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lunes, 14 de diciembre de 2020

Lágrimas encerradas o escondidas

En Sueño Profético decían:

Si quieres vivir cerca del que le manda Dios que publique esta Enseñanza, tienes que tener sufrimientos y superarlos, porque si no los superas, haces la cruz más pesada.

Al que Dios le dice “Ve”, este “Ve” ya le da fuerza, le da palabras, le da inteligencia, le da alegría, le encierra o le esconde lágrimas. En las encerradas sale la fuerza a su cara. En las escondidas es vida disimulada.

Dijo uno:

¡Cuánto aprender se pierde el que no crea las Palabras que Dios dejó dichas!:

“Vendrá mi Espíritu y entrará en una carne, y verán que son mis Palabras, porque las del hombre tienen cambio y no son Eternas. Mis Palabra son de Vida Eterna, y la acción tiene que ir diciendo mi Nombre, que es el Nombre de mi Padre en Mí, Dios, que se hace Cuerpo y Carne para la Salvación del hombre; Dios, que todo es y será Presencia, aunque pusieran muralla delante”.  

Desperté, oí:

Decían en Gloria:

lágrimas encerradas o escondidas.

Las encerradas

son de fuerza al sufrimiento,

y ya le puedes y sigues su Camino.

Las escondidas

son para que otros no sufran,

y ya no agrandas,

lo que haces es achicar el sufrimiento.

Las de alegría

son rebose de venero,

que pueden quitar

la sed al sufrimiento.

Debería el hombre tener siempre,

en la boca o en la memoria,

estas Palabras:

“Y vendrá mi Espíritu”.

Si el cuerpo es movido

por un espíritu que Él manda,

¿cómo no puede cogerlo,

por corto o largo tiempo,

de vivienda?       

Si crees en sus Palabras,

crees en su Existencia.

Y si crees en su Existencia,

inclinas las rodillas

y sus Palabras reverencias.

***

Libro 31 - Te Habla El Profeta - Tomo IV - C4

viernes, 21 de julio de 2017

¡Cuántas lágrimas va a echar el que aquí tiene puesto el desprecio!

En Sueño Profético se oían varias veces estas palabras:

¡Cuántas lágrimas va a echar el que aquí tiene puesto el desprecio! Que no lo tiene puesto por dudas, es que a Dios no quiere verlo con las palabras que el Instrumento diga que le han dicho Aquí en el Cielo.

¡Cuántas lágrimas tienen que echar los que están cerca y los que están lejos, y que supieron que esta Verdad es dichas por Dios Hijo, y que escrita está para que el hombre no tenga sitio para escapar, diciendo: “Aquello, ¿será verdad?!

Leerlo y poner dudas es apartarse de esta Gloria Celestial, sitio del que sale la vida, y cuando llega a la Tierra, ya llega con Libertad para que quiera o no quiera al que la vida le da.

¡Cuántas lágrimas va a echar el que aquí tiene puesto el desprecio!, con la claridad que lleva todo lo dicho en el Cielo.

Dijo uno:

El hombre no quiere a Dios, y cree que esto lo lleva en secreto, y la Sabiduría de Dios lo deja al descubierto.

Desperté, oí:

¡Cuántas lágrimas va a echar el que aquí tiene puesto el desprecio!

¿Quién puede oír presentar unas Palabras que Dios dijo y hoy igual las sigue diciendo?

Igual, la Palabra. El tema, Dios Poderoso no va a copiarlo.

Pero el que cree, aunque no ame, ve Sabiduría igual a la que tenían los Profetas, que Él los mandaba hablar cuando bajó a la Tierra.

Y antes de hacerse Hombre, el Padre los mandaba igual, para que el mundo supiera que Dios bajaría a la Tierra.

Y quedara al descubierto aquel que a Dios no quisiera.


***

Libro 27 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo II - C3

viernes, 12 de mayo de 2017

Sufrimiento grande agota lágrimas

En Sueño Profético hablaban del sufrimiento. Decían que había sufrimientos que si se pagaran con lágrimas, no podrían pagarse, porque faltarían lágrimas, del sufrir que era tan grande. Cuando en el sufrimiento más te acercas a Dios, ya el sufrimiento espera la respuesta de Dios.

Dijo uno:

Cierto que faltan lágrimas cuando llega un sufrimiento, que más quedan dentro que por fuera están viendo. Que son los sufrimientos que no son de cuerpo enfermo, que son los que se esconden por no oír palabras que los agranden. Porque para comprenderlos, primero tienes que amar a Dios y ofrecerte para que te mande en lo que tú puedas hacer para el sufrimiento quitarles, pero se ofrecen más a curar la carne que al sufrir ayudarle.

