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viernes, 19 de mayo de 2023

Cárcel e Infierno

En Sueño Profético decían:

Si todos en Dios creyeran, todos a Dios amarían. Si todos creyeran en el Infierno, la Gloria, con ansias, buscarían. Y ya no existiría el desprecio que al Elegido le dan.

Dijo un espíritu con Mando de Dios:

Si el hombre en la Tierra no roba lo que quiere tener –y esto para mantener su cuerpo–, es porque está seguro de que va a la cárcel o esto le haría perder el cargo. Pues qué importancia tiene la cárcel si la comparas con el Infierno. La cárcel, por mucho que dure, tu cuerpo no puede estar en ella mucho más de 80 años. En cambio, en el espíritu no son años de vida, por ser éste eterno. Y un a vez que entre en uno de estos dos sitios, ya allí vive eterno.

No puede ser creer y no querer saber del Reino que Dios a todos ofrece, y todos contestan indiferentes.

Desperté, oí:

El creer te obliga a buscar cuando quieres al que creíste.

Este Pregón Eterno no está oculto ni para los pobres ni para los ricos.

Que esto tiene que ser cundido por todos los sitios donde haya suelo y hombres.

El suelo para el cuerpo, y el espíritu para vivir eterno en el Cielo.

Si vives esta Enseñanza, tú nunca serás ya muerto para el Reino de Dios.

Es sufrimiento para el Elegido y pena para Dios, que Él ofrezca su Reino y el hombre diga que no con su comportamiento.

Comparaban en la Gloria al hombre que le tenía miedo a la cárcel y al Infierno no.

***

Libro 41 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo III - C7

viernes, 29 de julio de 2016

Cárcel que te da Libertad

En Sueño Profético decía Teresa de Ávila:

No hay quien empiece a amar a Dios
y después deje de amarlo.

No hay quien a Dios Le pida Amor,
y Dios el Amor le niegue.

Yo puedo hablar por mí,
cómo el Amor se siente.

Empezaré por decir,
que este Amor te viene solo
cuando tú piensas en Aquí,
cuando vives en la Tierra.

Es frecuente el oír:
¡Dios perdona los pecados...!
¡Tú sigue tu vida así...!

Esto, dos me lo dijeron,
y con los dos discutí.
Si yo hice los pecados,
fue antes de amar así,
fue antes de que a Dios yo viera
ese Rostro de sufrir,
que el sufrimiento Le llega
con los pecados de aquí.

Esto, ya que me lo oían,
mucho se oía el decir:
“Teresa, cuenta el empiezo,
que yo te voy a seguir”.
Ya me salían palabras
dichas desde el mismo Cielo.
Ya me venía a mis labios
un Amor que, prisionero,
en mí era Libertad
que soltando iba a los presos.

En un éxtasis oí:

La Cárcel de Aquí del Cielo
te da tanta Libertad,
que preso te metes luego,
cuando puedes elegir:
me voy con vivos o muertos.

Este éxtasis me hacían
que lo contara y explicara.

Desperté, oí:

¡Qué trabajo me costaba explicar
donde no había Amor!
¡Qué trabajo más trabajo
era no enfadar a Dios!

Cuando tenía que hablar
en el sitio que Lo amaban,
juntaba las horas del día
con la noche y la mañana.
¡Teresa, sigue contando
el Amor que no te cansa!
¡Teresa, yo viviría
contigo en la montaña!

Esto le oías decir
a familias emparejadas;
a mujeres, a chiquillos,
a cualquiera que yo hablara
del Amor, que sientes fuego,
que te quema, y más llamas
a todo lo de esta Gloria,
aunque llanto me costara.

Amaba tanto a mi Dios,
que el hombre me maltrataba.
Pero yo sentía la Voz
del Padre que lo mandaba.

TERESA DE ÁVILA


***

Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - C6

sábado, 9 de mayo de 2015

Cárcel de Dios es campo sin puertas

En Sueño Profético hablaban del espíritu cuando tiene alegría de Dios.

Dijo uno:

El espíritu con alegría, él solo se encarcela, él solo busca vivir apartado de todo lo que a Dios no Le agrada. Y ya vive Libertad, pero sigue estando preso en el camino de pecar, que él mismo se hace guardia, y prisión queda “guardá”.

Dijo el mismo que se vuelve a oír hablar:

Esto de preso el espíritu, era Teresa la que lo explicaba, y sentía la Libertad estando presa. Te explicaba cómo ella fue queriendo Cárcel, cómo ella vivía con Libertad estando presa.

