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sábado, 26 de septiembre de 2026

Mi espíritu es joven porque es de Dios

En Sueño Profético hablaban de la fuerza del espíritu y de la flaqueza de la carne. Decían:

La carne, por mucho que se conserve, busca apartarse a un rincón, cuando ya es carne inservible.

El espíritu nunca se cansa y nunca se pone viejo. El espíritu no tiene entierro, ni para él cuenta el tiempo. El espíritu que es de Dios, éste, con Dios vive, y nunca se pone enfermo ni vejez le llega.

Cuando la materia pide vida sedentaria, el espíritu está esperando con ansiedad que Dios le haga su Llamada, y ya el espíritu no se preocupa de la carne. Esto, por mucho cuido que le tengas a la carne, llega. Cuando la carne llega a la vejez y su espíritu no es para Dios, a este espíritu ya lo esperan los demonios de Luzbel, para que le hagan servicio en contra del Todo Poderoso.     

Esta es la Enseñanza de Dios: conocer el mal aunque vaya escondido en materia con aspecto de buena, y coger la Enseñanza del que Aquí la lleva. Estos temas nunca los quiso saber el hombre. El hombre, su preocupación es la vejez, porque no piensa en el funcionamiento de su existencia. Si hiciera este pensar: “Mi espíritu es joven porque es de Dios y le ha estado haciendo un servicio a mi materia para enseñar el Camino Eterno. Este Camino ya lo enseñé, y mi carne entierro. Como mi espíritu está joven, voy a hacer servicio en el Cielo”. Si esto lo pensara la vejez, dejaría ahí un buen recuerdo, pero tendría que haber pensado antes, de joven, en el Cielo.

Desperté, oí:

Es el espíritu el que deja 
ese traje de la carne.   

Pues una vez que se mustia,
el espíritu quiere dejarle.

El hombre lucha y lucha,
con la atención a la carne.

Olvidando que el servicio,
al espíritu no le vale.

El hombre toma la vida
aprisa y sin pensarla.
Debería ya saber
que viene, cuando ya nace,
con el día de la Llamada.

No ensucies nunca tu traje,
y cuando ya mustio caiga,
no importa que le den entierro,
si dejas viva Enseñanza.

***

Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I - C4 

domingo, 1 de noviembre de 2015

El Mensaje cada día más joven y más fuerte

En Sueño Profético decían:

Si Dios dejara la Comunicación que tiene del Cielo a la Tierra el hombre se devoraba, por mucho que enseñara a respetarse. Después viene la enfermedad, la vejez y la muerte, que esto tampoco puede quitarlo Dios por la salvación del hombre. Como tampoco quita los pecados para el que quiera condenarse.

Dijo uno:

Por eso cuando Dios coge un Lugar para que dé su Enseñanza de espíritu con materia, que tan imprescindible es para el hombre, peca el que prohibe esta Enseñanza. Peca ante Dios, ante sus Ángeles y ante sus Santos, y está en contra de la Gloria.

El hombre quiere decorar con el nombre de Dios cuando él crea que va bien esta decoración diabólica, que al decir decorar ya es diabólica. Pero cuando tiene que inclinar las rodillas a las Palabras dichas en el Cielo y escritas en la Tierra, su mal, su soberbia y sus ideas satánicas hacen la guerra a las Palabras que Dios manda a la Tierra y actúan espíritus venenosos queriendo hacer frente a las Palabras de Dios.

Desperté, oí:

¡Qué cierto que a Dios lo nombra el hombre cuando cree que ahí va bien su Nombre!

Dios allí no actúa porque Satanás está en el hombre.

Qué pensar más intranquilo debe tener el que se sienta culpable de haber parado estos Escritos.

Y esto es la enfermedad, la muerte y la vejez, que no hay hombre en la Tierra que lo pueda contener.

Todo lo que Dios ha dicho de Enseñanza Aquí, en su Gloria, lo publicarán los Libros.

Cuando Dios bajó a la Tierra o cuando sus Palabras manda no hay hombre que las detenga.

Lo mismo que la vejez y el enterrar la materia.

Con la grande diferencia que el Mensaje cada día es más joven y cada día tiene más fuerza.

¡Qué sufrir más negro y sucio tendrá el que no quiso que esto así fuera!


***

Libro 67 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo VII

lunes, 25 de agosto de 2014

Hablaba el tiempo

En Sueño Profético
hablaba el tiempo
al joven y al viejo:

El tiempo no se cansaba
de repetir a lo viejo,
que enseñara a vivir
poniendo a Dios lo primero.

También le decía al joven
que no olvidara del viejo
lo que siempre estaba igual,
porque arreglo no da el Cielo.

