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lunes, 25 de agosto de 2025

Él sabía que era pecado

En Sueño Profético hablaban de varias cosas diferentes, pero todas eran Enseñanza para saber lo que era pecado, lo que era más pecado y lo que era el mismo Satán.

Dijo uno:

De éste van los pecados y a éste le llegan, porque son por él mandados. 

Hay quien por disculparse dice: "Él sabía que era pecado", y hay quien tiene más fuerza y de Dios va alejando al que hace pecado. Pues en éste que lo aleja crece doble pecado. Pongamos una comparación con lo humano para entenderlo:

Si llegas a una botica pidiendo algo que mate y te declaras diciendo que es para ti, y el boticario te lo vende, seguro que va a la cárcel. Porque él tiene más culpa que el que quería envenenarse. Pues en el pecado tiene más condena el que ofrece el pecado para que más pequen, por ser éste un enlace de Satanás, que el que peca y no cumple, si no hace que pequen los demás.

Desperté, oí:

No quedas bien con Dios si dices "él sabía que era pecado" y lo dejas pecar.

Es boticario que vende veneno sabiendo que el comprador se va a envenenar.

Aquí no tiene disculpa aunque digas "él sabría por qué se quería matar".

Esto en las leyes del hombre.

En las de Dios tu deber es quitar de pecar.

Puede que uno vea la piedra y otro no vea el mural.

Puede que uno note que lo tientan y eche el paso hacia atrás, y otro no se dé cuenta hasta dejar de pecar.

Hay que estar preparados con la reserva de Amor.

Y puede que seas tentado y no llegues a pecar.

Pero el que vende el pecado o el que no quita de pecar que sepa que le está haciendo servicio a Satanás.

***

Libro 69 - Dios No Quiere, Permite - Tomo VIII 

domingo, 5 de abril de 2020

Todo lo sabía el Maestro, como Dios que era

En Sueño Profético vi un sitio grande y una mesa. No se veían más muebles que unas sillas. Unas quedaban fuera de la mesa y otras, sus asientos, metían debajo de la mesa. Había unas ventanas que estaban dentro del muro, y desde dentro costaba trabajo tocar los hierros.

Ya dijo el Mando de Dios en un espíritu:

A esta mesa se acercaron y oyeron a Jesús los Discípulos y algunos que no tenían Mando del Maestro todos los días.

En esta mesa cayeron lágrimas de algunos Discípulos cuando el Maestro les dijo que sabía lo que iba a pasar, y que ellos no lo sabían. Cayeron lágrimas al oír:

Yo sé, de aquí, el que está con el que quiere crucificar mi Cuerpo”.

Antes de terminar las Palabras, se pusieron de pie unos, otros no pudieron decir nada más que ¡Maestro!, y las lágrimas seguían dando testimonio del Amor que aquel cuerpo sentía por Dios, aunque se oía “Maestro”.

Otra vez se vio la mesa, y siguió la misma voz:

Después de faltar Jesús no podían llegar a la mesa. Adoraban el sitio que ocupó el Maestro, y lloraban cuando miraban el sitio de Judas. Quedó para siempre fuera de los Once.

Desperté, oí:
Judas no peca contra su cuerpo,
Judas quiere saber
del Maestro para venderlo.

Los Discípulos no sabían nada.

Todo lo sabía el Maestro,
como Dios que era.

Judas acaba con su cuerpo,
pero al espíritu no llega.

Que éste Mensaje sirva
para Amar el hombre a Dios,
en la Tierra.


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Libro 23 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo IV - C4

lunes, 29 de diciembre de 2014

Dios sabía el que Lo amaría

En Sueño Profético hablaban del Amor de Dios, de su sencillez, de su naturalidad, de su Enseñanza al hombre, de su Perdón, de su Gloria, de su Permitir. Contaban hechos de su Vida Pública, de su trato al hombre, del responder del hombre a Dios; del recibimiento que Le hicieron en algunos sitios, en contra de Él, a sus Discípulos; de la tristeza cuando tenían que decir: “cuando estaba el Maestro se hizo tal cosa, o se fue a tal sitio”. Recordaban Enseñanzas que a veces no comprendían hasta que el Maestro les ponía ejemplos; les hablaba con Parábolas; les anticipaba que el que ellos lo tenían por peor, ya llegaría a comprenderlo, y entonces ya amaría al Padre que tiene el Mando en el Cielo. “Aunque en Mí ya estáis viendo a mi Padre y su Mando está primero, la Visión está después de los hechos”.

Dijo otro:

Todo esto se ha oído hoy de Palabras en el Cielo.

Desperté, oí:

Dios sabía el que Lo amaría, aunque no podían los Discípulos comprenderlo.

Lo mismo que cuando iban diciéndole: “Maestro, nos pararon y por Ti nos preguntaron”.

Él ya sabía las preguntas, si el fin era amarlo o ir a los fariseos enterándolos de hechos que no los sabía nada más que el Padre en el Cielo.

Y en la Tierra, Él, que era el mismo, aunque Le decían Maestro.

Este arrobo, para escribirlo, llenaría muchos cuadernos.

Pero como es Enseñanza, es a espíritu y silencio.

Luego el espíritu manda a inteligencia, y ya se ve gran misterio.

Si te entregas a este Dios, Él ya te aclara el misterio.

Lo que no hace es de Dios para que tú quieras quererlo.


***

Libro 13 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo II - Preámbulo