En Sueño Profético decían:
Buscaron a Jesús más pecadores, que hombres que no habían pecado.
Dijo uno:
Un día llegaron unas mujeres cuando Jesús iba a hablar a sus Discípulos en un camino, que luego fue conocido por “el camino que nunca falta la hierba”, para recordar a Dios de Hombre. Llegaron estas mujeres, y una no quitaba su mirada del suelo hasta que el Maestro no la juzgara, por no creerse digna de que sus oídos oyeran su Voz, que estas Palabras oyeron y lágrimas sus ojos derramaron:
“Mujer, antes de llegar a Mí, ya estabas perdonada, por querer que se quite de pecar el que está pecando, y por querer que más Me quiera el que no haya pecado”.
Y señalando a las otras dos mujeres, dijo:
“Éstas han venido por tus grandes pecados y por tu gran arrepentimiento. Y muchos me llamarán cuando vaya el Padre, por tu forma de arrepentimiento. El día y la noche no los quieres para ti, los quieres para que te sirvan para que Me busquen. Oye mujer mis Palabras, que estás perdonada por querer que muchos me quieran como Dios del Cielo, y por sufrir por el que está pecando”.
Desperté, oí:
Esta mujer,
antes de ir al Maestro,
había mandado a muchos
que había quitado de pecar.
Cuando dejó su pecar,
se iba todos los días
por el camino que alguien le decía:
¡Por allí creo que va!
Y a todo el que se encontraba
le hace que vaya detrás.
A las mujeres suplica
que fueran en su lugar,
ya que pecado no hacían.
Pero quedaron paradas,
y obediencia no veía.
De pronto dijo: ¡Yo voy!
Y ya contentas caminan.
Pero cuando ve al Maestro,
su mirada queda fija,
por no creer merecerlo.
“El camino que nunca falta la hierba”
era vivienda sin techo.
Y allí quitó pecadores,
cuando el Padre fue el Maestro.
Hablaba de sus pecados
y del milagro del suelo.
***
Libro 15 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en la Gloria - Tomo III - Pág. 11-12-13
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domingo, 28 de julio de 2013
miércoles, 1 de mayo de 2013
Nosotros caminábamos poniéndonos menos resistencia que a ti te ponen
En Sueño Profético decían:
No saben lo que es predicar. Predicar creen que es enterrar, y bien honda, la Palabra de Dios. El que sabe el Poder que Dios tiene, no le extraña nada de lo que venga de Dios. Es de limpiar y ensuciar, hablar de Dios Poderoso y Único, y poner en duda y no aceptar lo que Él haga. Nosotros caminábamos poniéndonos menos resistencia que a ti te ponen. Esto, si lo comparan con los argumentos tan fáciles que hoy tienen, entendido queda, fáciles de comprender.
Desperté, oí:
Dios, sabiendo lo que el hombre va a decir antes de que lo piense, te manda que escribas al Dictado lo que ningún intelectual podría aprender.
Leer esto y no aceptar, dice mal del que lo lea.
Dice mal, por querer corregir a Dios.
HOY ES DE LOS ONCE
***
Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pág. 91
No saben lo que es predicar. Predicar creen que es enterrar, y bien honda, la Palabra de Dios. El que sabe el Poder que Dios tiene, no le extraña nada de lo que venga de Dios. Es de limpiar y ensuciar, hablar de Dios Poderoso y Único, y poner en duda y no aceptar lo que Él haga. Nosotros caminábamos poniéndonos menos resistencia que a ti te ponen. Esto, si lo comparan con los argumentos tan fáciles que hoy tienen, entendido queda, fáciles de comprender.
Desperté, oí:
Dios, sabiendo lo que el hombre va a decir antes de que lo piense, te manda que escribas al Dictado lo que ningún intelectual podría aprender.
Leer esto y no aceptar, dice mal del que lo lea.
Dice mal, por querer corregir a Dios.
