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lunes, 31 de marzo de 2025

La fragua

En Sueño Profético decían:

No es vivir para Dios, cómo vivir en contra de Dios. No es lo mismo amar sin descanso, que cansarte antes de ir a buscar donde digan “Dios, hablando, allí está”. Y no es lo mismo decir “Señor, Tú mandas”, que su Mando te moleste. Te moleste hasta el extremo de que tu vivir ya lo hagas retirando de este Cielo.

Dijo uno:

Mi mayor cansancio era el que llegara la noche y en mi mente pusiera: “Hoy, mi tiempo se me fue sin hacer servicio al Cielo. Los que no quieren a Dios me han robado el tiempo. Mañana, yo obligaré al tiempo, y tengo que desquitarme. Señor, prometer no te prometo, porque prometerte a Ti sería no creer que eres Dueño de mi espíritu y de mi cuerpo. Prometerte, sí Te prometo, que cuando quieras mi espíritu, dejes mi cuerpo muerto”.

Estas palabras, siempre que yo no cogía parte del día para el servicio de Dios, me dejaban durmiendo.

Desperté, oí:

Mi trabajo era duro,
con el martillo en la fragua.

Pero tres que había conmigo,
y la gente que entraba,
hacíamos buen servicio,
y el tintineo de compaña.

El trabajo entraba solo,
sin que nadie lo buscara.

Luego, el buscar el bien,
sin preguntar nos llevaban.

Se cundió:
“Ve y pregunta allí en la fragua,
dónde vive la mujer
que ayer pedía limosna
para el marido y los hijos,
que la vivienda era una choza”.

O el paralítico,
que en la fragua se lleva
horas y horas oyendo
a los que acuden como él,
para que los socorran.

“La fragua de la abundancia,
del amor y la esperanza”,
en el pueblo le pusieron.

Cuando no acudía gente,
aquella noche,
a mí no me entraba sueño.

A la mañana siguiente,
el Nombre de Dios,
en todo ponía delante.

“Señor, que tu Nombre
en mí se oiga con más fuerza
que el martilleo al hierro hace”.

***

Libro 21 - Te Habla El Profeta - Tomo III - C7

jueves, 14 de octubre de 2021

La fragua de la maldición

En Sueño Profético decían:

Sin Amor a Dios no se reparte alegría. Sin Amor a Dios no le llamas vida a la vida, porque la vida sin Dios queda atrancada.

Dijo uno:

Yo tuve, durante un corto tiempo, un amigo que no creía en Dios. Y cuando en la calle lo veía, me acordaba y estas palabras le decía: “Prueba a pedir Perdón, y pídelo en mi nombre. Pero cuenta el porqué te doy mi nombre, que nadie lo sabrá por mí hasta que tú lo cuentes”. Yo aquí lo voy a contar porque Dios así lo quiere:

Él tenía una fragua y unos le trabajaban el hierro, pero bien trabajado. Éstos creían en Dios y siempre Lo estaban nombrando. Y él, como no creía, los echó y dejó sin trabajo. Tenían familia que mantener, porque eran casados. Yo hablaba con éstos cuando salían del trabajo o cuando a la fragua entraba a llevarles trabajos que me encargaban.

Un día dijo uno: “quisiera que los martillazos fueran de otra manera, y así, el dialogar de Dios, más hombres lo oirían”. En este momento fue cuando les dio el despido y los echó de la fragua. Yo los acompañé a sus casas y de otro trabajo les hable, y se quedaron colocados.     

El dueño de la fragua no encontró quien le trabajara. Los encargos dejaron de llevarlos, y tuvo que cerrar la fragua. La mujer se quedó paralítica en un sillón. Y de tres hijos que tenía, el mayor se fue de la casa con 19 años.

Desperté, oí:

“La fragua de la maldición” el pueblo le puso.

La familia de la mujer creía, y también la mujer. Al ver tanta desgracia, le dije que a Dios el Perdón Le pidiera.

Lo dije por él, por la mujer y por el hijo que abandonó su casa por el padre no creer.

Después de pedir Perdón fue a mi casa a buscarme y me dijo:

“Mi mujer ya se mueve con muletas. Y mi hijo, que se ha enterado que anda la madre, viene a verla.

