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miércoles, 10 de febrero de 2021

Cuando Él hablaba, aprendía más el que amaba

En Sueño Profético se vio una casa grande, que las puertas te decían los siglos que estaban hechas, por la altura y la pesadez que tenían estas puertas.

Ya dijo uno que Dios le da Mando para la Enseñanza:

Aquí, en esta casa, vino Dios Hombre varias veces a dar Enseñanza a los Discípulos. Al que lo sabía y acudía no le negaban la entrada. El que quería aprender, acudía. Y el que aprendía, no callaba. Que aprendía más y callaba menos el que más amaba. Al que menos amaba, le molestaba oír al que mucho amaba.

Estas Palabras aquí dictadas fueron dichas en aquel tiempo que Jesús vivió de Hombre:

No penséis mal de mi Mando o del que hace mi Mando, que ni Yo prefiero, ni él lo hace con protestas. Él busca el Mando, y Yo, si no lo mando, ya no soy Dios. Yo mando en otros que no son mis Discípulos, pero aquel Mando es de Poder, no de Amor”.

Desperté, oí:

Pide a Dios con ganas que si dudas, este Mensaje, te quite las dudas.

¡Cómo te dictan en Gloria Palabras que dijo Dios Hombre!

Que siendo las mismas del Evangelio, ves que no son copia.

Cuando Él hablaba, aprendía más el que amaba. Al que le faltaba Amor, formaba discordia. A éstos no les mandaba el Amor, les mandaba el Poder.

Es grande la diferencia que Dios te diga: “ve en mi Nombre”, o, “tienes que hacer esto por fuerza”.

***

Libro 23 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo IV - C6

lunes, 27 de octubre de 2014

Juan hablaba Caridad

En Sueño Profético hablaban de la Caridad y de las formas que se puede hacer Caridad, pero Caridad cristiana:

La Caridad cristiana no te cansas de hacerla porque Dios es el que allí espera.

Dijo uno:

La Caridad, muchos la empiezan y pocos la siguen. La Caridad está en las obras, y la firman las palabras. Hay quien da caridad en palabras y no la puede sellar con obras. Esta caridad es más corriente.

Dijo uno:

Yo vi muchas veces a Juan de Dios ir buscando donde la Caridad llevar. Lo acompañe varias veces, y era difícil contar la Caridad que él hacía. Retira tanto la enfermedad, el mal olor y la miseria, que si no vas lleno de Dios, no puedes…

Voy a dejar esta estampa que yo presencié y la refería cuando oía hablar de Juan. Si hablaban bien, no podía callar y refería esto que aquí queda escrito. Y si hablaban con ira y con desprecio, los callaba la Justicia de Dios:

“Me llevó a una vivienda donde había un matrimonio con un hijo de 15 años paralítico en un camastro. Al padre hacía meses que lo atormentaban unas fiebres que le tenían la boca llena de costras que le habían dejado las vejigas. La mujer, flacucha, apenas podía con unos canastos de verdura que ellos sembraban en aquella poca tierra que rodeaba la casa. Fue llegar, y abrazarlo el padre –cuando Juan llegó a la cama–, y a la vez abrazaba al paralítico, por estar los dos camastros juntos. Sacó Juan un medicamento que era alimento curativo, y con gran Amor se lo dio alzándole la cabeza. Y se fue al sitio del hijo, lo incorporó, lo vistió, le dio unas muletas, y una pierna que arrastraba le hacía caminar con su paciencia. Pues esto lo hacía, más de medio año, a diario. Ya que se marchaba, dejó en la mesa unas monedas, y se marchó diciendo: ¡hasta mañana!

Desperté, oí:

¿Quién hace esta Caridad,
si no lleva a Dios consigo?

¿Quién puede decir “no es Dios”,
si visitas estos sitios?

El se acercaba al enfermo,
porque Dios en él vivía.

Y no pensaba en el mal
que un contagio le daría.

Juan hablaba Caridad,
y sus obras sellarían.

El que la haga sin Dios,
antes que empiece, termina.


***

Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - C4

lunes, 25 de agosto de 2014

Hablaba el tiempo

En Sueño Profético
hablaba el tiempo
al joven y al viejo:

El tiempo no se cansaba
de repetir a lo viejo,
que enseñara a vivir
poniendo a Dios lo primero.

