En Sueño Profético decían:
El Amor a Dios te
recuerda su Presencia viva.
El Amor a Dios te
hace que olvides su Crucifixión.
Dijo uno:
Yo le nombraba las
heridas que a Dios le hicieron al que su sufrimiento lo ponía grande y a Dios
culpaba. A éste sí le nombraba la muerte que el hombre a Dios le dio, que tan
solo al nombrarla me hacía sufrir yo. Pero su Presencia Viva, al que la piense,
le da vida, le achica sufrimientos y le transforma, lo que le va a hacer
sufrir, en alegría.
El que crea en este
Lugar ve la vida como es, no como el hombre la vive, que la vive fría, hueca y
aprisa, sin saber donde va. Pues su vivir es pluma en vendaval.
El Amor a Dios te
hace que vivas Resurrección, y ya sientes su Presencia y hablas de su Existencia.
Al pensar en la
Cruz, en las espinas, y en sus Manos con los clavos, me venían estas palabras
por lo que pensaba: “Señor, yo no sé si peco, pero mi Amor es más fuerte que el
pecado. En Ti dejo el Perdón, pero yo Te sigo queriendo.”. ¡Y es que no podía
pensar en lo que Le hicieron!
Desperté, oí:
El Amor a Dios,
decían en la Gloria, te hace vivir Resurrección.
Es cierto que al
pensar en Dios Vivo y al oír estos Mensajes, ya vives inquieto, cuando has
tenido que retirarte.
El Amor hace
diálogo, a veces estando tú solo.
Pero como piensas
que está Vivo, ya sabes que está contigo.
Si estudias este
Arrobo, verás que a Dios Muerto Lo nombran poco.
Tan sólo al oír “Lo
clavaron”, ya te pones apenado.
Piensa en su
Resurrección y donde pongas tus ojos di: “Allí está Dios”.
Cuando amas de
verdad, el sufrimiento quieres olvidar.
Pues si a Dios de
verdad quieres, no nombres tanto su Muerte.
Enseña a que Lo
quieran y que vivan su Presencia.
Y ya con este
pensar, el pecado achicarán.
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Libro 75 - Meditaciones y Palabras Directas con el Padre Eterno - Tomo VIII - C7