Una tarde, contaba a mi familia esto que quiero que sepan, que bien dicho, es Dios el que me da el Mando para que ahí lo diga:

Decía Teresa, que la Cárcel de Dios era campo sin puertas, y estando con tanta Libertad, pensar en Dios la hacía presa. Yo, a todos les digo que prueben a cerrar la puerta de la Libertad que Dios a todos les tiene abierta, pero antes de cerrarla, tienes tú que hacerte presa para encerrar el pecado, y tú en Libertad te quedas. Es fácil esto entender, y difícil, voluntariamente, hacerte tú prisionero, hacerte muralla y cárcel, y vivir la Libertad que tu Amor convierte en cárcel.

Yo voy a seguir dictando lo que Teresa dijo aquella tarde…

Desperté, oí:

Yo quisiera antes de irme,
que todos quedarais presos
de este Amor que yo pregono.

A veces te sientes cárcel.
A veces te sientes preso.
A veces te falta habla
y ves protestar tu cuello.

Y suspiro se te escapa.
Te pones enrojecido.
Te da temblor en tu habla.

Todo es Amor a Dios.
Todo es Cárcel callada.
Todo es querer decir:
sin mi Dios no quiero nada.

Quiero vivir en prisión,
de noche, día y mañana.

El que viva Libertad
sin a Dios seguirlo ni amarlo,
éste ya tiene condena,
éste ya es puerta en el campo
“rodeao” de centinelas.

Yo no podría vivir
si no me sintiera presa
de mi Dios y mi sufrir.


***

Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - C7

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Cárcel de tu Amor

En Sueño Profético decían:

El Amor a Dios no puedes esconderlo. El Amor a Dios te descubre tu secreto. El Amor a Dios, él mismo se hace exigente, él mismo hace que publiques lo que no sabe la gente. El Amor de Dios no te dice “tú tienes que quererme”, pero como tú, queriendo, quieras, Él ya es tu prisionero.

Mucho se habla de Amor,
de este Amor que hay en el Cielo,
pero muy pocos, muy pocos,
lo buscan para llevarlo
a la cárcel de su pecho,
a que haga de su espíritu lo que quiera,
como dueño que te deja
que tú hagas servicio de ello.

Pero si tú, a este Dueño,
lo amas antes que a nadie,
Él te pagará, llevándote
a la Gloria, que es su Cárcel.
Una Cárcel sin cerrojos
y con las puertas bien grandes,
que una vez que Allí te encuentras,
lloras por no irte a la calle.

Que Aquí otra vez repito
las palabras de esta Cárcel:

¡Ay Cárcel de mi Señor!
¡Ay Cárcel sin centinela,
que tú entras porque quieres,
y no puedes vivir sin ella!

Ya, si no digo mi nombre,
se sabe que soy Teresa,
que quiero que todos amen
lo mismo que yo en la Tierra.

Desperté, oí:

Una vez que digas amo
delante del que no ama,
tiene que creer por fuerza,
una noche o una mañana.

Cuando oigan tus Palabras,
diciendo: “Esto me dice,
y me explica lo que es Gloria
cuando la vida se acaba”.

Me dice lo que es condena,
condena que el hombre llama.
Me dice lo que hay que hacer
cuando el hombre Lo maltrata.

Me dice el sufrimiento,
que siendo Dios, sufre y calla.

Me dice, que amando todos,
la Gloria no la llenaban,
porque la Gloria es de Dios,
el Sitio de sus Palabras,
donde el que quiera su Amor,
el mucho Amor, agranda.

¡Ay Dios, que amas al hombre
sin decirlo con Palabras!
¡Ay Dios, que si Tú quisieras,
el hombre, sin querer, amaba!

Pero ya sería mandar
la Libertad que tú mandas,
sin poderla practicar.

Yo quiero mil veces
Cárcel de tu Amor,
que es Libertad.

TERESA DE ÁVILA


***


Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II

martes, 2 de julio de 2013

Tres sitios de Visión

En Sueño Profético vi un grupo de gente y un cementerio. Pero esta gente estaba fuera del cementerio.

Se quitó aquella Visión y vi un edificio grande. Se oían gritos de dolor de carne, gritos, que si oyes, tienes que acudir aunque la Caridad no viva en ti.

Ya se vio un caserón que una muralla lo guardaba, y unas torres que solo un hombre estaba.

Ya dijo uno:

Lo que Dios ha hecho Visión para el espíritu ha sido cementerio, hospital y cárcel.

Lo que menos cree el hombre es lo más cierto y lo más seguro: que el hombre muere –su cuerpo–, pero no el espíritu.

Este grupo de gente que se ha visto estaba fuera del cementerio, porque allí no estaban sus espíritus. Allí ya no había nada: unas losas y unos apellidos. Pero ellos no eran muertos. Ellos estaban Vivos. Éstos puede ayudarte si tú a Dios se lo pides.

El hospital daba pena si alguien oye los gritos.

La cárcel tenía silencio, a pesar de que era sitio de hombres que se guiaron por los malos espíritus.

