En Sueño Profético hablaban en la Gloria espíritus que sirvieron a Dios el tiempo que tuvieron cuerpo, y que hoy, Dios, los manda para que de su Gloria comuniquen a los cuerpos que quieren Paz, que quieren Gloria y que quieren que el bien no quede en secreto.
Hablaban del desprecio al pecado; de la enseñanza a lo bien hecho; de la alegría de sentirse perdonado, cuando vivías entre centinelas del desprecio, con tu carga del pecado.
La alegría de sentirte perdonado no la puede comprender uno que no haya pasado por lo que yo pasé: por el pecado de escándalo.
Yo, en mis noches largas y a veces cortas, a Dios le pedía que me mandara por sitios que pecadores hubiera, que yo quería vivir, y a Dios no podía engañar, para ofrecerme a quitar al que mala vida hacía.
¿Quién podía negarme, a mí, que quitarse no podía? Yo les contaba la fuerza que el pecado tenía.
Cuando al salir de tu casa, tú ya ibas preparado para buscar al que hacía mala vida, entonces te atormentaban: ¿Quién te podrá oír cuando tu quieras decir: “Yo creo que estoy perdonado. Le he pedido a Dios la muerte si falta no Le hago para buscar a pecadores que como yo estaban pecando”?
Fue terminar las palabras y sentirme fuerza y llanto.
Desperté, oí:
Era vivir,
cuando yo sentía la fuerza
de que a Dios podía servir.
No me importaba
el oír mi nombre con insultos
del que a Dios no amaba.
Yo hacía mi confesión
en aquellas noches largas
que me acudía a mi mente
un camino de esperanza.
Yo lo que sí recomiendo
es lo que en la Gloria me mandan dictar:
que si Agustín se quitó del pecado,
tú también te puedes quitar.
Pero tienes que decir:
“Señor, yo ya no quiero pecar”.
AGUSTÍN DE MÓNICA
***
Libro 26 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo III - C6
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martes, 15 de octubre de 2019
lunes, 24 de diciembre de 2018
Tienes que sentirte humilde, para que otros te crean
En Sueño Profético hablaban del Amor a Dios, que el que lo siente, no puede esconder este Amor. Y este Amor siempre te lleva a hacer lo que manda Dios:
Este Amor te va exigiendo
que siempre sean mayores
los deseos de amar más,
que el Amor que estás viviendo.
Este Amor te hace vibrar
dentro y fuera de tu cuerpo.
Dentro, para que salga
esa fuerza arrolladora
que ya no mide distancia.
Y fuera, para que vean
cómo vive el que a Dios ama,
que en este vivir que vive
te va dejando Enseñanza.
No hay alegría mayor,
si con peso y altura se comparara,
que vivir Mando de Dios.
Este Mando,
el que lo vive,
sufre por el que lo manda,
porque quisiera decir:
¡Señor,
todos cumplen tus Palabras!
A veces te entra tristeza,
y de repente
te entran ganas de engañar al Cielo
para que Dios no sufriera.
Esto, ya,
es locura que te llega,
aunque no quieras.
Desperté, oí:
Dices a veces palabras,
que después de que las has dicho,
ves que no estaban pensadas.
Pero algo ya te empuja
a que no sigas callada.
Tienes que sentirte fuerte,
y que esta fuerza te vean.
Tienes que sentirte humilde,
para que otros te crean.
Lo que no puedes decir es
que este Mando y este Saber
son de la Tierra.
Este Mando,
al que le llega,
vive las ansias del pez
que se encontrara en la tierra.
Es corta comparación
con querer que a Dios Lo quieran,
porque el pez se moriría,
y yo vivo y estoy muerta.
TERESA DE ÁVILA
***
Libro 26 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo III - C2
Este Amor te va exigiendo
que siempre sean mayores
los deseos de amar más,
que el Amor que estás viviendo.
Este Amor te hace vibrar
dentro y fuera de tu cuerpo.
Dentro, para que salga
esa fuerza arrolladora
que ya no mide distancia.
Y fuera, para que vean
cómo vive el que a Dios ama,
que en este vivir que vive
te va dejando Enseñanza.
No hay alegría mayor,
si con peso y altura se comparara,
que vivir Mando de Dios.
Este Mando,
el que lo vive,
sufre por el que lo manda,
porque quisiera decir:
¡Señor,
todos cumplen tus Palabras!
A veces te entra tristeza,
y de repente
te entran ganas de engañar al Cielo
para que Dios no sufriera.
Esto, ya,
es locura que te llega,
aunque no quieras.
Desperté, oí:
Dices a veces palabras,
que después de que las has dicho,
ves que no estaban pensadas.
Pero algo ya te empuja
a que no sigas callada.
Tienes que sentirte fuerte,
y que esta fuerza te vean.
Tienes que sentirte humilde,
para que otros te crean.
Lo que no puedes decir es
que este Mando y este Saber
son de la Tierra.
Este Mando,
al que le llega,
vive las ansias del pez
que se encontrara en la tierra.
Es corta comparación
con querer que a Dios Lo quieran,
porque el pez se moriría,
y yo vivo y estoy muerta.
TERESA DE ÁVILA
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Libro 26 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo III - C2
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