miércoles, 30 de noviembre de 2011

Yo quise buscar a Dios, y Dios salió en busca mía - Libro 6 - Dios Manda en su Gloria que Enseñen - Tomo I - Pag. 84-85-86-87


En Sueño Profético decían:

“Yo quise buscar a Dios, y Dios salió en busca mía”.

Un día, cuando el sufrimiento ya no tenía cabida en mí –pues de tres hijos que tenía, el mayor a Dios no amaba; no amaba y a los dos menores, cuando veía que entraban en la Iglesia, los sacaba. Este mayor tenía veinte años y, los otros dos, catorce y trece. El padre murió cuando el pequeño no contaba aún dos años. Yo trabajaba en el campo, y así ganaba para ellos. Pero este hijo mayor me dio muchos sufrimientos. Yo no quería olvidar lo que el padre murió diciendo: “¡Que cuidéis de vuestra madre, que por ella voy al Cielo!”. Y es que siempre estaba en ruego, en su larga enfermedad, para que yo no culpara, a este Dios, de su mal. Mis ruegos, a Dios llegaron, y él me animaba a mí, y él tenía el daño. Cuando le daba el dolor, su rostro no lo decía, para que no sufriera yo. Todo es sufrir de muerte, cuando el sufrir es sufrir, pero ya lo de mi hijo, no era sufrir, era morir–. Una noche, aún no de noche, y cuando a mi casa venía, me emparejé con mi hijo, que contento y apenado venía: “Vengo contento por ti, y apenado por el tiempo que tanto te he hecho sufrir. He visto a Dios en la arboleda, y te lo voy a describir: “Venía yo por la carretera, y de pronto se quitaban los árboles, y en cada árbol quedaba un cirio. Viendo yo la luz arder, quise que tú también la vieras, y prendí este papel. Cual sería mi sorpresa, cuando el papel, quemado no estaba, y la arboleda estaba toda señalada, señalada y un camino que Dios se veía de espaldas.

Desperté, oí:

Madre e hijo besaban,
los dos con gran ansiedad,
el papel, la arboleda,
que esto era a Dios besar.

A Dios vio en la enfermedad,
porque a Dios amaba ya.

Para su hijo a Dios llamó,
y en la arboleda lo vio.

Lo vio y le llevó la prueba,
para que su madre la viera.

Los tres hijos entraban ya,
a la Iglesia, con la madre a rezar.

La madre mandó al padre al Cielo,
y el padre pidió por ellos.


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martes, 29 de noviembre de 2011

El que quiere la besa, y el que quiere la desprecia - Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I


En Sueño Profético hablaban de callar la Palabra de Dios:

Debería el hombre hacer un estudio de cómo es Dios. Debería el hombre estudiar si hay otro Mundo espiritual, y si Allí habita Dios. Una vez hecho este estudio, coger escritos de hombres que vivieron con materia y Dios se comunicó a ellos.

Ya viene la parte honrada si das la contestación. Ésta es pregunta que Dios manda al hombre: ¿Dónde Dios habló y mandó que el Mensaje quedara en silencio?

No hay hombre que presente un escrito
en el que Dios le diga que calle.

Todos fueron maltratados
por los hombres cobardes
que temen oír a Dios.

Al revés que el del Mensaje,
que su actuación es valiente,
como es el Sol y el aire.

Todos tuvieron martirio,
que le dieron los cobardes,
los que sí hablan de Dios,
pero que de Dios nadie hable.

Dijo uno:

Los dos mundos están unidos,
y juntos no los ve nadie,
porque el hombre quiere el mundo,
y tener a Dios aparte.

Los que los dos mundos ven,
son por a Dios mucho amarle,
y Dios ya se comunica
y les manda su Mensaje.

¿Cómo puede el hombre ver,
que esta unión de Dios,
con el hombre sea,
temiéndole Dios al hombre?

La Palabra de Dios dicha Aquí,
tiene que ser para todos los hombres.
El que quiere, la besa;
y el que quiere, la desprecia.

El cobarde insulta al valiente,
y el valiente sigue llevando el Mensaje,
como el sol lleva los rayos,
como la fuerza del aire,
como Dios Dueño de todo,
y consintiendo cobardes.

Desperté, oí:

Que conteste el hombre honrado
a la pregunta de Dios.

Que presente los escritos
del silencio que Aquí se dio.

El hombre no quiere a Dios,
por saber que es Poderoso.

Es ignorancia a sabiendas
que Aquí Dios los juzgará.

Porque ya esta ignorancia
es convertida en maldad.

A todos los que Dios les habló,
el hombre quiso matarlos.

Luego, Dios se hizo Hombre,
y también Lo mata el hombre.

Según teoría del hombre,
debió guardar silencio,
aunque era Dios de Hombre.

Es falta de inteligencia,
dominando la soberbia.

¡Hombres necios de la Tierra,
que sabéis que Dios es Dios,
y le formáis la guerra!


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lunes, 28 de noviembre de 2011

"Los que peor veían, tenían más privilegio" - Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag. 56-57-58


En Sueño Profético hablaban de Dios Hijo, pero no de una misma cosa.