Desperté, oí:

De los tres sitios de Visión –que Dios hace dos–, si el hombre practicara las Palabras de Dios, un sitio no existía.

Y el otro podía santificar a muchos si practicaran la Caridad.

Practicando las Palabras de Dios, no existía la cárcel.

La cárcel es sitio que el espíritu del mal mantiene.

La cárcel existe por el pecado.

El hombre admite el pecado, enseña a pecar y le tiene por vivienda la cárcel.

Si el hombre amara a Dios, el mundo material sería un rebaño.

¡Enseña a que viva el hombre desconociendo la cárcel!

¡Queriendo mucho a la Gloria y siempre con Dios delante!


***

Libro 17 - Investigaciones a La Verdad - Tomo II - Pág. 228-229-230

martes, 13 de septiembre de 2011

Cárcel sin centinela - Libro 1 - Meditaciones y Palabras Directas con el Padre Eterno - Tomo I - Pag. 164-165-166


En Sueño Profético hablaban de cuando sientes el Amor de Dios.

Decía Agustín a Domingo, y Teresa a Tomás. Y Juan Bosco se inclinaba a unos que su nombre no me dan. Empecemos por Domingo y Tomás.

Dijo Agustín:

Yo, Domingo,
de esto podría hablar,
para que el hombre viera
cómo tenía que amar.

Hablaría con razones,
que me tenían que escuchar:

¡Este Amor no tiene sexo,
ni tampoco tiene edad,
ni tiene disculpa alguna
para que no puedas amar!

¡Este Amor es algo que entra
y que tú no puedes echar!

Yo te digo esto Domingo
porque contigo puedo hablar.

¡Este Amor que si te quema,
quieres que te queme más!

Respondió Tomás:

Después de todo esto dicho,
no puedo decir yo más,
es que me faltan palabras
para esto descifrar.

Contestó Juan Bosco:

Pues si tú Tomás,
que eres extracto intelectual,
no puedes decir qué sientes,
para poder comparar
cuando es amor que pasa
o Amor de esta Eternidad...

Desperté, oí:

Yo, mientras ellos decían
cómo sentían a Dios,
disfrutaba de alabanzas
en esta Gloria de Dios.

Este Amor es para sentirlo,
aunque fueras pecador,
y tus pecados ya lloras
y no puedes pedir perdón,
porque el llanto te prohíbe
las palabras y la voz.

Es un Amor de locura,
locura pero de Dios,
locura que más te acerca
a que hagas oración.

¡Este Dios que no te obliga
a que Lo ames ni quieras!

¡Qué Amor te da en su Mirada,
que de Amor te sientes presa!

Yo creo, que al no obligar,
ya te está metiendo presa.

¡Ay Cárcel de mi Señor!
¡Ay Cárcel sin centinela!,
que te entras porque quieres
y no puedes vivir sin ella!

TERESA DE ÁVILA


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lunes, 2 de mayo de 2011

Prisionero que ve el que no Lo ama - Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 31-32


En Sueño Profético hablaban de la Libertad.

Dijo uno:

Cuando tú sabes cómo eres es cuando te dan Libertad. La Libertad la vive el que a Dios no ama. El que ama, busca estar prisionero, prisionero que ve el que no Lo ama.

Contestó a esto un Discípulo de Jesús:

Un día, estábamos oyendo al Maestro, y cuando terminó de hablar, nos dijo:

“A pesar de que soy Dios, quiero que obréis con Libertad. Si alguno no me siguiera con Amor, sea retirado por él mismo. Yo lo sabré y dejaré tiempo para que él se retire”.

No fueron terminadas estas Palabras, y queriendo hablar todos, quedamos en un aplastante silencio. Si la Libertad hubiera sido un presente, todos la hubiéramos dejado en sus Pies. Nosotros queríamos estar siempre cogidos a su Mando, nos encontrábamos más suyos. El que más decía: “El Maestro me ha mandado que vaya y diga”, éste se creía más predilecto. Cuando no nos mandaba, era sitio que tenía que ir Él, y nos llevaba para enseñarnos; de aquella Enseñanza ya nos llenábamos para partir al día siguiente. Una vez que empezábamos a caminar, no teníamos día ni noche, íbamos solos, pero cada uno llevaba dentro al Maestro.

Desperté, oí:

Al llevar dentro al Maestro, no queríamos la Libertad.

Hacer uso de la Libertad que Él nos daba, era separarnos de Él.

La Libertad te llevaría a sitios donde no amaban a Él.

Él quería ser amado con Libertad.

Y nosotros sólo queríamos amarlo.

Queríamos amarlo y sufríamos por el que no lo amaba.

Si mucho amas, poca Libertad quieres.

El Amor de Dios es cárcel, prisión y libertad de espíritu.


***