HOY ES DE LOS ONCE
***
Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pág. 91
lunes, 28 de enero de 2013
“Si os ocultáis del que Yo mando, os ocultáis de Mí, y ya estáis pecando”
En Sueño Profético vi una calle, y un lado de la calle era muralla. En lo que daba al frente de la muralla había casas con ventanas pequeñas de aspecto humilde. Llegaron dos hombres con unas cabras, que las entraron por una puerta pequeña que había al lado de la casa, y una tapia alargaba la casa, que nombraban “el corral”.
Dijo uno:
De estas casas salían unas mujeres cuando pasaban los Discípulos; y los paraban haciéndoles preguntas, pero con reserva, porque ellas consultaban luego con otros y allí daban razón. Y a los Discípulos no enteraban de las razones que, los que tenían por inteligentes, les daban. Tenían a los Discípulos en segunda escala.
Pues aquí oí yo al Maestro estas Palabras un día que salieron sin que supieran que Él iba, porque de Él más se ocultaban:
“Estáis premiadas por mi Padre y no reconocéis Premio, porque el Amor os ha abandonado, porque no sois limpias de espíritu”.
“Si os ocultáis del que Yo mando, os ocultáis de Mí, y ya estáis pecando”.
“Yo os premio con decirles a mis Discípulos que pasen por vuestra calle. Que este Premio es a vuestros hijos. Pero vosotras no tenéis Amor ni a ellos”.
“Tantas veces os ocultéis de ellos, y lo que ellos os respondan lo llevéis a otro sitio transformándolo, pensad que estáis pecando contra la confianza de que Yo soy Dios, que es el peor de los pecados”.
Desperté, oí:
Estas mujeres oían hablar del Maestro y se asomaban a la puerta por el griterío que los hijos formaban cogiéndose a las piernas de los Discípulos.
Esto hacían los chicos, y los grandes detrás de ellos se iban.
Engañaban a las madres porque recibían riña.
El Maestro les sacó secretos que ellas creían que no podía saberlos.
¡Pálidas quedaron las caras y lágrimas en el suelo, con la cabeza agachada!
Habían ofendido mucho con la desconfianza y transformado Palabras que a otros perjudicaban.
***
Libro 17 - Investigaciones a la Verdad - Tomo II - Pag. 204-205-206
Dijo uno:
De estas casas salían unas mujeres cuando pasaban los Discípulos; y los paraban haciéndoles preguntas, pero con reserva, porque ellas consultaban luego con otros y allí daban razón. Y a los Discípulos no enteraban de las razones que, los que tenían por inteligentes, les daban. Tenían a los Discípulos en segunda escala.
Pues aquí oí yo al Maestro estas Palabras un día que salieron sin que supieran que Él iba, porque de Él más se ocultaban:
“Estáis premiadas por mi Padre y no reconocéis Premio, porque el Amor os ha abandonado, porque no sois limpias de espíritu”.
“Si os ocultáis del que Yo mando, os ocultáis de Mí, y ya estáis pecando”.
“Yo os premio con decirles a mis Discípulos que pasen por vuestra calle. Que este Premio es a vuestros hijos. Pero vosotras no tenéis Amor ni a ellos”.
“Tantas veces os ocultéis de ellos, y lo que ellos os respondan lo llevéis a otro sitio transformándolo, pensad que estáis pecando contra la confianza de que Yo soy Dios, que es el peor de los pecados”.
Desperté, oí:
Estas mujeres oían hablar del Maestro y se asomaban a la puerta por el griterío que los hijos formaban cogiéndose a las piernas de los Discípulos.
Esto hacían los chicos, y los grandes detrás de ellos se iban.
Engañaban a las madres porque recibían riña.
El Maestro les sacó secretos que ellas creían que no podía saberlos.
¡Pálidas quedaron las caras y lágrimas en el suelo, con la cabeza agachada!
Habían ofendido mucho con la desconfianza y transformado Palabras que a otros perjudicaban.