Ya dijo uno:

Somos los Discípulos de Jesús, el Salvador del que quiere ser salvado, y referimos un hecho para que sea ahí contado. Es dicho por sus Discípulos, pero Dios nos está mandando. A uno sólo se oye y a veces alguno afirma el caso. Este que hablaba, se juntaban sus palabras con las que estaba pensando, y siempre era el mismo y ninguno intentaba cortarlo. Éste ya es el referir:

Iba el Maestro a predicar a una casa de gente bien acomodada, porque disponía de unos patios bastantes grandes, que estaban amurallados en forma de palacio, rematando la muralla con unas torretas a las que podía subirse por un torreón con escalera, que aquello lo sabía el dueño, quien sin dar extrañeza guardaba la llave. Se la pidió uno de los criados, y cuando llegó el Maestro, era a todo el rededor del patio, la muralla cubierta de hombres sentados en espera de sus Palabras. Llegó el Maestro, y todos los que estaban sentados en los bancos se pusieron de pie, y los que estaban arriba en el final de la muralla, se pusieron de rodillas. Fue la primera mirada del Maestro al Cielo, y dijo:

“Yo aquí no puedo predicar para enseñar, porque no hay Amor de hermanos. Si todos los que están en la muralla entran en el patio y se reparten el sitio con Amor de padre e hijo, ya quedáis todos igual para mi Padre, pero así quedan ellos más preferidos, y Yo tengo que enseñar al que no sabe. Una vez que aprendáis, ya es cumplir mis Palabras, pero con Libertad. –Y siguió diciendo–: El dueño es el único que es igual para mi Padre, porque ya no puede dar más sitio y da la llave. Pero todos los que estáis sentados, debéis de quitar los bancos y que ellos se bajen, o abrir el portalón, y todos, en el campo, oírme a Mí diciendo: “Éste es el Padre”.

Desperté, oí:

Todos se salieron fuera,
y los de la muralla
bajaron al suelo.

Quedaban los preferidos,
porque quedaban en medio.

En medio del gran Poder,
por el Amor que subieron
al filo del murallón.

Por encima de la cabeza
estaba Dios Padre en ellos.

Y debajo estaba el Hijo,
con su mirada hacia ellos.

Los que peor veían,
tenían más privilegio.

Y Dios tenía que enseñar
para que fueran aprendiendo.

Ya todos, de pie en el campo,
de rodillas comprendieron.

Que la enseñanza sirve
con el ejemplo primero.


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domingo, 27 de noviembre de 2011

Dios de Poder y Paciencia - Libro 7 - Investigaciones a La Verdad - Tomo I - Pag. 12-13-14


En Sueño Profético yo decía: “Éste es Dios”.

Esto lo dije sin verme yo de carne, y un Hombre, delante de mí, me quitaba la Visión para ver otra cosa cualquiera. Este Hombre estaba de espaldas, con una túnica de color entre el blanco y el crudo, y la tela daba sensación de Grandeza, de Poder, de reverenciarla, aunque no hubiera revestido a Dios. Esta Figura se agrandaba tanto, que te daba seguridad de firmeza, seguridad de dueño sin dueño, de dueño que no quiere decir “yo soy el dueño”, de dueño que con suavidad destruye, y que con fuerza perdona.

Todas estas Palabras, Dios hacía que ella sintiera, para que luego las recordara en el momento del Dictado. Dios le hace que participe en esta Inteligencia sin materia, y ya sus Palabras son de Dios a su espíritu.

Dijo uno:

Gran estudio tiene este Dictado, y gran Verdad se ve al leer. No hay hombre que hable de Gloria dando estos datos, si Dios no lo lleva y Dios no le dicta. En este arrobo, Dios diviniza la materia y deja al espíritu sin materia, deja al espíritu limpio para entrar en su Gloria, y Él coge Carne y ropa, para la vista del arrobado. Dios que quita materia para vivir en su Gloria; Dios que se hace Hombre para que el hombre Lo vea.

Desperté, oí:

Dios hace el arrobo
como premio al hombre.

Y el hombre no oye la Voz,
y del arrobado se esconde.

Dios de Poder y Paciencia,
por no agrandar el Infierno.

No merecen que la tierra
les produzca el sustento.

No merecen que la Gloria
esté en ruegos por ellos.

Por ellos, porque son más
los que desprecian el Cielo.

Debía estar llorando
el mundo sin desconsuelo,
de ver cómo ama Dios,
y el hombre darle desprecio.


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sábado, 26 de noviembre de 2011

Con firmeza hablaba - Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pag. 165-166


En Sueño Profético decían:

No hay más verdad que Dios habla, cuando observes que no falta firmeza, constancia y decisión. Todos pecaron, según el que no ama, por falta de obediencia. Todos se enfrentaron con el que no quería que fuera verdad, con el que quería él ser el Elegido, con el que nunca Dios le hubiera hablado. Dios no puede hablarle al que Le exige, al que Le manda, al que cree y no ama, al que no vive en el Prójimo, al que persigue su Palabra.

