sábado, 15 de diciembre de 2012

El Grande Amor del herrador


En Sueño Profético decían:

No hay pensamiento mejor, que pensar en Dios del Cielo.

Dijo una mujer:

Yo viví mi vida con un sufrimiento grande, y de no haber estado pensando siempre en Dios, no hubiera podido vivirla. Esta enseñanza era de mis padres, que a bien decir, mi padre fue el que llevo a mi madre al camino de Dios. Mi padre era un hombre tan justo, en amar y cumplir lo que Dios mandaba, que contagiaba al que lo oía. Su profesión era herrador. Todos lo conocían por Manuel, el que calza con amor a las bestias. Cuando llegaba alguno y entraba al animal pegándole, decía:

   –¡Así no lo enseña! ¡Así aprende a esperar los palos! Yo, mi táctica es acariciarlos. Verá... –y le cogía las manos delanteras con un primor, que el animal le contestaba cabeceando.

Nunca le molestaba nada que le pidieran que fuera para favorecer a otro. Decía:

   –¡Si yo lo hago por Dios! ¡Si yo vivo pensando en Dios! Este pensar es el que me da la felicidad. ¿Tú has visto alegría mayor, que vivir siempre sintiendo su gran consuelo?

Esto era mi padre, y dicho por todo el pueblo.

Desperté, oí:

Grande Amor tiene a Dios
el herrador que hoy cuentan.

Se lo contagiaba a todos.
La hija en Gloria lo cuenta.

Ella tenía un gran sufrir,
y como pensaba en Dios,
del sufrir no echaba cuentas.

También le dieron su fama
cuando la veían llorar,
y rápido se le oían estas palabras:

¡Es que Dios permite al hombre!
¡El hombre es el que no ama!

Ya tengo a Dios presente.
¿A que se ha cambiado mi cara?

No quiera Dios que lo culpe,
mil veces muerta
y despreciada por mis hijos,
que sin ellos la vida,
vivirla, no pudiera”.

Todo lo vives con Dios,
porque de Él vienen las fuerzas.


***

Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo I - Pag. 133-134-135