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Libro 17 - Investigaciones a la Verdad - Tomo II - Pag. 204-205-206
martes, 25 de septiembre de 2012
Sólo con dudar, a Dios estaban ofendiendo
En Sueño Profético hablaban de la Enseñanza de los Discípulos. Dijo uno:
Yo vi un día hablar a dos Discípulos del Maestro, y me tuve que parar. Yendo yo un día a la siega, iban delante de mí los Discípulos, y caminaban a buen paso. Quise emparejarme con ellos y me hicieron correr.
Decía Pedro:
–Nosotros, cuando lleguemos, estaremos contentos porque nos manda el Maestro, y con pena, por haber dudado del Maestro. –Pues al sitio que iban, había unos que tuvieron duda de cómo era el Maestro, y queriendo tomar amistad con los Discípulos, le preguntaron a Santiago si ellos lo tenían por Dios Hijo mandado por el Padre; y cogiendo una jarra para obsequiarlos, se dejó ver su cara con gesto de fariseo. Ninguno alargó el brazo para humedecer sus labios, que aquello eran las ofensas a su Maestro.
Desperté, oí:
Aquí salió la obediencia,
el Amor y el sufrimiento.
El poderse contener
lo que dejaron por dentro.
Tenían que ir al mismo sitio,
por ser mandato de Dios.
Y el Amor los superaba,
y había obediencia mayor.
¡Dudar de que su Maestro
era Hombre, era Dios,
y el mismo que hay en el Cielo!
Nada más que con dudar,
viendo lo que estaban viendo,
antes de decir palabra,
ya estaban a Dios ofendiendo.
Cuando la jarra alargó,
todos miraron con pena,
y ninguno se movió.
Lo más grande para ellos,
era el oír decir “no”.
¿No será Éste el Mesías?
No creo que sea Dios...
¿No podríamos enterarnos
del sitio donde nació...?
Pedro callaba por fuera,
y por dentro oía el “no”,
de boca del fariseo,
que fue el que lo mató.
Ellos andaban humildes,
como los mandaba Dios.
***
Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 122-123-124
Yo vi un día hablar a dos Discípulos del Maestro, y me tuve que parar. Yendo yo un día a la siega, iban delante de mí los Discípulos, y caminaban a buen paso. Quise emparejarme con ellos y me hicieron correr.
Decía Pedro:
–Nosotros, cuando lleguemos, estaremos contentos porque nos manda el Maestro, y con pena, por haber dudado del Maestro. –Pues al sitio que iban, había unos que tuvieron duda de cómo era el Maestro, y queriendo tomar amistad con los Discípulos, le preguntaron a Santiago si ellos lo tenían por Dios Hijo mandado por el Padre; y cogiendo una jarra para obsequiarlos, se dejó ver su cara con gesto de fariseo. Ninguno alargó el brazo para humedecer sus labios, que aquello eran las ofensas a su Maestro.
Desperté, oí:
Aquí salió la obediencia,
el Amor y el sufrimiento.
El poderse contener
lo que dejaron por dentro.
Tenían que ir al mismo sitio,
por ser mandato de Dios.
Y el Amor los superaba,
y había obediencia mayor.
¡Dudar de que su Maestro
era Hombre, era Dios,
y el mismo que hay en el Cielo!
Nada más que con dudar,
viendo lo que estaban viendo,
antes de decir palabra,
ya estaban a Dios ofendiendo.
Cuando la jarra alargó,
todos miraron con pena,
y ninguno se movió.
Lo más grande para ellos,
era el oír decir “no”.
¿No será Éste el Mesías?
No creo que sea Dios...
¿No podríamos enterarnos
del sitio donde nació...?
Pedro callaba por fuera,
y por dentro oía el “no”,
de boca del fariseo,
que fue el que lo mató.
Ellos andaban humildes,
como los mandaba Dios.