Desperté, oí:

Sufrimiento grande agota lágrimas,
porque las derramó
cuando no lo vio nadie.

En cambio, en el sufrimiento por el cuerpo,
hay veces que encuentras
quien te acompañe. 

Y ves sacar el pañuelo
cuando el tuyo tú sacaste.

Y cunden el sufrimiento
y se ofrecen a Dios para curarlo.

En cambio,
en los sufrimientos de espíritu,
sólo a Dios puedes llamarlo.

Que si esta llamada
es con espera y Amor,
Él te manda el milagro.

Y ya cunden sufrimiento premiado.


***

Libro 31 - Te Habla el Profeta - Tomo IV - C7

miércoles, 28 de septiembre de 2016

En estas lágrimas le he dicho la verdad del Evangelio

En Sueño Profético vi a una mujer de rodillas y a dos niños a su lado. Con un pañuelo se enjugaba sus lágrimas.

Y dijo uno:

Esta misma estampa la vi yo cuando viví con materia: Yendo un día temprano montado en mi burro, a la orilla del camino vi lo ya dictado. Paré por conmoverme más de los niños que de la madre, que después ella con sollozos me explicaba. Éstas fueron mis primeras palabras:

   –¿Puedo servirle de ayuda sin molestarle? Si no puede decirme de dónde vienen sus lágrimas, no me lo diga. Tan sólo quiero ayudarle.

   –Monte a mis hijos en la bestia con usted, y ya yo le iré contando.

Voy a aquel caserío,
que ya he encontrado trabajo
y me admiten con mis hijos
hasta pasar el verano.
Pero mis lágrimas son
por el que nos ha abandonado:
es el padre de mis hijos
con el que estoy casada.
Pero mi sufrir es
porque él hace vida mala.

En esta noche pasada,
no sé si ha sido sueño
o que estaba desvelada,
he visto un coro de ángeles
que al lado de mis hijos cantaban:

“Vuestro padre ya vendrá,
Dios ve lo que hace la madre”.

Y es que todas las noches,
cuando mis hijos duermen,
en el rezo llamo al padre,
para que por ellos venga
y yo ya viva “pa” cuidarles.

En estas lágrimas le he dicho
la verdad del Evangelio.

Y continuó con sollozos.

Desperté, oí:

Esta mujer te demuestra
lo que es vivir con Dios.

De esta mujer ya vio el hombre,
en la estampa, la oración.

No le dio tiempo a pensar,
como hombre, en el pecado.
No le dio tiempo a pensar,
porque a Dios Lo vio a su lado.

Ella se veía poder
“pa” quitarlo del pecado
y con sus hijos volver.

Con esto, en silencio,
terminaba la oración:

¡Dios mío!, si lo quitas de pecar,
yo se lo doy a mis hijos,
lo que Tú me diste ya.


***

Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo I - C3

domingo, 21 de julio de 2013

La Caridad tiene más valor al espíritu

En Sueño Profético decían:

La Caridad, cuando Dios media, sí es Caridad. ¿Que cuándo media Dios? Cuando tú estés día y noche:

“Señor, a tu servicio estoy. Señor, ni protesto ni me canso. Y la muerte venga a mi cuerpo antes de que a mi pensamiento le llegue este pensar: “¿Por qué, Señor, sufro tanto y otros se van de esta vida sin lágrimas de sufrimiento haber echado, y han tenido de sobra, y a mí siempre me ha faltado?”.

El que tenga este pensar y Caridad quiera ir dando, ¿cómo va a dar Caridad sin comprender aquello que está pasando?

El comprender te lo da ponerte tú en el camino de aquel que el camino está pasando, y pensar cómo pasarías el camino, si aprisa o despacio, con lágrimas o sonrisa, pidiendo cuentas o alabando.

Desperté, oí:

Habla el hombre de la Caridad
y no sabe dónde hay que darla.

Como no lo vea hambriento o descalzo,
no sabe dejarla.

La Caridad tiene más valor al espíritu,
que es eterno y no acaba.

La Caridad al espíritu
te hace que reflexiones
y que pidas el Perdón
por aquel que juzgue al hombre.


***

Libro 19 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo III - Pág. 184-185-186

domingo, 14 de abril de 2013

Lágrimas de Amor

En Sueño Profético vi a un hombre que sus lágrimas se limpiaba. Y dijo uno:

Hay lágrimas de arrepentimiento, de dolor y de alegría. También hay de sentimiento.