Dijo uno:

En esto se ven los Elegidos por Dios: en que el hombre no los aparta de su camino.

Yo vi varias veces hablar a Catalina de Siena, y no hay quien hable con esa autoridad de La Gloria de Dios, si no es el mismo Dios hablando. Llegó hasta decir palabras que no veías mujer, veías a un hombre fuerte que dicta a un pueblo honrado, que da palabras seguras, pero que si el pueblo no acepta, él se lleva sus palabras, pero sin cambiarles letra, seguro de lo que habla. Ésta era Catalina de Siena, porque Dios en ella hablaba. Cuando tenía que rectificar porque el hombre lo mandaba, antes de rectificar, más fuerza Dios le mandaba, y quedaban sus palabras como quedan las murallas, aún más fuertes quedaban. En esto se ve verdad, a todo aquél que Dios le habla.

Desperté, oí:

No es sólo Catalina
la que con firmeza hablaba.

Ésta que yo cito Aquí,
fue que yo oí su habla.

Si repasan sus Escritos,
los mismos que ella dejara,
verán que no era ella,
por afirmar las palabras.

Ya se podía enfrentar
con hombres de resonancia,
pero lo que decía su boca,
que Dios Palabras le daba,
ella no cambiaba una
sin quedar desmoralizada.

Esta es la observación
que admite el que Dios le habla.

CATALINA DE SIENA


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viernes, 25 de noviembre de 2011

Gran Confianza - Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo II - Pag.


En Sueño Profético hablaban de la Confianza en Dios. Decían:

El Amor te da la Confianza. Mucho amar a Dios: mucha Confianza en Dios. Si tú Lo amas como Dios, Él hará que tú confíes en Él.

¿Cómo dejar el dueño del horno al hijo sin pan, cuando este hijo al padre quiera, no por padre y sí por amor? Siempre este hijo estará en comunicación con este padre, que dio amor y él albergó.

Dios da Amor, y si tú lo albergas, ya tienes la Confianza.

Dios no deja a los suyos, busca al que no Lo conoce, y no obliga al que no Lo quiere.

El Amor a Dios hace que te despreocupes de la preocupación que a la mayoría tiene preocupados.

El hombre no se ocupa de amar, por falta que este Amor le haga. Y Dios no deja al hombre, por ver si el hombre ama.

A Dios siempre se Le ve “El Dios”, el Dios que el hombre no ama.

Desperté, oí:

Cuando Dios no hace de Dios,
es cuando el hombre Lo llama,
Lo llama para ofenderlo,
y Dios entonces lo aparta.

Si Dios hiciera de Dios,
el mundo entero lloraba,
cuando viera que este Dios
con pena los castigaba.

La Confianza en Dios,
nadie te la puede dar,
tan sólo la da el Amor,
cuando es Amor de verdad.

Todo el que dice, ¡Dios mío,
espero Misericordia!,
antes de decir ¡Dios mío!,
ya tiene sitio en la Gloria.

Ama a Dios sin descansar,
que esto ya es confiar.

Gran Confianza tendrás
cuando ames de verdad.


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jueves, 24 de noviembre de 2011

Practica el Primer Mandamiento - Libro 4 - Te Habla El Profeta - Tomo I - Pag. 181-182-183


En Sueño Profético decían:

Hay quien ama tan poco a Dios, que peca viendo hacer el bien.

Hay quien entiende tan poco de cómo es Dios, que dice que Lo ama y desprecia lo que Él manda que haga.

Dijo uno:

Si se fuera haciendo un examen del que cumple los Mandamientos que Dios mandó, pocos “síes” se pondrían, si este examen lo hiciera Dios.

El Amor a Dios, el que verdaderamente Lo ama, con facilidad lo ejerce.

El que vive sus Mandamientos no puede ver mal hecho nada de lo que haga el que ama.

El que el bien lo vea mal, él no hace el bien.

El que no reverencie el Lugar que Dios habita, todas sus reverencias serán falsas.

No hay Lugar que Dios habite que, sin ver su Imagen, no veas su actuación.

Si Dios visita un Lugar, si tú amas, ves su Vivienda.

Dios no consentiría que un Lugar dijera: “He visto la Gloria” –siendo para enseñar–, sin ser arrobado, porque nunca sería la Enseñanza con Verdad de esta Gloria.

Dios, a su Vivienda, le pone el rótulo de la Acción Divina y la sella con su Constancia Eterna.

Todo el que a Dios ame, conocerá su Vivienda.

Desperté, oí:

¡Cómo te empieza el Mensaje, con el que ama, y no ama!

¡Qué cierto que pocos cumplen los Mandamientos de Dios!

Y también es cierto esto: el coraje que le toma el que no ama, al Instrumento.

Todo es falta de amar,
y viven sin conocerlo.

Todo es falta de hacer
lo que a éste le están viendo.

Todo es por desconocer
lo del Primer Mandamiento.

No peques viendo hacer bien,
que puedes ir al Infierno.

Si de los Diez Mandamientos,
no practicas el Primero,
¿cómo te van a creer
cuando digas: “Yo soy bueno”?

Practica el número uno,
y entonces pones el cero.


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