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Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 122-123-124
domingo, 26 de febrero de 2012
Si sus Discípulos aceptan los consejos del pagano, Dios hace que desaparezcan sus Discípulos
En Sueño Profético hablaban los Discípulos de Dios Hombre. Dijo Felipe:
Un día, cuando ya no teníamos Maestro en la Tierra y estábamos casi todos reunidos con las manos sujetando nuestra frente, llegó uno que cualquiera apostaría que amaba al Maestro por la forma de querernos consolar. Dijo éste:
–Tenéis que cambiar de vida, buscar la distracción donde la pena se vaya, y luego tendréis tiempo de sentir. Así no tendréis fuerzas para hablar de vuestro Maestro, ni podréis enseñar su Doctrina.
Fueron a levantarse tres o cuatro, pero Juan cogió la palabra:
–¡Vete!, que me estás recordando la escena que pasó con Pedro cuando no quería que sufriera el Maestro y la Voz de Dios Padre resonó en la boca de Dios Hijo y Maestro: vio que Luzbel cogió la lengua de Pedro para que daño Le hiciera al Maestro.
Rompimos todos en llanto: ¡querer que la ausencia de nuestro Maestro nos la quitáramos a manera de fariseos, anticristos!
–Antes de hacer tu petición, ¡vuelvan a verse las tinieblas, rasgándose los mantos del Cielo, descargando una nube de fuego y piedra, quedando el Mundo arrasado!
Todos nos fuimos llorando, pero contentos de haber echado a Satanás.
Desperté, oí:
Ellos querían que la pena, Dios se la quitara dándoles fuerzas.
Ellos querían seguir enseñando, pero ¿por qué no llorar y apenarse?
¡Si esto era llamar a Dios, para que Dios los confortara!
Dios oía la llamada de Amor que ellos Le hacían, y Dios les mandaba su respuesta haciendo ver que el Maestro iba con ellos.
Si ellos buscaban el consuelo donde no hacían lo que Él había enseñado, ¿cómo Él iba a consolar?
Si sus Discípulos aceptan los consejos del pagano, Dios hace que desaparezcan sus Discípulos.
Dios no puede permitir que a los que Él elige para que su doctrina enseñen, ensucien el Nombre de su Padre.
Como tampoco permite que tengan amistad con el Lugar, y luego lleven sus Palabras a sitio que habita el pecado.
Éstos, Dios los aparta por no querer abrigar sus Palabras, una vez que antes han sido premiados.
El Lugar que Dios habla en él, dice lo que Dios ya ha hablado, pero no puede quitar lo que Dios ya ha comunicado.
Oye lo que dice el Lugar, pero si no obedeces, es Dios el que te juzgará.
***
Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag. 114-115-116
sábado, 25 de febrero de 2012
¡Qué Bueno eres, Señor!
En Sueño Profético yo decía:
Señor, ¡qué Bueno eres! Enfádate cuando yo te ofenda, cuando yo te haya querido ofender. Si por falta de paciencia te ofendiera, no es mía la culpa.
Apareció una mujer vestida como cuando Dios vivió de Hombre, y dijo:
Yo soy de Samaria, y éstas eran mis palabras, bastantes veces repetidas, cuando mi vida con materia: “Maestro, ¡qué Bueno eres!
Yo presencié varias veces maltratarlo de palabra. Esto que voy a decir, no pongo ni quito nada:
Venía yo con mi hijo y la yegua, de por agua, y de donde yo venía iba el Maestro, Tomás, Mateo y Matías. Venían casi igualados unos cuantos con nosotros. Y al rozarse las ropas de juntos que se cruzaron, dijo uno:
–¡Bien está ya tanto engaño, tanto Dios, tanto Maestro!
Este Dios quedó de piedra, con daño hecho por dentro. Quisieron cogerle el Brazo, y los tres se precipitaron a terminar con los cuerpos, con los cuerpos que vivían por quien ellos ofendían.
