martes, 16 de julio de 2013

Dialogar en Cielo o Tierra

En Sueño Profético hablaban de hablar de Dios enseñándote el hombre, o de hablar de Dios enseñándote Dios:

Este diálogo es de dos que hoy están en la Gloria. Uno fue elegido por Dios y por Dios fue enseñado; y otro hizo lo que Dios mandó, y esto enseñaba. Los dos enseñaban a cómo vivir para tener a Dios contento. Los dos amaban, pero había una grande diferencia de enseñar lo que leía o enseñar lo que oía.

Ya dijo el que enseñaba de lo que había escrito otro:

   –Tu Enseñanza era de Dios sin Imagen, era Mando del mismo Dios y Palabra. De Elegidos como tú, sabe el mundo, de Dios. De Elegidos están las bibliotecas llenas. Los Elegidos siempre fueron la Luz de esta Gloria.

Dijo el que callado estaba:

   –Están dichas tus palabras con la Razón, la Verdad y la Justicia de esta Gloria. Este diálogo con pocos pude mantener en mi vida con materia. Había quien quería igualar sus estudios con mis Arrobos. Había quien su ira se destapaba. Hubo quien se condenó por no querer que esto fuera. Hubo quien me hizo la contra, viendo que mío no era. Yo creo que si Dios no le hablara al hombre, nadie entraba en la Gloria. Una vez le dije a uno que fuera a un sitio que a él mucho lo buscaban, y le dije que contara una de mis Enseñanzas mandadas por Dios en Espíritu, y que al día siguiente yo iría con él contando la misma Comunicación. Me aceptó por no creer que a mí ya me buscarían cuando fuera yo presentado por él y oyeran la Palabra en mí, pero dicha por el mismo Dios. Fue escándalo de Amor, creciendo en el que a Dios amaba, y cara de ira en el que no era de Dios.

Desperté, oí:

Cuando habló el Elegido,
el que amó, sentía a Dios.

Fue quedarse en dos grupos:
en el que era de hombres de Tierra,
o en el que era de hombres de Dios.

Grande diferencia había
de dialogar en Cielo o Tierra.

Grande diferencia había
de espíritus sin materia.

Aquí sólo existe el bien
que desprecia el hombre en la Tierra.

Si el hombre amara a Dios,
veía la diferencia.

Pero lo deja sin ver,
la ira y la soberbia.

Si uno habla de Dios,
diciendo “Dios me lo enseña”,
no es como el que lo aprendió.

El que lo sabe del libro,
se lo aprende de memoria.
Y el que Dios lo habla en él,
no le queda en la memoria
y Escrito vuelve a leer.

Y cada vez que lo lee,
siente repique de Gloria.


***

Libro 11 - Te Habla el Profeta - Tomo II - Pág. 44-45-46