Una mujer le contesta:

Todo es lágrimas y llanto.
Pero lágrimas de Amor,
de querer a este Dios tanto,
no se pueden comparar
con lágrimas de otro llanto.

¡Cuántas veces me veían,
estando aún en el convento,
con mi cara entristecida,
con mi llanto y mi contento,
con mis lágrimas que corrían,
pero sin llegar al suelo,
que yo cogía en mis manos
si no daba tiempo al pañuelo!

Estas lágrimas salían,
pero siempre defendiendo
al que me hablaba a mí
para luego yo ir diciendo.

¿Cómo pueden desmentir
lo que en mí ya lo están viendo?,
si la cara tiene cambio
de lo que llevo por dentro,
de Palabras de este Dios,
que no quieren conocerlo,
que dejan para mañana
lo que hoy está diciendo.

Desperté, oí:

Yo estaba siempre dispuesta
a contar lo que sentía.

Yo quería decir a todos
cuándo Dios Aquí me traía.

El hombre me llamó loca,
sin saber lo que decía.
El hombre me llamó loca,
y esto a mi Dios ofendía.

Las lágrimas que tú echas
cuando te tratan de loca,
no son lágrimas de pena,
son lágrimas que te ahogan.

Lágrimas que separan
al hombre de lo Divino,
lágrimas que son culpables
por el que a Dios no ha querido.

Estas lágrimas se pierden
para aquel que amó mucho a Dios,
y estas mismas dan tormento
sin consuelo de este Dios.

Este Dios, cuando te habla,
te habla con tanto Amor,
que sufre cuando te trata
el hombre sin compasión.

¡Ay hombre que Dios quisiera
que conocieras a Él!
¡Ay hombre que Dios te llama
por no dejarte perder!

Si echas lágrimas de Amor,
de querer a este Dios tanto,
no se pueden comparar
con lágrimas de otro llanto.

TERESA DE ÁVILA


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Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pág. 142-143

jueves, 26 de enero de 2012

Estas lágrimas son cirios alumbrando a Dios


En Sueño Profético decían:

¡Qué contento da a esta Gloria el “¡Dios mío!” de un pecador que mucho pecó y ya no peca! Éste, las lágrimas que derrame, son cirios alumbrando a Dios.

Ya sigue hablando Agustín:

Yo, como eché tantas lágrimas,
aunque llanto no me vieran,
cuando alguien habla de pecadores,
sin pedirle a Dios por ellos,
por tenerlos apartados
como cosas sin remedio,
yo tengo que aconsejarles,
y si cogen mi consejo,
seguro que rompen en llanto,
y una vez que al Cielo miren,
ya han despreciado el pecado.

Yo creo que el que no peca,
no se ocupa del que está pecando,
no le hablan de este Dios
que siempre está esperando
el ruego del que no amó,
porque no puedes vivir,
amar y pecar.

El Amor y el pecado
tienen gran separación:
pecado, demonio;
Amor, Dios.

Nunca serán amigos,
los pecadores que están pecando,
de Dios.

Yo, cuando sentí a Dios
contestarme a mis ruegos,
tuve que decir: ¡Dios mío!
yo esto no lo merezco.
Pero antes de la frase
yo pudiera terminar,
me daba miedo y decía:
¿Esto será yo insultar,
tanto como Lo he llamado?

Cogí un papel escrito
que yo tenía guardado
con promesas que me hice
por si fuera perdonado.
Tuve que romper el papel
de ver un cambio tan pobre.
Tuve que sentir vergüenza
si eso creía pagarle.

Desperté, oí:

Siempre me faltan palabras
para hablar bien de este Dios.

¿Cómo dirías lo que sientes
cuando oyes el Perdón?,
que no sabes si es tu mente,
de la gran transformación,
o es momento de la muerte?

Esto lo pueden ver todos
los que pecaron y ya no pequen.

Yo creo que el que no peque,
debía de ir buscando
al que pecado está haciendo,
para que pecado deje.

Pero el que esté pecando,
cuando oiga hablar de Dios,
tiene que dejar pecado.

No puedes oír de Dios decir
que te está esperando,
y tú oír este oír,
y luego hacer pecado.

Cuando sientas a este Dios,
es que has querido buscarlo,
porque Dios contestará
si tú antes Lo has llamado.

Si escribes en papel,
con Amor y haciendo un cambio,
por mucho que tú Le des,
quedarás avergonzado.

AGUSTÍN DE MÓNICA


***

Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 95-96-97