También le decía al joven
que no olvidara del viejo
lo que siempre estaba igual,
porque arreglo no da el Cielo.

El tiempo se sentía joven,
y otras veces era viejo,
según quien tenía delante
para servirle consejo.

Ya le dijo al más joven:
vuelve cabeza hacia atrás
y mírate en el espejo
del viejo que necesita
coger apoyo en sus manos
para abandonar la silla,
y su cabeza está bien,
pero palabras no riman,
porque de palabra en palabra,
temblor le da y suspira
y acaba con lagrimones
y olvida por dónde iba.

Ésos son ya los noventa,
que se pasaron aprisa,
y aunque todo lo ves viejo,
hace poco vivía su juventud,
y cogía los consejos
cuando era como tú,
de otro así de viejo.
Por eso lo ves Aquí
en el camino del Cielo.

Yo soy el tiempo,
que hablo sin ser joven,
sin ser viejo.
Digo las Leyes de Dios,
y nunca me pongo viejo,
porque todo lo de Dios
siempre tiene el mismo tiempo.
Es el aire o es el sol
el que lo pone más feo.
Pero el Tesoro de Dios,
que va dentro de lo feo,
cuando llega a esta Casa,
ya empieza vida sin viejo.

Desperté, oí:

¡Qué empaque y autoridad tiene
el personaje del tiempo!

¡Cómo le habla al joven,
dando la lección en el viejo!

¡Cómo te dice que Dios
deja en la Tierra lo viejo!

Este Mensaje te hace
que olvides la juventud
y que piense el ser bueno.

Que mires siempre al que fue joven,
aunque hoy lo veas viejo.

Que si es hombre de Dios,
tiene que dar los consejos
para que llegue la muerte
y entierren ahí lo viejo.

El joven que no es de Dios,
es viejo ya para el Cielo.

Lo viejo no entra en la Gloria,
tan sólo entra el espíritu,
que le pasa lo que al tiempo.

El tiempo no cuenta años
porque el tiempo es lo Eterno.


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Libro 14 - Dios Manda en su Gloria que Enseñen - Tomo II - Pag. 28-29-30-31

sábado, 26 de noviembre de 2011

Con firmeza hablaba - Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pag. 165-166


En Sueño Profético decían:

No hay más verdad que Dios habla, cuando observes que no falta firmeza, constancia y decisión. Todos pecaron, según el que no ama, por falta de obediencia. Todos se enfrentaron con el que no quería que fuera verdad, con el que quería él ser el Elegido, con el que nunca Dios le hubiera hablado. Dios no puede hablarle al que Le exige, al que Le manda, al que cree y no ama, al que no vive en el Prójimo, al que persigue su Palabra.

Dijo uno:

En esto se ven los Elegidos por Dios: en que el hombre no los aparta de su camino.

Yo vi varias veces hablar a Catalina de Siena, y no hay quien hable con esa autoridad de La Gloria de Dios, si no es el mismo Dios hablando. Llegó hasta decir palabras que no veías mujer, veías a un hombre fuerte que dicta a un pueblo honrado, que da palabras seguras, pero que si el pueblo no acepta, él se lleva sus palabras, pero sin cambiarles letra, seguro de lo que habla. Ésta era Catalina de Siena, porque Dios en ella hablaba. Cuando tenía que rectificar porque el hombre lo mandaba, antes de rectificar, más fuerza Dios le mandaba, y quedaban sus palabras como quedan las murallas, aún más fuertes quedaban. En esto se ve verdad, a todo aquél que Dios le habla.

Desperté, oí:

No es sólo Catalina
la que con firmeza hablaba.

Ésta que yo cito Aquí,
fue que yo oí su habla.

Si repasan sus Escritos,
los mismos que ella dejara,
verán que no era ella,
por afirmar las palabras.

Ya se podía enfrentar
con hombres de resonancia,
pero lo que decía su boca,
que Dios Palabras le daba,
ella no cambiaba una
sin quedar desmoralizada.

Esta es la observación
que admite el que Dios le habla.

CATALINA DE SIENA


***