El tiempo se sentía joven,
y otras veces era viejo,
según quien tenía delante
para servirle consejo.

Ya le dijo al más joven:
vuelve cabeza hacia atrás
y mírate en el espejo
del viejo que necesita
coger apoyo en sus manos
para abandonar la silla,
y su cabeza está bien,
pero palabras no riman,
porque de palabra en palabra,
temblor le da y suspira
y acaba con lagrimones
y olvida por dónde iba.

Ésos son ya los noventa,
que se pasaron aprisa,
y aunque todo lo ves viejo,
hace poco vivía su juventud,
y cogía los consejos
cuando era como tú,
de otro así de viejo.
Por eso lo ves Aquí
en el camino del Cielo.

Yo soy el tiempo,
que hablo sin ser joven,
sin ser viejo.
Digo las Leyes de Dios,
y nunca me pongo viejo,
porque todo lo de Dios
siempre tiene el mismo tiempo.
Es el aire o es el sol
el que lo pone más feo.
Pero el Tesoro de Dios,
que va dentro de lo feo,
cuando llega a esta Casa,
ya empieza vida sin viejo.

Desperté, oí:

¡Qué empaque y autoridad tiene
el personaje del tiempo!

¡Cómo le habla al joven,
dando la lección en el viejo!

¡Cómo te dice que Dios
deja en la Tierra lo viejo!

Este Mensaje te hace
que olvides la juventud
y que piense el ser bueno.

Que mires siempre al que fue joven,
aunque hoy lo veas viejo.

Que si es hombre de Dios,
tiene que dar los consejos
para que llegue la muerte
y entierren ahí lo viejo.

El joven que no es de Dios,
es viejo ya para el Cielo.

Lo viejo no entra en la Gloria,
tan sólo entra el espíritu,
que le pasa lo que al tiempo.

El tiempo no cuenta años
porque el tiempo es lo Eterno.


***

Libro 14 - Dios Manda en su Gloria que Enseñen - Tomo II - Pag. 28-29-30-31

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Los 80 separados

En Sueño Profético vi a una mujer de 80 años y a otra de 25.

Dijo uno:

Estas dos mujeres, una fue joven, y otra tiene que llegar a vieja, si antes no llega la orden que Dios manda, que el hombre conoce por muerte.

De la vieja huye el pecado,
y a la joven le atormenta.
De la vieja huye
porque ya en ella no ve fuerza,
no ve fuerza y no sirve
para que otros hacer pecados quieran.

La vejez es en la carne,
que ésta llega por fuerza,
que los 80 te tiran
como lobo que hace presa.

La vieja se lamenta
de no haber sido más buena,
y quería que la joven
en el saber la siguiera.

La vieja cuenta una vida,
por si a la joven sirviera;
le cuenta que ella pecó
un día de grande pena
que su marido se fue
sin echarle muchas cuentas.

A la vieja se le oía
llanto con grito de vieja,
de vieja que no le importa
nada hermoso de la Tierra,
de vieja que ya no es vieja
la palabra que le oyes,
porque habla la experiencia.

La joven quedó sin habla,
porque llevaba el camino
que la vieja recordaba.

Ya era oscurecido,
y la moza, engalanada,
tenía cita con uno
que a los braceros mandaba;
era el dueño del cortijo
donde su marido trabajaba.

Cuando la joven oía,
la cara se le cambiaba.
Iba a hacer el pecado
que a los años atormentaba,
a los años en la carne,
que al espíritu no contaba.

Desperté, oí:

Es claro este pensar,
para que piense en los años
el que tenga poca edad.

La vejez sufrió pensando
el mal que de joven hizo.

El pecado de la vieja,
a la joven pensar hizo.

A la joven atormentaba,
a sabiendas que haría caso
de abandonar al marido.

Le había ofrecido bienes
que le pagaran su cuerpo.
Le había ofrecido ira,
retirando de este Cielo.

Pero la moza se encuentra
con el pecado empujándole,
y la voz de la experiencia,
que como viene de Dios,
en su casa se presenta,
y se juntaron los dos.

El marido estuvo hablando
con uno que le contó
que tenía 80 años
y que él nunca pecó.

Porque llegar a vejez
habiendo hecho pecados,
arreglo no puede ser,
por estar ya condenado.

La experiencia siempre está
dando consejos de Dios,
a donde consejo quieran.

Hicieron un buen papel,
los 80 separados.
La mujer ya no pecó,
y el marido le pidió
el perdón de lo pasado.


***


Libro 11 - Te Habla el Profeta - Tomo II - Pag. 95-96-97