En mi casa ya se nombra a Dios más que en la fragua.

Si mi ruina fue para que yo el Perdón a Dios Le pidiera, ¡Bendito sea Dios!, que el Perdón me entró en su Gloria”.

Esta vida, Dios ha querido que sea dictada, para que el hombre aprenda a vivir esta Enseñanza.

Si el amigo no busca al que pecó, hoy no están todos en el Reino de Dios.

***

Libro 47 - Dios No Quiere, Permite - Tomo VI - C1

jueves, 2 de abril de 2020

El encargado de la fragua

En Sueño Profético decían:

Hay sufrimientos en la vida que si quisieras medir y pesar, no podrías, por no tener peso que aguantara ni medida que a la altura llegara.

Hay sufrimientos tan hondos, que tienes que pasarlos para comprenderlos.

Estos que los tienen, no son como cojos, que ves las muletas o pierna más corta, y ya dan palabras como consolando.

Dijo uno:

Yo trabajaba en la fragua y cuatro había conmigo. Pero el que más mandaba, siempre del sufrimiento te hablaba. Decía:

“Si eres cojo y con muletas, todos los ojos que miren se unen a tu cojera y la lástima la sueltan. En cambio, hay sufrimientos tan grandes, que no puedes contarlos, porque los hacen mayores en vez de quitarlos”.

Contaba que el sufrió mucho de niño grande, porque su padre unos años vivió en la cárcel. Él iba a visitarlo, y siempre decía que su padre le decía:

“Hijo, muere de hambre, pero no mueras de cárcel. Yo tuve unos amigos que me arrastraron a coger lo que no era mío. Ellos entraron aquí y pronto salieron, porque hubo quien se compadeció de ellos”.

Dice que la madre lo miraba y le decía:

“No le cuentes al chiquillo nada de eso. Si tú fuiste engañado y ellos fueron los favorecidos, dile que busque amigos que a Dios sigan su camino”.

No quería esta mujer que el niño oyera “robo”. Ella le contó que un día había bebido unas copas y a la autoridad ofendió y a la cárcel fue a parar. Que sus amigos no querían a Dios, y ella mucho sufrió.

Desperté, oí:

Este encargado de la fragua tenía siempre en su boca: “Hay sufrimientos tan grandes, que si los cuentas, los agrandas”.

Porque en el sufrir guardado, todos te ponen la espalda.

Si la cárcel se nombraba, todos echaban la llave donde ponías la mirada.

Al cojo compadecían y a ti puertas te cerraban.

Si al que robó una vez, compadecen como al cojo, él da las gracias a Dios y evita que otros roben.

Da la caridad al cojo, y al sufrir, donde se esconde.


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Libro 29 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo IV - C6

domingo, 7 de diciembre de 2014

No abandones la fragua

En Sueño Profético decían:

El seguir a Dios será fácil para el que Lo ame, pero difícil le será enseñar a que otro lo siga por el camino que él va.

Por eso los que Dios elige para enseñar, al que aprender quiera, les da Dios saber que domina al saber de la Tierra. Les da fragua y martillo invisible para el hombre, que delante tiene la fragua y por mucho que golpea no puede oír los golpes que va moldeando el hierro, que a veces siendo la misma pletina hace el pliegue con la mitad de golpes y la mitad de tintineo. Esto depende no de los golpes, depende de Dios del Cielo.

Tú no abandones la fragua, que Dios te manda los hierros y Él verá los martillazos justos para cada hierro. Pero quien tiene esta fragua siempre con su mismo esfuerzo, siempre queriendo que Dios le mande doblar los hierros (que los dobla el Amor que hace fuego y tintineo), éstos son los que a Dios sirven en la Tierra y en el Cielo.

Desperté, oí:

Dios para elegirte, para que enseñes de este Reino, tienes que dar martillazos sin coraje y con contento.

Y tienes que no pensar en la dureza del hierro.

Dios te hace la Enseñanza con fragua o espuma.

Que, a veces, la espuma es hierro y el hierro lo hace espuma.

El hombre se pone venda con su gran sabiduría y ve que el hierro es hierro y que la pompa es espuma.

Éstos no son Elegidos, porque de Dios desconfían.

Y nunca echarían red cuando pesca no vieran.


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Libro 65 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo V