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viernes, 11 de octubre de 2024

Madre de Dios, Virgen y Madre

En Sueño Profético hablaban del sufrimiento y de la alegría, de lo que sufrió la Madre de Dios Virgen, que después de ver al Hijo matado, a pocos vio llorando cuando sus Pies y sus Manos los clavos los traspasaron. Traspasaron una Carne Viva, de la que brotaba Sangre en la Frente por los pinchos que la corona tenía. 

Este sufrir, a la Virgen Madre, lágrimas en su cara ponía.        

Esto, si hacemos un pensar, lo comprendes y no quieres pensarlo, porque entonces sufres más.

Dijo uno:

Igual que fue gran pena lo que Le hicieron, fue gran alegría cuando vieron resucitar su Cuerpo y el sitio vacío quedó. Que muchos fueron a verlo y el que menos creyó vio Poder de Dios.

Muchos Lo vieron cuando pasaron unos días, con su mismo Cuerpo y con su mismo Mando. Y a pesar de los siglos, Lo sigue viendo el que Él le hace Presencia con estas Palabras: “¿Ves mis Manos? ¿Ves mis Pies? ¡Si a Mí no Me pasa nada!”.

Estas Palabras las dice cuando de la Cruz se baja, en un arrobo, donde hace Crucifixión en su Cuerpo como el hombre la hizo, para que el Elegido vea Poder de Dios cuando está clavado en la Cruz.

Desperté, oí:

Nombraban en el arrobo a la Madre de Dios, Virgen y Madre.

Decían que este sufrimiento que a Ella en sus brazos le pusieron, no hay palabras para achicarlo.

Ya, haciendo aquí pensar, achicas tu sufrimiento y a Dios vas a buscar.

Que puede que haga resurrección en lo que tú creías que muerto estaba ya.

¡Son días tristes!

Pon alegría final en las Palabras que oyes en la Gloria Celestial.

***

Libro 41 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo III - C7

miércoles, 30 de octubre de 2019

La madre del pedigüeño

En Sueño Profético decían:

Enseña más el Amor de Dios, el que lo tenga, que los grandes libros hechos por el hombre.

Dijo uno:

El Amor de Dios te da nombre. Yo conocí a una mujer, que tan bien hizo el papel de madre cuando criaba a un niño huérfano, que lo unió a dos varones que ella tenía, y ya decía: “mis tres hijos”.

Este matrimonio practicaba la Enseñanza del Evangelio, sin adornos, pero justa. A este niño lo tenían unos parientes ganando un jornal de pedigüeño. Él entregaba monedas y a cambio recibía palos si no era crecida la cifra. Cantaba un estribillo que éstos mismos le enseñaron:

“No tengo padre ni madre.
Déme algo señorito.
Si una moneda me da,
Dios se lo pague le digo”.

Este canturreo te hacía mirar al Cielo para pedir a Dios por él. Un buen día le dijo este matrimonio:

   –¿Quieres venirte con nosotros como si fuéramos tus padres?, y nuestros hijos te acogerán como a un hermano más pequeño, ya que el chico es mayor que tú. ¿Cuántos años cuentas?

   –Siete.

Se oyeron unas cuantas alegrías de los que a diario le daban la moneda, y el niño se abrazó a sus piernas. Contaba esta mujer, que temblaba el cuerpo del niño al decir estas palabras que todos oían:

   –¡Dios se lo pague! ¡Ya no me voy! ¡Ya tengo madre!

Pues el niño, a todos tenía de su parte. Y fueron a esta familia no cristiana y le expusieron el arrebatarle los derechos de tener al niño, a los que les ganaron el pleito sin haber juez, ni testigos de parte de éstos que no vivían Amor de Dios.

Desperté, oí:
Esta mujer y marido
había días que lloraban
cuando veían al niño,
siempre descalzo,
y el dinero que ganaba
con su inocencia pidiendo.

Cuando ya vivía con ellos,
parecía otro chiquillo.

Ropas nuevas le pusieron,
y sus pies ya iban calzados,
y el canturreo fue silencio.

Esta mujer cogió nombre:
“la madre del pedigüeño”.

La nombraban en muchas casas
y la ponían de ejemplo.

El niño se hizo hombre,
y a sabiendas de que no era madre,
no había dolor mayor,
que oír el referir:

“No hay madre que se iguale
con la que te ha criado a ti”.

Él presentaba tristeza,
y pedía por favor
que, “sus padres”, le dijeran.

El nombre lo da el Amor,
el Amor que a Dios Le tengas.


***

Libro 14 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo II - C2

miércoles, 20 de marzo de 2019

Madre de madres

En Sueño Profético decían:

Lo bueno de Dios tienes que presentarlo, practicarlo y enseñarlo, y ya tú eres de Dios. Si no presentas, ocultas. Si no lo practicas, no te van parando para que de Dios vayas enseñando. Que la acción enseña sin libros ni letras. Lo bueno para Dios es mirar al Cielo y decir: “Señor, Te estoy ofendiendo por no dar ejemplo de lo que soy yo”.

Dijo uno:

Si eres de Dios y quieres servirle, tienes que decirlo sin que te pregunten. Hay cosas en la vida que te hacen cambiar si sólo las miras. Sólo dos palabras voy a dejar escritas, que me está diciendo el Mando de Dios que hoy la repita:

Yo tuve una madre y cuatro hermanos. Mi padre murió cuando yo 8 años no contaba. El chico nació a los cuatro meses de morir mi padre. Cómo nos dejó es mejor callarse. Eran los vecinos los que se encargaban de calmar el hambre. Pues con este cuadro que ya se ha dictado, mi madre a querer a los hijos iba enseñando. Su paciencia y sus caricias enseñaban y daban llanto. Ninguno era travieso, ninguno era malo. Sus abrazos y sus caricias nos llevaban a hacer su mando. A casa de un espartero iba tres días a la semana a trabajar. A los dos más chicos se los llevaba. Los mayores, a los vecinos, le pedíamos mando, y con sus hijos nos sentaban a la mesa.

Desperté, oí:

Esta mujer era de Dios,
y el Dios lo iba presentando.
Se veía que era madre,
un chiquillo de la mano,
y el chico siempre en sus brazos.

No tenías que preguntarle,
porque ella iba vestida
con el traje de su carne.

Había madres
que siempre estaban gritando,
con soberbia y con ira,
a los niños castigando.

Ella, más abrazaba a los suyos
y siempre decía:
“Señor, gracias,
que yo a los míos no los veo malos”.

“Si a los mayores nos dieras,
cuando ofensas Te mandamos,
castigo desde tu Gloria,
a que pocos luego podrías entrarnos”.

“La madre, madre de madres”,
en el pueblo la llamaron.


***

Libro 29 - Dios Manda en Su Gloria que Eneñen - Tomo IV - C4

lunes, 28 de julio de 2014

Ama como el niño que la madre lo amamanta

En Sueño Profético decían:

“Hay mucho escrito de cómo hay que ser para que Dios te elija”.

Dijo uno:

Yo diría que el Amor a Dios, es como el amor del niño a una madre, amor que busca el niño porque en este amor está su vida, y su vida depende de este amor. Ama mucho, y Dios te elegirá. El que mucho ama, conoce a Dios antes que Dios diga: “Yo soy Dios”.

El niño conoce a la madre por muchas madres que hubiera, la razón es el amor que esta madre da al niño, y el niño se entrega haciendo este amor conozca a la madre.

Pues si Dios te da mucho más Amor, entrégate a Dios como niño, y conocerás cuando las Palabras sean de Dios.

Si conoces cómo Ama este Dios, ¿por qué te extraña cómo actúa?

¿Qué importancia le ve el hombre a que Dios se manifieste a uno: Poder Aquí visto tan chico, con el Poder que tiene este Dios, si en todo lo movido ahí en la Tierra, lo pensado y lo oculto, Dios está presente?

Dios está Aquí en su Gloria, y todo lo que hay en la Tierra, por insignificante que sea, está a la vista de Dios, todo está en Dios y Dios está “con” todos, pero no “en” todos. No está en todos, por la vanidad del hombre y por el pecado. Aquí falta Amor. Si hubiera Amor, no había vanidad ni pecado.

Si el hombre pensara lo que es Dios, vería todo fácil.

Decir que es difícil que Dios hable y extrañarse, es como si de un académico dudaras de que supiera las vocales y lo pusieras de inteligentísimo. Pues mucho más asombro da, el hablar del Poder de Dios y extrañarse que hable en cualquiera que dé resonancia a su Voz.

Desperté, oí:

Ama como el niño
que la madre lo amamanta,
y este Amor te hará
que conozcas a tu Dios.

Es tu Dios si tú lo quieres,
porque Él no te dirá
que Lo quieras si no quieres,
aunque es Rey de Eternidad.

No hay quien piense lo que es Dios
y dude que pueda hablar.
Si lo duda ya no piensa
que no se mueve jamás
la pluma de un triste ave,
aunque haya un huracán.

Todo es Voluntad Divina,
Voluntad que no es mandar.

Voluntad, que si mandara,
el mundo no estaba ya,
que tan sólo quedaría
este Mundo Espiritual.

Mundo de Paz y de Gloria,
“pa” el que mucho quiso amar.

Que el que ama se retira
de aquél que pecando está.


***

Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con el Padre Eterno - Tomo II - Pag. 97-98-99

sábado, 30 de julio de 2011

Pídele a la Madre y te dará el Hijo - Libro 1 - Meditaciones y Palabras Directas con el Padre Eterno - Tomo I - Pag. 149-150


En Sueño Profético hablaban de la Grandeza que tengo escrita. Escrita por ella y dictada de Aquí. Decían:

Ese “Te Quiero”, con esa fuerza dicho, “Quiero a Dios Padre, Quiero a Dios Hijo y Quiero a Dios Espíritu Santo por toda la Eternidad”, esta afirmación, “Quiero”, no hay hombre que supere ni que iguale.

Y este “Padre Nuestro que estás en los Cielos, oye mis ruegos”, no hay quien lo achique al “Padre Nuestro”, resumiéndolo y haciéndolo grandioso. Grandioso sólo con decir: “Padre, oye mis ruegos”.

Espíritu entregado a Dios, Amor que es grande, y por ser grande, sobran palabras. Espíritu que Dios arroba, y la Esencia sustituye a las Palabras.

Y esta Salve, que ya está en boca de niños y enfermos, y aquí repito:

A Ti, Primer Sagrario de Dios
y Reina de todas las madres,
ruega por los pecadores.

“Sagrario”: máxima palabra de Amor. Y “Reina de todas las madres”: Reina en la Maternidad: grado máximo que Dios puso a la Madre que a Él amaba. Pues Ésta es Reina de todas. Y “Ruega por los pecadores”: Dios le dio más que a nadie para que Le pidiera, y sus ruegos alcanzarían el Perdón.

Desperté, oí:

Pídele a la Madre y te dará el Hijo.

Alabando a la Madre, te pones en comunicación con el Hijo, que es Dios.

Y si dices, “Quiero a Dios Padre, Quiero a Dios Hijo”, ya estás llamando a la Madre y la Madre al Hijo.

Y ya, “Padre Nuestro que estás en los Cielos, oye mis ruegos”, como final del Mensaje.


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martes, 7 de junio de 2011

Madre del Cielo - Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria Que Enseñen - Tomo I - Pag. 178-179-180


En Sueño Profético decían:

Es pena que el hombre desconozca todo lo que va del espíritu, cuando debía de ser normal el aceptar.

Si hay dos mundos, uno espiritual y otro material, es de una lógica aplastante que un mundo sepa del otro, ya que el Dueño de los dos es Dios.
El hombre acepta el material, y dice que también el espiritual. Pero que no diga nadie: “Yo he visto o veo a Dios, y habla en mí, y me habla para que yo diga lo que Él me dice”. Oír esto es ponerse en contra de este Lugar.

Contaban de una zagala, que yendo a coger leña, cuando ya hacía el haz, se le aparecía una mujer, y con la fuerza que sus ropas llevaban, hacía que la niña se arrodillara y sus manos cruzara, quedando la niña unos minutos oyendo y no pudiendo hablar. Cuando aquello pasaba, cogía la niña su haz de leña y contenta caminaba; llegaba a su casa con la expresión de que una pluma fuera la carga; soltaba la leña, reunía al padre y hermanos, y contaba el caso ocurrido. ¡Buenos palos se llevó del padre y de un hermano mayor que tenía! Un día se fueron detrás de ella, y cuando la vieron de rodillas, quisieron llegar a ella para maltratarla, pero quedaron inmóviles, sin poder mover lengua ni brazos, pero sí oyeron:

Yo le doy calor de madre,
porque soy Madre del Cielo,
y siempre que venga al campo,
se llevará mi consuelo.


Desperté, oí:

La niña llamaba a la madre,
y la Virgen respondía.

La niña llamaba a la madre
porque sabía que vivía.

Ellos no aceptaban nada
que de otro Mundo venía.

La madre, cuando murió,
a la niña le decía:
Me voy para el que no me quiere.
Me quedo para el que me ama.
Siempre que me quieras ver,
di a la Virgen una plegaria.
Esto decía a la niña
cuando a la madre llamaba:
Siempre que me quieras ver,
di a la Virgen una plegaria.

La madre amaba a Dios,
y sólo la niña amaba.
Ella dejó ahí a su niña,
y la Virgen la cuidaba.

Si ellos creen en este Mundo,
la Virgen también les habla.


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domingo, 1 de agosto de 2010

Como niño en los brazos de la madre - Libro 75 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo VIII - Pag. 112-113


En Sueño Profético decían:

Dios necesita al hombre, pero no como el hombre cree que a Dios le hace falta.

Dios necesita al hombre para que el hombre cumpla su Mando, pero no para que Dios esté al mando del hombre.

Dios necesita al hombre para darle, pero no para que el hombre le dé a Dios.

Dios tiene el venero del Amor y el venero de las fuerzas. Pues con Amor a Él, no te faltarán las fuerzas, y vencerás, y nunca serás vencido. Con Amor a Él, todo lo verás sencillo, aunque difícil lo ve el que este Amor no ha sentido.

El Amor a Dios te da una confianza, que te sientes protegido, que el que no ama diría “¿de qué?" y tu explicación sería difícil. Tan difícil como el niño que echa a andar y ve los brazos de la madre. Con qué seguridad echa el paso, pudiendo caer por quedar lejos los brazos. Pero qué salto daría la madre si lo viera tropezar. Seguro que el cuerpo, si caía al suelo, ya los brazos lo estarían esperando. Esta es la confianza que el niño tiene cuando empieza a andar. Pero cómo se le explicaría al que le fuera preguntado: ni se lo explicaría, ni lo entendería el que quisiera escucharlo. Pues más difícil es querer que te comprendan cuando te vean sufrir y tú demuestres las fuerzas que Dios te manda de Aquí.

Desperté, oí:

¡Qué falta le hace al hombre para que viva esa vida que a Dios le pida y lo siga!

Y se sienta como niño en los brazos de la madre.

Que esto es vivir protegido.

El que así no se sienta, todo lo verá muy lejos, muy oscuro, y su falta de paciencia le hará dar caídas, llegando a Dios las ofensas.

Creyendo que, Dios sin él, tiene que parar la carrera.

Esto es lo que piensa el hombre que vive para la Tierra.


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miércoles, 12 de mayo de 2010

La madre a la que Dios concedió el grande Milagro - Libro 82 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo VI - Pag. 162...167


En Sueño Profético decían:

Si a Dios le pides lo que en la Tierra no te dan, pídelo con alegría, y ya se verá que tu creer pide Milagro. Este pedir son pocos los que lo piden así.

Dijo un espíritu de la Gloria:

Yo Le pedía a Dios, con Fe y Esperanza, para que me concediera lo que nadie podía concederme. En la Tierra hay cosas que dan sufrimientos a unos y, con el que tiene la culpa del sufrir, no puedes contar con él, porque él te da a ti el sufrimiento y él se llena los bolsillos de dinero.

Yo tenía tres hijos: Uno con dieciocho años, otro con quince y otro con diez. Mi mujer, madre de mis hijos, enfermó por la vida que llevaban nuestros hijos. Diré el comienzo del sufrimiento:

Había un mesón cerca de mi casa, y los clientes aumentaban porque el dueño contaba con mis hijos para mandarlos a por ellos, que aunque tenían mala fama, se dejaban allí el dinero con sus vicios, y el mesón llenaban.

Yo tenía unos terrenos de una huerta que mis padres me dejaron, junto a la del dueño del mesón y su mujer. Éstos la tenía para traer a ella a los que de otros sitios despedían pos sus vicios. Vicios que hoy son el alimento de muchos en el mundo, con el nombre de droga.

Ya diré cómo su madre –mi mujer- recibió este sufrimiento:

Fue cerrándole la puerta y negándole la comida a nuestros hijos. Yo me ponía por medio y le decía a mi mujer:

-Así harán más pecado para coger dinero para comer, igual que hacen para la droga pagar.

El que tenía diez años era el que a la madre le contaba las noches que yo me pasaba llorando y a él abrazado. Una noche me dijo:

-Padre, yo me voy con madre, me acuesto en la misma habitación y me duermo cuando ella ya se ha dormido. No la quiero dejar sola porque se pone a llorar, y un día dijo: “Yo me mato”. Y cuando la abrazo me dice: “Si estoy contigo no lo hago”.

Yo no podía quedarme por la noche porque en el mesón tenía que estar para llevar el negocio, que era para mantener a los que estoy nombrando. Pues un día mi pedir fue a Dios en una Ermita que había en el pueblo.

Desperté, oí:

A esta Ermita iban pocos, pero yo una noche, antes de ir al mesón, entré y de rodillas me puse delante de Dios, que para mí estaba con Cuerpo por el sentir que sintió el mío.

Me puse las manos en la frente y estas fueron las palabras:

“Señor, yo he sido malo y nunca Te he pedio como ahora Te estoy pidiendo por mis hijos y por mi mujer. El sufrir de los hijos la tienen llorando noche y día, y a mí me dice que Te pida para que Te la lleves antes de que haga el pensar que el espíritu del mal le tiene”.

Allí estuve dos horas pidiendo a Dios, porque su Poder era el único que mi casa podía cambiar. Yo veía que se movía la Imagen, y comprendí que Dios me había concedido mi petición.

Pues cuando salí de la Ermita, me estaban esperando en la puerta mis tres hijos con cara de pena y dijeron:

“Padre, vente con nosotros, que madre te está esperando, llorando y contenta, y que ella te diga el Milagro que Dios le ha mandado”.

Me fui con ellos y cuando llegué a casa me estaba esperando. Su presencia era como conocida por mí, pero no por la alegría que me dio.

Se abrazó a mí llorando y dijo:

“Ya te ha concedido Dios lo que tanto le has pedido por nuestros hijos en la Ermita. Yo pedía ya sin Fe, pero ahora quiero seguir a Dios amando por mis hijos, que ya los tengo a mi lado”.

Dijo el padre estas palabras:

“Si a Dios Le pides con Fe, sin cansarte, Dios te hace Milagros”.

Todo lo de esta familia se cundió en el pueblo, y ya al mesón entraron más, y se fueron a vivir y a trabajar a la huerta de la que el padre era dueño.

Termina el Mensaje diciendo:

El pedir a Dios con gran Fe hace que te conceda Milagros.

Se oía esta voz:

“Soy la madre a la que Dios concedió el grande Milagro”.

Este Mensaje es para ver cómo a la madre los hijos se abrazaron y, llorando, decían palabras de alegría.


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domingo, 4 de abril de 2010

Reina de todas las madres - Libro Recopilación - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Pag. 580-581


En Sueño Profético hablaban de la Madre de Dios, Virgen antes del Nacimiento de Dios y Virgen después de Madre de Dios.

Hablaban de su Pureza, por ser la Palabra de Dios la que se hizo Carne. No creer esto, es no creer en Dios. Dios, con su Poder, coge como Primer Sagrario a un cuerpo Virgen.

El hombre Lo vio nacer, crecer y hacer prodigios, desde Niño. Por donde iba, iba justificando lo que habían anunciado los Profetas con el Mando de Dios Padre.

Dijo uno:

¿Cómo puede el hombre creer en Dios y ofender con sus dudas a la Madre Virgen? Si la Palabra de Dios edifica y tiene Poder para acabar el mundo, que fue hecho por Él, ¿cómo puede el hombre dudar de lo que el hombre no puede hacer ni detener? ¿Cómo el hombre detendría un corrimiento de tierra; un fuerte huracán; y una tormenta, cayendo piedras y agua, sin que se vea la tierra, convirtiendo en ríos las calles y tapando las viviendas?

Desperté, oí:

No tiene justificación
que el hombre que crea en Dios,
no crea en la Madre Virgen.

Si una Palabra de Dios,
hizo el mundo y puede acabarlo,
¿cómo dudar de su Poder
y de sus Milagros?

Si eres madre, pídele a la Virgen,
que de ella, Milagros salen.

Y si no eres madre,
pídele por los pecadores,
con esta corta oración:

"A Ti, Primer Sagrario de Dios
y Reina de todas las madres,
ruega por los pecadores".

La oración y los ruegos
son los que retiran a los espíritus
que no son buenos.


***