hagas caso al cuerpo si te retira de Dios con los cuatro garabatos que el hombre inventó.


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Libro 29 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo IV - C3

jueves, 20 de diciembre de 2012

Ten cuidado con el sufrimiento

En Sueño Profético decían:

A más ames, mejor comprendes la Palabra de Dios. A más ames, más difícil será que peques. Hay veces que se ama y se peca, pero dentro de la línea de Dios. 

A esto una mujer contesta ciertas palabras dichas con Voz de Gloria:

Yo amaba mucho a Dios y siempre Le pedía castigo antes de ofenderlo. Me vino un sufrir grande de enfermedad. Mi marido quedó un día sin poder mover las piernas: era de cintura para abajo venda mojada. Él era de un carácter bastante activo, y nunca sus pasos se veían aplacados, ni por el mismo sitio le gustaba cansar sus piernas. Él decía que Dios todo lo había hecho bien, pero que tenía que haber dado al hombre como a los pájaros: alas; que él sería feliz medio día en cada pueblo.

Dijo la misma:

He dicho el vivir de mi marido y su carácter, para que piensen mi sufrir cuando una cuarta de terreno no podía andar. Cuatro hijos teníamos: de 15 el mayor, y el pequeño de 7. Todo lo que necesitábamos lo teníamos, pero el carácter de mi marido sin poder utilizar sus piernas me hizo pecar de ira. Un día dije: “¡Dios mío, no me ha podido venir peor castigo!; mejor mudo, ciego, manco, todo menos las piernas; que con sus piernas buenas se vaya aunque ya no vuelva más a mi casa”. Fue decir esto, y se me presentó una Visión con mis cuatro hijos palpando, sin ver. Di un grito de Perdón, y oí:     
“Así puede salvarse; ciego o mudo, no. Tu Amor a Dios no lo habías demostrado”.

Desperté, oí:

Tanto se volcó en amar 
a Dios esta mujer, 
que el marido Paz siente. 

Su oración era decir:
“el demonio fue meterse 
y no pude echar de mí”.

Yo creía que mucho amaba, 
y me faltaba el sufrir.

Con el Amor que agrandó, 
no se volvió a discutir.

El marido había soñado, 
y dice que fue Visión: 
los hijos mudos y ciegos; 
que esto fue lo que pidió.

Esta Visión, al marido, 
feliz lo hacía sin andar.

Cuando veía a sus hijos sanos, 
y siempre a mayor y chicos: 
“Papá, nos sorteamos 
el día que nos faltara mama”.

“Siempre nos verás contentos, 
aun dejando de jugar”.

Todo lo consiguió la madre: 
en el sufrir y en el amar.

Ten cuidado con el sufrimiento, 
y entonces haz por amar 
con más fuerza a esta Gloria, 
que manda para salvar.

El castigo no es de Dios, 
es culpa de Satanás.


***

Libro 9 - Dios Habla en Su Gloria que Enseñen - Tomo I - Pag. 144-145-146