Pidió el Maestro obediencia, y obediencia le dieron. Pero mi hijo, que estaba hablando siempre con ellos, con Pedro o con Felipe, con Juan siempre iba a buscarlo, y su ansiedad era crecer. No amanecía un día que cambiara estas palabras: “Madre, cuando crezca, me pierdes. Me iré con los que siguen al Maestro”. Pues tenía 13 años–, se acercó al Maestro y le dijo:
–¡Qué Bueno eres Maestro! ¿Quieres que yo les pegue, que no soy tu Discípulo?
Contestó el Maestro:
–Tu no eres mi Discípulo, pero eres un espíritu de la Gloria de mi Padre, que ya vives Gloria suya, y no puedes manchar la Gloria y tu inocencia con el pecado. En este momento ya los está juzgando mi Padre.
Desperté, oí:
¡Qué Bueno eres, Señor!,
que dejas que haga el hombre,
lo que ahí quiera,
en contra de Dios.
Señor, ¡qué Bueno eres!
¡Qué Bueno eres, Señor!,
que el hombre pasa, te insulta,
y queriendo golpearte,
no consientes que los tuyos
la mano se la levanten.
Qué alegría como el pequeño,
que soñaba con crecer,
para irse de su casa
y al Maestro obedecer.
Él aprendió de su madre
esta frase al nacer:
¡Qué Bueno eres, Maestro!
El Maestro, ¡qué Bueno es!
Él siempre veía en la madre,
al Maestro antes que a nadie.
La madre, de Dios le habló,
y el hijo, se le perdió.
Se le perdió cuando pudo
seguir Camino de Dios.
***
Libro 7 - Investigaciones a La Verdad - Tomo I - Pag. 117-118-119
sábado, 9 de abril de 2011
“El que quiera como él quiere, que se agregue a mis Discípulos”. - Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag.180-181-182
En Sueño Profético decían:
Una tarde de verano, cuando la tarde aún no había llegado, íbamos con el Maestro cansados por el peso de los rayos del Sol que aún nos seguían. Se acercaron unos hombres y uno sólo habló. Ya dijo éste dirigiéndose al Maestro:
–Sé que seré comprendido, aunque mi explicación no salga clara. Lo que no sé es si yo llevó la razón.
Ya dijo el Maestro:
–Todo el que Me ama lleva la razón, porque el Amor a mis Palabras le hará que no sea engañado. Tú quieres que tu mujer y tus hijos vengan en mi busca y oigan como tú me estás oyendo, pero a ellos aún les falta ese Amor que tú sientes por oír lo que mi Padre en Mí está diciendo.
Quedó este hombre de piedra, y mirada echó al suelo. Otra vez dijo el Maestro:
–Ellos te dirán que aman y que ya Me conocieron y que llaman a mi Padre. Esto no es Amor a mi Reino. El que a mi Reino ama, busca siempre sediento las Palabras que de mi Padre ahora estás oyendo. Puedes agregarte a mis Discípulos, y no pienses en el sustento.
Desperté, oí:
Este hombre ama al Maestro porque antes amaba al Padre.
Él quería seguirlo, pero le faltaban ingresos.
Con el dueño que trabajaba tiene amistad el Maestro.
Era gente de dinero, y daba varios sustentos a los viejos, y a los niños siempre los ponía primero.
Cuando el Maestro les dijo: “El que quiera como él quiere, que se agregue a mis Discípulos”.
Un ¡sí Maestro! se oyó, de Amor que tenían por dentro.
Siempre querían darle algo, pero algo bueno. Él siempre respondía igual:
“Dejadlo para el momento”.
“Que ya mandará mi Padre, y ése será el momento”.
Cuando ya volvió a su casa, ya lo vieron bien cambiado.
Con buenos modos les dijo: “yo no estaba equivocado”.
El que ama busca a Dios, y nunca lo verás cansado, porque Dios hará de Dios en que más puedas buscarlo.
El que se canse de Dios, no ama y está cansado.
***
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